martes, 3 de septiembre de 2013

Los ‘segundones’, a sacar brillo a la Corona de Europa

El EuroBasket de Eslovenia decidirá, como ocurre cada dos años, cual es la cantera europea de jugadores de baloncesto más en forma del momento. Sin embargo, las lesiones, la veteranía y los contratos NBA, entre otros motivos, han hecho que esta sea una de las ediciones del campeonato de selecciones con mayor número de bajas de renombre. De este modo, muchos de los equipos han tenido que rehacer sus esquemas, replantear sus expectativas y dar una vuelta de tuerca a su libro de jugadas, ya que, en muchos casos, serán los ‘segundones’, jugadores que otrora ocuparan un rol menos protagonista o jóvenes talentos en busca de su confirmación, quienes tendrán que tomar las riendas de sus equipos y reivindicar el brillo de la Corona de Europa, empañado sobre el papel por la cantidad y la entidad de las ausencias anunciadas.

Antes de que se lance el balón al aire, y a pesar de que las selecciones más potentes son las que más bajas de renombre presentan, apenas un pequeño grupo de equipos parece lo suficientemente fuerte, ya sea por juego, plantilla o dinámica en los últimos campeonatos, como para luchar por las medallas. España, como defensora del título y a pesar de que los MVP de los pasados EuroBasket, Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, no sean de la partida, y Francia, uno de los equipos más físicos y finalista hace dos años, son los que parten con más posibilidades, aunque la habitual competitividad de las escuadras griega y lituana puede acercar el oro a estos lugares. Además, Eslovenia puede intentar estrenarse en el medallero de la competición aprovechando su condición de anfitrión, mientras que Croacia parece estar lista para poner fin a su continua reconstrucción y a la sequía de perseas que dura ya desde 1995. La siempre competitiva Grecia también llega dispuesta a plantar batalla con un equipo que incluye a varios de los dominadores de las dos últimas ediciones de la Euroliga y una plantilla de jugadores batalladores y con oficio.

Los equipos. Grupo A
Francia se presenta en esta ocasión con un equipo algo mermado en lo que a su juego interior se refiere, aunque no parece que las piezas de recambio vayan a reducir mucho la capacidad atlética y las posibilidades de juego rápido y con alternativas en el ataque. Sin Joakim Noah, Kevin Seraphin, Ali Traoré, Ronnie Turiaf y Ian Mahinmi, la pintura será organizada por el capitán, Boris Diaw, que será el encargado de moldear a los ‘nuevos’ (Alex Ajinça, Joffrey Lauvergne y Johan Petro) para que puedan desempeñar las funciones de los que ahora faltan. Los líderes sobre la pista estarán, sin embargo, fuera de la línea de tres puntos, con Tony Parker como catalizador principal del juego, Mickael Gelabale y Nicolas Batum aprovechando su superioridad física en ambos lados de la cancha y Nando de Colo como referencia indiscutible de una segunda unidad francesa, que contará con la dirección de Thomas Heurtel y el músculo de Florent Pietrus y de Charles Kahudi.

El caso de las bajas se ceba especialmente con el equipo de Gran Bretaña, ya que gran parte de sus posibilidades de mejorar en algo su anterior participación pasaban por la presencia de Luol Deng y de un juego interior nada desdeñable con jugadores como Joel Freeland, Pops Mensah-Bonsu y, en menor medida, el retirado Robert Archibald y el lesionado Daniel Clark. Devon Van Oostrum y Kieron Achara tratarán de echarse a la espalda un equipo que, a priori, no cuenta con los mimbres necesarios para competir en condiciones.

Tal y como ocurre en el caso británico, las exiguas posibilidades de llegar a algo de una selección de Alemania cada vez más mermada pasaban por la participación de sus jugadores NBA. Pero sin Dirk Nowitzki ni Chris Kaman y una plantilla cada vez más renovada debido a la retirada de algunos viejos rockeros que protagonizaron los buenos resultados de la década anterior, los germanos no han de hacerse muchas ilusiones. Se trata de un equipo joven y muy voluntarioso, pero al que le falta algo de velocidad a la hora de ejecutar los sistemas y algunas de esas pillerías que te dan los años. Heiko Schaffartzik, seguramente desplazado a la posición de escolta para aprovechar su capacidad anotadora, y Tibor Pleiss en la pintura serán las dos referencias de un equipo que puede dar alguna alegría a su país en los próximos años (y una muy grande si la cantera teutona alumbrara un nuevo Nowitzki).

Tanto Ucrania como Bélgica pueden conformarse con el premio de estar incluidas en el torneo final del Eurobasket, aunque el nivel de clase media-baja del grupo puede hacer que se cuelen en la segunda ronda. Los bálticos se presentan con la intención de correr o, al menos, jugar lo más rápido posible. Para ello, cuenta con el nacionalizado Pooh Jeter, que dirigirá el juego de los ucranianos, y el tirador impenitente Sergii Gladyr, máximo anotador del equipo, aunque adolece de bajas en un juego interior que, ya de por sí, no era demasiado impresionante. Los belgas, por su parte, dejarán el juego en manos de Axel Hervelle, Maxime De Zeeuw y Sam Van Rossom, aportando pocas alternativas más, aunque puede que suficiente para asustar a alguno de los equipos del grupo.

Israel es la principal incógnita del grupo. Por nombres, esta plantilla no debería tener ningún problema para pasar la primera ronda y, una vez en el segundo grupo, empezar a soñar con meterse en las eliminatorias. Sin embargo, la endeblez de su juego, una cierta improvisación en sus formas y un juego interior bastante corto pueden hacer florecer las dudas, sobre todo si aparece alguna derrota inesperada. Omar Casspi está llamado a ser la referencia en un equipo en el que Yogev Ohayon dirige, el nacionalizado Alex Tyus guarda la pintura, Guy Pnini tira y Lior Eliyahu se reserva los momentos de inspiración.

Grupo B
Lituania y Serbia son las dos selecciones que deberían dominar este grupo, si bien cada una de ellas se encuentra en un momento distinto. Los bálticos presentan a sus estrellas con cartel NBA y generosas en centímetros, Linas Kleiza, Donatas Montejunas y Jonas Valanciunas, como principales baluartes, junto a un equipo en el que hay unas cuantas caras nuevas, algunas piezas talentosas con experiencia y peso en la selección, como Mantas Kalnietis y Martynas Pocius, y un frontcourt curtido en mil batallas, con los hermanos Lavrinovic y Robertas Javtokas. Puede echarse de menos ese liderazgo, más ‘mediterráneo’ que báltico, de Sarunas Jasikevicius, sobre todo en momentos de cierto atasco, así como la veteranía de otros habituales, aunque nadie puede dudar de la competitividad y la tradición baloncestística de Lituania, siempre seria y aspirante a todo.

El caso de los balcánicos es distinto. El seleccionador Dusan Ivkovic ha iniciado el enésimo relevo generacional de Serbia. Nenad Krstic es el jugador con más galones y gran parte del juego orbitará a su alrededor, mientras que Stefan Markovic y Nemanja Bjelica tendrán que dar un paso al frente dentro de la comandancia de la selección. Y es que, con una convocatoria de jugadores de entre 19 y 22 años, las bajas repentinas de Vladimir Lucic y Milos Teodosic parecen un poco más graves. A pesar de que el potencial de la selección parece reducirse si se compara con las plantillas de otros campeonatos, que contaban con piezas muy versátiles como Marko Keselj, Novica Velickovic o Dusko Savanovic, no hay que dudar de la capacidad de motivación y dirección de Ivkovic, de la experiencia de los tres ‘viejos’ de esta selección y del inagotable talento y los extraordinarios resultados del método de trabajo de la cantera balcánica. Ya en 2009, con un equipo formado por jugadores casi imberbes, se plantaron en la final y derrotaron a la futura campeona, España, en el primer partido.

La tercera plaza del grupo se disputará principalmente entre las otras tres selecciones balcánicas del grupo. Así, Macedonia intentará volver a sorprender con el juego aguerrido y los arranques de talento de Bo McCalebb que le llevaron a las semifinales en 2011. La estructura del equipo sigue siendo la misma, con Pero Antic como segundo espada, y su carácter al saltar a la pista también, aunque puede que el factor sorpresa de hace dos años ya no les valga. Por su parte, Montenegro tendrá que hacer fuerte su juego interior, su principal baza a pesar de la baja de Nikola Pekovic, e intentar minimizar las carencias en el perímetro. Bosnia Herzegovina parece el rival más débil del grupo balcánico, aunque una buena racha de Mirza Teletovic, máximo anotador del equipo, o el esperado salto de calidad de Nihad Djedovic podrían dar alguna que otra sorpresa a sus contendientes, todo ello al ritmo que marque el base nacionalizado Zach Wright.

El último contendiente en este grupo es Letonia, que seguramente sea uno de los sacrificados en la primera fase. Sin Andris Biedrins, jugador en franca decadencia en su carrera NBA, el juego letón resulta un tanto previsible, siempre buscando a Kaspars Berzins en el interior o a Janis Blums en el exterior. La sorpresa puede llegar de la mano de Janis Strelnieks, un base joven que ganará protagonismo en la rotación y que puede intentar imprimir algo de frescura al juego de su selección.

Grupo C
Se prevé que España sea el dominador de este grupo. Sin Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, líderes sobre la pista de este equipo, le toca a sus sustitutos naturales dar un paso adelante. Marc Gasol ya lo está haciendo, a pesar de que su juego no es tan efectivo en ataque como el de su hermano, aunque sí más dado a la ayuda a los compañeros en ambos lados de la pista. Rudy Fernández, por su parte, no termina de ser el jugador total al que se lleva esperando casi un lustro, aunque sin duda cumple con buena actitud defensiva y rachas irregulares de acierto anotador, quizás el mayor de los problemas que puede presentar la selección. Y es que, salvo por la sobriedad de José Manuel Calderón, el ordenado caos de Sergio Rodríguez, en ocasiones malinterpretado por sus compañeros, y las aportaciones ocasionales de Álex Mumbrú y Fernando San Emeterio, el juego de España en ocasiones parece abocado a las ráfagas de inspiración de los jugadores. Ricky Rubio puede parecer el mejor base del mundo o un aprendiz con apenas unos segundos de diferencia, Sergi Llull rema muy bien a favor de corriente pero le falta cierto carácter para echarse el equipo a las espaldas en momentos malos, Germán Gabriel necesita más minutos de los que va a disponer para ofrecer lo mejor de su juego y Víctor Claver sigue haciendo esperar su mejor versión, esa que se deduce de sus inmejorables condiciones para este deporte pero que, quizás por falta de sangre competitiva, nunca se ha llegado a ver.

Croacia y Eslovenia se encuentran en un punto de inflexión importante. Por un lado, los dálmatas parecen presentar un equipo sin demasiadas fisuras por primera vez desde los tiempos gloriosos de Petrovic, Kukoc y Radja, aunque evidentemente este nivel es difícil de alcanzar. En esta ocasión, el referente interior es Ante Tomic, muy mejorado después de su primera temporada en Barcelona, mientras que la amenaza exterior pasa por Roko Leni Ukic, todo ello con la inestimable ayuda de Bojan Bogdanovic, que puede ejercer como jugador total desde la posición de alero. Además, la rotación no se antoja precisamente corta, por lo que jugadores como Luka Zoric, Luksa Andric y Damir Markota en la pintura y Dontaye Draper y Krunoslav Simon en el perímetro van a ser de gran ayuda en el conjunto de Jasmin Repesa.

Eslovenia, por su parte, está viendo como una de sus generaciones de más calidad va envejeciendo. Beno Udrih renuncia a la selección, como suele ser habitual, pero Maljkovic no podía contar a priori con la baja de Erazem Lorbek, una de las referencias dentro del vestuario y encima del parqué. De este modo, Goran Dragic marcará el estado de salud del juego esloveno, siempre apoyado por jugadores con oficio, como Jaka Lakovic y Uros Slokar, y el genio y la polivalencia de Bostjan Nachbar. En la pintura, un importante termómetro de hasta donde puede llegar Eslovenia en las eliminatorias está en las actuaciones de Mirza Begic, que debe demostrar que está a la altura del contrato que acaba de firmar.

El grupo se completa con una República Checa aún inmersa en un relevo generacional entre los veteranos Jiri Welsch y Lubos Barton, que han mutado su papel en el equipo con el paso de los años, y los jóvenes Tomas Satoransky y Jan Vesely, la estrela absoluta de este combinado; una Polonia que intentará imponer los centímetros y la fuerza de jugadores como Maciej Lampe, Marcin Gortat y Michal Ignerski y saber usar con moderación los arrebatos anotadores del nacionalizado Thomas Kelati, y una Georgia que cuenta con jugadores desequilibrantes, como Manuchar Markoishvili y Ricky Hickman, y con oficio, como Victor Sanikidze y Giorgi Shermadini.

Grupo D
El último grupo es el de las incógnitas. Quitando a las dos selecciones nórdicas, Finlandia y Suecia, los otros cuatro equipos tienen posibilidades de hacerse un hueco en la segunda ronda e, incluso, en las eliminatorias, aunque deberán sobreponerse a diferentes problemas, desde las bajas que afectan a la gran mayoría de selecciones a periodios históricos difíciles en sus federaciones.

Parece que Grecia parte con cierta ventaja en este grupo. Hace ya varios campeonatos que no pueden contar con dos de las joyas más brillantes de su última generación dorada, Theo Papaloukas y Dimitris Diamantidis, por lo que se han habituado sobradamente a jugar sin ellos. El mariscal de campo es, sin duda, Vassilis Spanoulis, que se verá rodeado de un buen grupo de jugadores cumplidores y experimentados. Ioannis Boroussis será el referente en la pintura, donde también se darán cita Kaimakoglou, Mavrokefalidis, Printezis y Fotsis, mientras que por fuera estarán Michael Bramos como tirador especialista y Kostas Papanikolau y Stratos Perperoglou poniendo intensidad a ambos lados de la pista. Su principal defecto puede ser una cierta improvisación en algunos momentos del partido, mientras que uno de sus puntos fuertes será su competitividad sin límites, que hace que nunca dejen de agarrarse a la pista.

Turquía y Rusia parecen claros candidatos a pasar a la segunda ronda, aunque afrontan situaciones comprometidas. En el casi de los otomanos, el segundo puesto en el MundoBasket de 2010 queda ya lejano y, a pesar de poder contar con sus principales estrellas, no parece un equipo tan temible como en anteriores ocasiones, sobre todo al haber perdido algunas piezas de cierto valor en los puestos de base y escolta. Ersan Ilyasova deberá dar un paso al frente, ya que Hedo Turkoglu ya no está para liderar el ataque durante todo el partido. Su sucesor natural, Emir Preldzic, también deberá dar un golpe sobre la mesa. Por dentro, centímetros y mala lecha hay de sobra, con jugadores como Omer Asik, Semih Erden, Oguz Savas y Kerem Gonlum.

La situación de Rusia parece aún mas complicada por la dimensión de sus bajas, sobre todo en la pintura (Kirilenko, Khryapa, Mozgof, Kaun), y por el rocambolesco caso vivido pro su federación y su cuerpo técnico, con la dimisión prácticamente obligada de Fotis Katsikaris a apenas unos días de la concentración. Sea como fuera, el equipo cuenta con algunos de los jugadores que fueron importantes para la consecución de la medalla de bronce en los JJ.OO. de Londres, tales como el talentoso base Alexey Shved, el tirador impenitente Vitali Fridzon o la polivalente figura de Sergey Monya. Las ausencias hacen un poco más complicada la alineación interior, para la que se ha recuperado a un viejo rockero, Alexey Savrasenko.

De este río revuelto puede beneficiarse Italia. Su momento no es el mejor, con dos de sus principales estrellas, Andrea Bargnani y Danilo Gallinari, en el dique seco por lesión y a la espera de la llegada de la prometedora generación de Amadeo Della Valle, campeona del Europeo Sub20 de este mismo año. De este modo, Marco Bellinelli queda como único capitán del barco, y no lo tendrá fácil en un equipo que también acusará algunas bajas no NBA. Para ayudarle, el base nacionalizado Travis Diener, el alero Luigi Datome y, por dentro, Marco Cusin.

Completan el grupo las dos selecciones nórdicas, que pocas opciones tienen de pasar a la siguiente ronda, salvo que consigan dar alguna sorpresa a estos equipos en dificultades. Suecia parte con Jonas Jerebko como estrella indiscutible, aunque tendrá que dejar algo de brillo para el joven alero Jeffery Taylor. Finlandia, por su parte, confiará en la creatividad en ataque de Peteri Koponen, que estará bien secundado en la dirección por Teemu Rannikko. Por dentro, gran parte de los minutos y de los balones serán para el nacionalizado Gerld Lee, que tendrá la ayuda del veteranísimo Hanno Möttölä.

Enlaces de interés:
Toda la información oficial del torneo, en la página www.eurobasket2013.org

lunes, 15 de julio de 2013

El equipo que pudo reinar

En ocasiones, un club consigue juntar una buena generación de jugadores que, gracias a su calidad y a una buena química de equipo, consiguen llevar su juego a altas cotas. Lo habitual es que, cuando se dan estas condiciones, el equipo resulte campeón, siempre y cuando no coincida con otras plantillas que también vivan días de vino y rosas. Philadelphia 76ers, una de las franquicias históricas fundadoras de la NBA, entonces como Syracuse Nationals, consiguió reunir una buena cantidad de talento en su plantilla a finales de los 70 y principios de los 80, si bien tuvo la mala suerte de chocarse con el muro de dos de las más grandes dinastías de la Liga, Boston Celtics y Los Angeles Lakers.

Sin embargo, los Sixers sí que consiguieron hacerse un hueco en una década totalmente dominada por el espectáculo púrpura y oro y el orgullo verde, una temporada de ensueño en la que los de Philadelphia firmaron el mejor récord de su historia y realizaron unos PlayOffs casi perfectos, con 12 victorias en 13 partidos.

Un poco de historia
Leventar el título de campeón no era nuevo para los 76ers. En 1967, con Wilt Chamberlain, Hal Greer y Billy Cunningham como principales baluartes, la franquicia se alzó con el anillo, si bien la alegría no duró mucho ya que, con el paso de un par de temporadas, el equipo se desmoronó como la marcha de The Stilt a Los Angeles Lakers y la progresiva retirada del resto de la plantilla campeona. La opción de iniciar una dinastía se desmoronaba. Tanto es así que los resultados empeoraron tanto como para que, en apenas un lustro después de su mayor éxito, en la temporada 72/73, los de Philadelphia firmaran el peor registro de la historia de la NBA, con únicamente 9 victorias.

Sin embargo, esta travesía por el desierto se iba a ver solventada pronto gracias a la fusión de la liga ABA, competidora en espectacularidad y, en menor medida, audiencias, y la NBA, lo que supuso una inyección de talento a través de las nuevas estrellas que llegaban y, en el caso de los 76ers, uno de los fichajes más importantes de su historia. New York Nets debía hacer frente a una importante indemnización a sus vecinos Knicks por inmiscuirse en su territorio si querían formar parte de la NBA, y la única manera de hacer frente a esta penalización de la Liga fue deshacerse de algunos de sus mejores jugadores, entre ellos Julius Erving, líder del equipo en sus dos campeonatos ABA.

La llegada de Dr. J, así como la incorporación de jugadores de cierta valía como Darryl Dawkins, World B. Free o George McGinnis y la contratación para el banquillo de la pasada leyenda del equipo de Philadelphia Billy Cunningham, tuvo un efecto inmediato, encadenando una serie de temporadas victoriosas en las que los de Philadelphia pelearon por los puestos de priviliegio de la competición. En el primer año de Erving en los Sixers, el equipo alcanzó las Finales de la NBA, perdiendo ante los Portland Trail Blazers de Bill Walton, mientras que un año después, el tope fueron las Finales de la Conferencia Este, donde se toparon con los Washington Bullets que, a la postre, fueron campeones. Dos nuevas clasificaciones para disputar las series definitivas por el anillo en 1980 y 1982, en ambas ocasiones sucumbiendo ante los Lakers, y otra eliminación ante los futuros campeones, Boston Celtics, en la última ronda del Este en 1981 completaron un periodo en la clase alta de la Liga, aunque en el que siempre se cruzaba un rival que terminaba echando por tierra las aspiraciones de terminar la temporada en lo más alto.

La temporada de ensueño
 Parecía que faltaba algo, un jugador que completara las capacidades de Dr. J, un golpe de efecto. Y llegó en forma de rocoso y corpulento pívot de 2,08 trasladado desde la calurosa ciudad de Houston. Moses Malones se reveló como la pieza que faltaba en un engranaje que se había ido conformado con la adquisición a lo largo de los exitosos años anteriores de diferentes piezas. Un base eléctrico y gustoso del juego de ataque como Maurice Cheeks, un par de escoltas con buena mano y capacidad para generarse sus propios tiros como Andrew Toney y Clint Richardson, un férreo defensor con gran capacidad de rebote como Bobby Jones y algunos ayudantes en la sombra para el trabajo en la zona que respondían al nombre de Marc Iavaroni, Earl Cureton, Reggie Johnson, Clemon Johnson o Mark McNamara, algunos con un papel tan testimonial que fueron traspasados durante la temporada.

Con la inercia ganadora de los años anteriores, la buena química en el vestuario y la titánica presencia de Mo en el centro de la zona, los Sixers se las ingeniaron para lograr 65 victorias, la segunda mejor marca de la franquicia en toda su historia y uno de los mejores registros de la NBA desde su creación. El que fuera líder indiscutible del equipo no había puesto problemas por compartir los focos con el recién llegado pívot, que redobló su ya imponente juego en los Rockets para terminar la temporada como MVP de la Liga con 24,5 puntos y 15,3 puntos por noche, si bien Julius Erving contribuyó sin esfuerzo a la buena marcha del equipo con 21,4 puntos, 6,8 rebotes y 3,7 asistencia por partido. Little Mo, por su parte, dirigió al equipo promediando 12,5 puntos y 6,9 asistencias, mientras que Toney elevó sus prestaciones hasta los 19,7 puntos.

Sin embargo, esta buena marcha durante la Liga regular no daba confianza a los jugadores de Cunningham, que llevaban varias temporadas superando el 70 por ciento de victorias durante la temporada para después estrellarse contra algún equipo más fuerte o más preparado mentalmente para la victoria final. Fue precisamente el último en llegar, Mo Malone, quien dio un espaldarazo a las expectativas de sus compañeros cuando, al ser preguntado por la marcha de los PlayOffs, solamente respondió “fo’, fo’, fo’”, una abreviatura de “four, four, four (cuatro, cuatro, cuatro)” causada por su cerrado acento virginiano. La bravuconada estuvo muy bien como motivación, pero llegaba el momento de cumplir en el campo con semejante afrenta a los rivales.

Los primeros en caer fueron los New York Knicks de Hubbie Brown y Bernard King, que sucumbieron en cuatro partidos al juego de ataque de los Sixers sin encontrar respuesta en ningún momento al reparto de competencias de Erving, Malone, Toney y Cheeks. La Final de Conferencia sería contra unos sorprendentes Milwaukee Bucks que habían conseguido ‘barrer’ a Boston Celtics y que estaban liderados por Bob Lanier y Sidney Moncrief. El rival menos esperado fue, a la postre, el que más problemas dio a los Sixers en su exitoso camino de toda una temporada, y el que hizo que la predicción de Mo Malone no pudiera cumplirse. Los de Wisconsin se las ingeniaron para ganar uno de los partidos de la serie y, de esta forma, poner el único punto negro en un inmaculado paso de los Sixers por la post-temporada.

Una nueva presencia en las Finales, y nuevamente contra Los Angeles Lakers, verdugos en dos ocasiones de las aspiraciones de los de Pennsylvania. Sin embargo, los californianos no habían tenido un camino tan sencillo, a pesar de haberse clasificado como mejor equipo del Oeste y seguir contando con Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar como líderes sobre la pista En las semifinales de Conferencia, los Portland Trail Blazers no dejaron que los Lakers, sin James Worthy ni Bob McAdoo, cogieran grandes ventajas e, incluso, llegaron a rascar una victoria a mitad de la serie. Las Finales del Oeste serían contra uno de los equipos llegados de la ABA, San Antonio Spurs, que se mostraron también bastante batalladores, alargando la eliminatoria hasta el sexto partido y perdiendo la posibilidad de luchar hasta el final por la clasificación para la ronda definitiva en el último segundo, tras un fallo en el tiro del pívot Artis Gilmore, haciendo bueno el 101-100 para los de púrpura y oro.

Esta vez no se podía fallar. El Dr. J había probado las mieles del éxito en dos ocasiones en la ABA y no podía conformarse con la decepción de repetir una y otra vez presencia en las Finales de la Liga sin acercarse siquiera al anillo.

Y así fue. La presencia de Mo Malone en el centro de la zona fue incluso más gigantesca que durante la temporada regular, con continuos dobles-dobles en puntos y rebotes y una superioridad aplastante sobre los interiores de los Lakers. Nuevamente, la eliminatoria se solucionó en cuatro partidos, sin opciones para los angelinos que, aunque no permitieron grandes ventajas en el marcador, no pudieron con el juego agresivo y las múltiples opciones de ataque de los Sixers, ni mucho menos con los inigualables registros de Big Mo (27+18 en el primer partido, 24+12 en el segundo, 28+19 en el tercero y 24+23 en el cuarto), número más que suficientes para sder designado MVP de las Finales.

Ese destello dorado fue el último para los Sixers, que firmarían una decepcionante campaña al año siguiente, eliminados en primera ronda de los PlayOffs por New Jersey Nets, y vieron cómo, poco a poco, el equipo campeón iba desmoronándose, con la retirada de Julius Erving y la marcha de Moses Malone en un deambular de ocho años por diferentes equipos hasta su jubilación en 1995. El futuro tenía nombre y apellidos, Charles Barkley. El recuerdo de tan buenos momentos fue conformándose con el paso de los años, principalmente con la retirada de los números de Erving (6), Mo Cheeks (10) y Bobby Jones (24), así como la recomendada inutilización del 2 de Mo Malone, que nadie ha vestido en Philadelphia desde entonces, aunque no ha sido oficialmente retirado.

Material adicional
Documental "That championship feeling"

lunes, 13 de mayo de 2013

La competitividad del campeón

La Final Four de la Euroliga demostró, una vez más, que lo ético está por encima de lo estético. Olympiacos ha vuelto a alzarse con el máximo título continental y lo ha hecho basando sus victorias en una concepción de equipo más allá de las estrellas y en un trabajo incansable en ambos lados de la cancha, sabiendo que lo más importante de este juego es el balón naranja. La competitividad y la solidaridad son las bases de un equipo que, no exento de talento baloncestístico, suplen la falta de brillo anotador con fundamentos y virtudes que también suman. De hecho, suman tanto que ya van dos cetros continentales consecutivos.

Para llevarse la tercera Euroliga de su historia, los del Pireo tuvieron que enfrentarse a dos partidos muy diferentes. En el primero de ellos, una reedición de la final del año anterior ante el CSKA de Moscú, principal favorito, el equipo salió con un plan de partido más que claro. El objetivo era maniatar el juego ofensivo de los estiletes de Ettore Messina y no permitir canastas fáciles, ya que la gran envergadura de la plantilla rusa no iba permitir grandes espacios que dejaran anotar a los griegos. Con una gran resistencia física para plantar cara a la diferencia de centímetros y una gran agresividad en busca del balón, Olympiacos consiguió dominar durante todo el partido, tomando ventaja desde el primer cuarto y haciéndola crecer en cada nuevo parcial. Ni un inoperante Milos Teodosic ni Nenad Krstic ni Victor Khryapa, que mejoró sus estadísticas al final, conseguían hacer su juego y solamente Sasha Kaun y Sonny Weems lucían un nivel similar al que se exige en una Final Four. En el bando griego, el trabajo impagable del ‘bajito’ Kyle Hines, que se hizo con 10 rebotes y luchó contra todos los interiores del cuadro ruso, la intensidad de Stratos Perperoglou, cierta efectividad de Pero Antic y algunos ramalazos de la única estrella ateniense, Vasilis Spanoulis. No hizo falta más para llevarse el partido y dejar a la plantilla más deslumbrante de Europa en unos sonrojantes 52 puntos.

El partido definitivo sería contra el Real Madrid, el segundo favorito de la competición, que venía de jugar un partido intenso y trabajado contra el FC Barcelona. El Barça comenzó muy serio, con un buen planteamiento defensivo, tomando una cierta ventaja en el marcador que se vieron contrarrestadas por un festival ofensivo de los madridistas en el segundo cuarto. Nueva alternativa en el marcador tras el descanso, con los blaugrana minimizando el poder ofensivo de los blancos. Sin embargo, no fue suficiente, de modo que el Real Madrid pudo recuperarse en los últimos minutos antes un Barcelona exhausto y con un mermado juego interior. Ante el deficiente estado físico de Nathan Jawai y C. J. Wallace, Ante Tomic tuvo que multiplicarse en ambos lados de la pista, mientras que Marcelino Huertas y, en ocasiones, Joe Ingles tuvieron que asumir el liderazgo en ataque ante la buena defensa blanca sobre Juan Carlos Navarro. Los madridistas, por su parte, sobrevivieron gracias a rachas de buen juego y efectividad anotadora, primero de Rudy Fernández y Sergio Llull, y finalmente del luchar Felipe Reyes y de Sergio Rodríguez, sin duda el líder del equipo y el jugador más creativo en sus minutos en cancha, uniendo a sus destellos de calidad individual y a su espectacular visión de juego, una mejorada capacidad defensiva.

La inercia positiva del Real Madrid le duró un cuarto en la final. Un primer parcial de ensueño en el que anotaron 27 puntos con muy pocos fallos en el tiro y sometieron a un Olympiacos reservón, que inició su participación en el partido ya en el segundo cuarto, con 17 puntos de desventaja. A partir de entonces, un partido a campo abierto en el que los griegos volvieron a recurrir a su receta de agresividad y solidaridad defensiva, con una gran intensidad en la búsqueda del balón, ya fuera en las líneas de pase o bajo los tableros. De este modo, el cuadro rojiblanco consiguió reconducir el resultado antes del descanso gracias a una buena circulación de balón, tiros cómodos y penetraciones de Acie Law, con Pero Antic, Perperoglou y Hines como principales beneficiarios del buen trabajo táctico del ataque de los pupilos de Giorgios Bartzokas. Y en el tercer cuarto llegó la esperada aparición de Spanoulis, desacertado en el primer tiempo, que anotó tres triples consecutivos para dar las primeras ventajas a los griegos. El periodo definitivo se saldó claramente a favor de los griegos, muy intensos en defensa, a pesar de lo cual el Real Madrid consiguió 27 puntos gracias a ataques rápidos y faltas forzadas que terminaron en la línea de tiros libres, y muy acertados de cara al aro, con una anotación total de 39 en esos diez minutos.

El legado de Ivkovic
Con esta impresionante victoria, remontando una desventaja de 17 puntos y llegando al centenar al final del partido, Olympiakos presenta su candidatura a equipo de leyenda en el panorama europeo. Y lo hace gracias a un carácter ganador y una competitividad que su anterior entrenador, el ‘viejo zorro’ Dusan Ivkovic, imprimió en su plantilla y que Bartzokas ha sabido mantener. Y es que el cuadro griego, fuertemente aquejado por los problemas económicos que vive su país, confeccionó la pasada temporada un equipo de retales, manteniendo a Spanoulis como estrella y rodeándolo de jugadores de la casa, como los jóvenes Evangelos Mantzaris, Kostas Sloukas y Kostas Papanikolau; algunas viejas adquisiciones que vieron revitalizado su peso en el equipo, como Marko Keselj, y la incorporación de jugadores sin contrato y rebotados de otros equipos como Joey Dorsey, Pero Antic, Giorgios Printezis o Lazaros Papadopoulos. El carácter motivador de Ivkovic hizo que el equipo fuera quemando etapas y creyendo en sus posibilidades hasta plantarse como la sorpresa de la Final Four de 2012, donde doblegó a dos de los favoritos, Barça y CSKA de Moscú, gracias a la intensidad y la agresividad de su defensa.

La receta se ha vuelto a repetir este año, nuevamente obligado por las circunstancias económicas, incorporando a Giorgi Shermadini, que salió rebotado del Maccabi de Tel Aviv mediada la temporada, el joven Dimitris Katsivelis y, como refuerzo de lujo robado al eterno rival de la capital helena, Perperoglou. Si la estrategia ha sido la misma, el resultado también, aunque ahora sea menos sorprendente por conocido.

Tpdas las estadísticas, vídeos y fotografías de la Final Four en http://www.euroleague.net/

martes, 23 de abril de 2013

El ‘otro’ Petrovic

Muchos son los casos en el mundo del deporte en general, y del baloncesto en particular, en los que las altas cotas de excelencia alcanzadas por una figura indiscutible ensombrece el trabajo callado de familiares y amigos que iniciaron su andadura de forma simultánea o, incluso, antes. Esa es la historia de Aleksandar Petrovic, el otro Petrovic, el que pasará a la historia como el hermano del Mozart del baloncesto, del genio de Sibenik, del inolvidable Drazen.

Cinco años mayor que el astro que vino a revolucionar el juego en Europa, Aleksandar era también un apasionado del baloncesto y era habitual verle con el balón naranja entre las manos. Prácticamente diarios eran sus entrenamientos en la calle Predarovic de Sibenik, frente al hogar familiar, donde el pequeño Drazen daba también sus primeros pasos baloncestísticos en una eterna y desigualada competición con su hermano mayor, un playground callejero que el mayor de los Petrovic cambió a los 13 años por el pabellón del Sibenka, donde culminaría su etapa de formación e iría quemando etapas hasta llegar al primer equipo. Poco a poco, la fama de Aleksandar fue creciendo, sobre todo cuando el Sibenka fue ascendiendo a categorías superiores de la mano de un base-escolta con un gran conocimiento del juego y un deseo irrefrenable por la victoria.

Estos buenos argumentos, así como el sorprendente ascenso del modesto club de Sibenik a la primera división yugoslava en apenas seis años de existencia, le valieron su fichaje por la Cibona de Zagreb, un equipo siempre metido en la lucha por los primeros puestos de la clasificación pero que no terminaba de concretar su competitividad en forma de títulos. Este traspaso, que también sirvió para ir abriendo las puertas del primer equipo al pequeño de los Petrovic, fue muy provechoso para Aleksandar, ya conocido por el sobrenbombre de ‘Aza’ o ‘Aco’. Convertido en el base con más minutos en cancha y en la mano derecha de Mirko Novosel sobre el parqué, la Cibona ganó hasta en cuatro ocasiones consecutivas la Copa de Yugoslavia entre 1980 y 1983, a lo que unió una Supercopa de Europa en la temporada 1980/81 y la Liga en los cursos 1981/82 y 1983/84. Y todo antes de que llegara Drazen a terminar de perfilar el equipo de leyenda de la capital croata.

Entonces llegó el temido momento en el que el pequeño de la familia, que llevaba varios años deslumbrando a propios y extraños con una capacidad anotadora incansable y un liderazgo en ocasiones excesivamene entusiasta, llegara también al equipo de la capital croata después de llevar al Sibenka a cotas inimaginables para un equipo de tan corta andadura. ‘Aco’ ya había sufrido lo mejor y lo peor de su hermano menor, en intensos partidos en los que se demostraba que, en la cancha, no hay amigos ni hermanos. El enfrentamiento más intenso se produjo en la temporada 1982/83, cuando Drazen se destapó en el partido de ida en Sibenik con 27 puntos e innumerables gestos de celebración ante el banquillo rival y su propio hermano, al que consiguió eliminar por faltas. En el partido de vuelta en Zagreb, el mayor de los Petrovic se tomó cumplida revancha anotando 20 puntos y sometiendo a su hermano a un defensa impenetrable, con algunos momentos de tensión en los que tampoco faltaron algunos gestos desafiantes del victorioso Aleksandar.

A pesar de esta pasada rivalidad, y de que la llegada del Mozart del baloncesto europeo fuera a trastocar radicalmente los planes de juego de Mirko Novosel restando protagonismo a todos sus baluartes a favor del recién llegado, la trayectoria de ‘Aza’ se hará indisoluble de la de su hermano. Aquella primera temporada con Drazen y Aleksandar al comando de las operaciones, la Cibona se alzó con un triplete histórico: la Copa de Yugoslavia, la Liga nacional y, para poner la guinda al pastel, la Copa de Europa, iniciando con us victoria en la final ante el Real Madrid una de las rivalidades más encarnizadas del baloncesto de los 80. La siguiente temporada, el éxito no fue del todo completo, y mucho menos para ‘Aco’, que se perdió parte de la temporada a causa del servicio militar. A pesar de ello, los Lobos de Tuskanac, llamados así por el barrio de Zagreb en el que se fundó el club, se alzaron con la Copa nacional y con el principal cetro europeo, en esta ocasión ante un Zalguiris Kaunas cuya principal estrella, Arvydas Sabonis, acabó desquiciado con la actuación del pequeño de los Petrovic.

La competitividad de la Liga yugoslava iba en aumento, incorporando jugadores que, apenas unos años después, iban a marcar una época en el baloncesto internacional. Así, después de varios años dominando alguno de los torneos nacionales, la Cibona concluyó el curso 1986/87 sin levantar ningún título dentro de sus fronteras, aunque pudo salvar la temporada gracias a la Recopa de Europa. Después de un torneo resuelto con relativa solvencia por parte de los croatas, la final no podía dejarse escapar y Scavolini Pesaro no fue un escollo para el equipo de los hermanos Petrovic en un partido que marcó el futuro del mayor de la familia.

Estas buenas temporadas le llevaron a ganarse un hueco prácticamente fijo en la selección nacional yugoslava en una época en la que los plavi estaban en plena reconstrucción entre sus dos décadas doradas. A pesar de ello, los balcánicos se las arreglaron para presentar equipos batalladores y no exentos de calidad, asegurándose la medalla de bronce en cuatro campeonatos durante los 80, los Mundobasket de 1982 y 1986, los Juegos Olímpicos de 1984 y el Eurobasket de 1987, torneos en los ‘Aco’ tuvo una importante presencia en la pista, aunque quizás no tanto en las estadísticas. La llegada de una generación de jugadores talentosos y físicamente superiores hizo que el mayor de los Petrovic tuviera que dejar su hueco en la selección a talentos de la talla de Zarko Paspalj, Toni Kukoc, Aleksandar Djordjevic o Jure Zdovc, entre otros.

De viaje por Europa
El buen papel jugado la final de la Recopa de Europa le valió un contrato con Scavolini Pesaro, club transalpino derrotado apenas unos meses antes en Novi Sad. Además, la oferta de la Lega venía con una cláusula difícil de rechazar, ya que, después de varios años a la sombra de Drazen, el mayor de los Petrovic volvería a tener galones para dirigir el equipo a su gusto. Y así lo hizo. ‘Aco’ volvió a sentirse estrella en Pesaro, promediando más de 20,2 puntos por partido (y una presencia en pista esencial para el juego de los italianos) y alzándose con el título de la Lega. Sin embargo, las piernas ya no daban para mucho más y el mayor de los Petrovic buscaba ir allanándose el camino hacia los banquillos, para lo que volvió nuevamente a la Cibona para una última temporada como jugador, tras lo que vagó por varios equipos como KK Zagreb, Racing de Luxemburgo o KD Postojna para ganar experiencia y conocer nuevos sistemas organizativos y de juego.

El salto a de la cancha a los banquillos fue tremendamente exitoso para el precursor de la familia Petrovic. Así, contratado por la Cibona desde el año 1991, ‘Aza’ encadenó cuatro títulos seguidos en la recién nacida liga croata, resultante de un proceso de desmembramiento de la antigua Yugoslavia que también acabó con la potente competición nacional, además de formar parte del cuerpo técnico que, capitaneado pro Petar Skansi, ayudó a la selección de Kukoc, Radja y Drazen a alcanzar la plata en los Juegos Olímpicos de 1992, solamente por detrás del todopoderoso Dream Team. De hecho, el equipo nacional ha sido refugio de Petrovic en varias ocasiones en su andadura como entrenador, consiguiendo la medalla de bronce en el Eurobasket de 1995, cuando los croatas abandonaron el podio cuando la Yugoslavia serbia acudió a recibir su medalla de oro, y un séptimo puesto en 2001.

La escasa emoción competitiva de la nueva liga del país adriático hizo que ‘Aco’ hiciera las maletas buscando nuevas experiencias, recalando en el Caja San Fernando de Sevilla, equipo que, de la mano de Warren Kidd y Richard Scott, se coló en las Finales de la ACB en 1996. Nuevo paso existoso por la Cibona, con los campeonatos de 97 y 98 como recompensa y de vuelta a España para firmar una decepcionante temporada con el Lleida. Desde entonces, prácticamente no ha salido de los Balcanes, con un paso por el KK Zadar, al que hizo campeón de Copa en 2007, la selección de Bosnia Herzegovina y el Cedevita de Zagreb, cuyo buen papel en la Eurocup de la temporada 2010/11 le valió el galardón de mejor entrenador de la competición. En esta última campaña, el mayor de los Petrovic no ha tenido demasiada suerte y ha sufrido un par de marchas tempranas, una forzada del Unics Kazan y otra voluntaria del Cedevita, club al que llegó para sustituir a un mito de los banquillos, Bozidar Maljkovic.

lunes, 1 de abril de 2013

Doctorado 'cum laude'

La Semana Santa ha servido para terminar de definir uno de los torneos baloncestísticos más frenéticos y emocionantes del mundo. Después de varias semanas de torneos de conferencia y campeonatos regionales, la NCAA (National Collegiate Athletic Asociation) ya ha definido quiénes serán los protagonistas de su cita cumbre, la Final Four, que se celebrará este fin de semana en el Georgia Dome de Atlanta. Los últimos partidos, que han servido para reconocer a los conjuntos universitarios que mejor han llegado al tramo final de la temporada, dejando algunas sorpresas, resultados más abultados de lo previsto, la certificación del buen trabajo de algunos jugadores y entrenadores y una ‘Cinderella’ que se ha colado tras derrotar a los dos mejores equipos de su región.

Louisville había sido uno de los equipos más sólidos a lo largo de la temporada, con casi un 87 por ciento de victorias a lo largo del curso. De hecho, a lo largo del torneo de la NCAA había ido deshaciéndose de rivales con bastante solvencia, con diferencias de 31 y 26 puntos, salvo contra la contestona Universidad de Oregon, que apenas permitió ocho puntos de distancia. Sin embargo, durante el partido que daba paso a la Final Four a través del torneo del Midwest contra la potente Duke, la tremenda lesión del escolta Kevin Ware, con una fractura múltiple en su pierna, era un obstáculo difícil para los jóvenes jugadores, así como para su experimentado técnico, Rick Pitino, que no pudo reprimir las lágrimas al ver la maltrecha pierna de su pupilo y al escuchar su discurso ante sus compañeros, ya en la camilla y antes de que se reanudara el partido. “Estoy bien. Ganad el partido”. Hasta el descanso, todo igualado, aunque Louisville salió del vestuarios como un ciclón, consiguiendo una renta final de 22 puntos, dejando sin opciones a los de Mike Krzyzewski a varios minutos del final, cuando el partido se convirtió en un intercambio de canastas.

Este fue el episodio épico de unas finales regionales que, por lo general, han sido menos excitantes de lo previsto. Así, después de derrotar al principal favorito del torneo East, Indiana, por 11 puntos, Syracuse también fue capaz de deshacerse de Marquette, que le adelantaba en un puesto en las clasificaciones, por un diferencia de 16 puntos, con Michael Carter-Williams como principal protagonista. Con semejante facilidad consiguió clasificarse Michigan, derrotando por 20 puntos a Florida después de haber derrotado a Kansas, el mejor equipo del South, por 2 puntos y mostrarse bastante regulares en todo el torneo.

La principal sorpresa de la Final Four de Atlanta será Wichita State. Los Shockers partían en el noveno puesto del torneo de la región West, lo que hacía que, para llegar a una hipotética final, tuviera que medirse, si todo iba como estaba previsto, con los dos mejores equipos de la temporada en la zona, lo que le convrtía en una de esas ‘Cinderellas’ que se abren paso a lo largo de la March Madness a pesar de tener que derribar las torres más altas. Con la defensa como principal baluarte y el juego repartido en diferentes estiletes ofensivos, Wichita State ganó por seis puntos a la favorita Gonzaga y, en la final de este fin de semana, a Ohio State, el segundo en discordia, en un emocionante partido, aunque algo decepcionante en cuanto al nivel esperado de sus protagonistas.

En la cita de Atlanta, Louisville parte como favorito gracias al enorme dominio que ha tenido este equipo sobre los partidos durante toda la temporada. Para ello, los Cardinals cuentan con una defensa bastante efectiva y con infinidad de variantes, obra del experimenado Pitino, y con la inspiración anotadora del base Russ Smith, al que se unen el pívot senegalés Grogui Dieng y el eléctrico base Peyton Siva como segundas opciones. Su rival será Wichita State, que presenta un promedio anotador algo limitado para intentar revertir el muro defensivo de los de Pitino. En ataque, a pesar de lo corto de su rotación y lo repartido de su anotación, los principales referentes serán los poderosos aleros Carl Hall y Cleanthony Early.

La otra semifinal viene marcada por al efeméride que pretenden rememorar los Orange Men de Syracuse. Los de Jim Boeheim llegaron hace diez años a la Final Four y, por fin, alzaron el título nacional de la NCAA, en aquella ocasión liderados por Carmelo Anthony como estrella y con Hakim Warrick como segundo espada y héroe en la final. El dominio este año no ha sido tan apabullante como en aquella ocasión, aunque presentan un juego con multitud de variantes y cuatro puntales que se reparten el trabajo ofensivo: los aleros C. J. Fair y James Southerland y los escoltas Brandon Triche y Michael Carter-Williams. Enfrente tendrán a los Wolverines de Michigan, que también reparten de forma bastante democrática su juego ofensivo. La principal estrella es el base Trey Burke, aunque el escolta Tim Hardaway Jr. y el alero Glenn Robinson III, ambos hijos de jugadores NBA de cierto relumbrón en los gloriosos años de mediados de los 90, pueden tomar el testigo anotador y, sobre en el caso del segundo, aportar trabajo callado, sin olvidar al implacable tirador Nik Stauskas.

lunes, 18 de marzo de 2013

Un centenar de mujeres en busca de la corona de Europa

La Euroliga femenina será la primera de las grandes competiciones baloncestísticas internacionales en conocer a su campeón. Los ocho mejores equipos de Europa a lo largo de los primeros meses de la temporada se dan cita esta semana en la ciudad rusa de Ekaterimburgo para determinar quién se proclama como la mejor plantilla del continente. Como en todos los grandes torneos, hay algunos equipos que parten como favoritos, aunque los ocho conjuntos clasificados para la Final 8 tendrán delante de sí tres partidos para conseguir colarse en semifinales y, una vez ahí, competir a cara de perro para alzarse con el entorchado europeo.

Sin embargo, parece poco probable que la copa vaya a viajar grandes distancias, siendo Rusia o Turquía los destinos más realizables. Así, las anfitrionas del UMMC de Ekaterimburgo parten como principales favoritas para hacerse de una vez por todas con un título que se le resiste. Y es que su plantilla incluye a algunas de las mejores jugadores del mundo, como Candace Parker o Sue Bird, a las que este año se ha unido la alero Diana Taurasi y la base Silvia Domínguez, que ha puesto cierta cordura al juego del equipo ruso, que cuenta también con otros recambios de garantías como Deanna Nolan y Sandrine Gruda. Un equipo de muchos quilates confeccionado a golpe de talonario y que se enfrenta a su reválida definitiva tras revelarse como el máximo anotador de la competición.

En el grupo A, el equipo anfitrión tendrá que enfrentarse a otro de los favoritos. El Galatasaray ha cimentado su buena marcha a lo largo de la temporada en una defensa disciplinada y un gran poderío interior. Así, el peso anotador recae sobre todo en Sancho Lyttle, Silvia Fowles y Ann Wauters, aunque la recuperación de Alba Torrens y las incorporaciones de Shay Murphy y Lindsey Harding dan algo más de profundidad y variedad al juego de las turcas.


Los dos equipos que tratarán de arrebatar un puesto en las semifinales a estas dos grandes potencias son Good Angels Kosice y CCC Polkowice. El primero de ellos cuenta con tres referntes claros, la joven base Miljana Bojovic, la anotadora Alenxandria Quigley y Planette Pierson en el interior, aunque su rotación es algo corta. Por su parte, el conjunto polaco ha sido la revelación del campeonato, gracias en parte a la experiencia de Laia Palau, la máxima asistente de la Euroliga, y de Belinda Snell.

En el segundo grupo, el favoritismo se lo reparten también los clubes rusos y turcos. Así, el Fenerbahçe intentará imponerse gracias a la calidad de Angel McCoughtry y de Cappie Pondexter, dos jugadores que estarán flanquedas por otros baluartes como las interiores Ivana Matovic, máxima anotadora del conjunto otomano, y Anastasiya Meraveyenka, lo que ofrece al equipo diversas posibilidades en ataque.

Por su parte, el Spartak Vodnoje se ha colado una vez más en las Final 8 gracias a un equipo compacto y con diversas variantes, capitaneado desde el banquillo por Pokey Chatman. Sobre el papel, destaca la presencia de Seimone Augustus y Becky Hammon, aunque la fortaleza del conjunto ruso reside en la disponibilidad de diferentes armas para atacar el aro rival, como Candice Dupree y Sonja Petrovic, una buena dirección de juego a cargo de Nika Baric y Elisa Aguilar y el poderío interior de jugadores como Kuzina o Yacoubou.

Para intentar frenar a los dos equipos favoritos, Familia Schio aporta una gran fiabilidad en su juego exterior y la solidez de su plantilla, con algunas jugadoras de gran experienciam mientras de Bourges Basket tendrá que lidiar con la baja de Styliani Kaltsidou, por lo que el peso del juego recaerá en la base Celine Dumerc y las aportaciones de Ndongue y Niyem.

La ronda previa de esta Final 8 se disputará entre el lunes y el miércoles, tras la que los dos primeros clasificados de cada grupo accederán a las eliminatorias defintiivas. Las semifinales se celebrarán el viernes, tras las que la Euroliga dirimirá el domingo cuál ha sido el mejor conjunto de la temporada en la gran final. 

Sin defensa del título
Una de las peculiaridades de esta edición de la Final 8 de la Euroliga femenina será que el vigente campeón no tendrá la oportunidad de defender el título. Así, tras su victoria en la pasada campaña, el club valenciano Ciudad Ros Casares decidió prescindir de su equipo de élite y preservar su labor de cantera, desapareciendo de todas las competiciones. Por su parte, el equipo finalista en la pasada temporada, el Rivas Ecópolis, tampoco acude a la cita de Ekaterimburgo ya que sucumbió ante el Familia Schio en tres partidos en la ronda clasificatoria previa al torneo final.