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miércoles, 12 de febrero de 2014

Veinte años y diecisiete días

El baloncesto femenino en España siempre ha vivido en una relativa sombra, como ocurre más frecuentemente de lo deseado con cualquier modalidad deportiva en su versión femenina. Pabellones pequeños, aunque casi siempre intensamente poblados, competiciones con cada vez menos equipos y más diferencia de presupuestos y potenciales, jugadoras casi desconocidas y, más recientemente, el exilio de las mejores deportistas a ligas más potentes en lo económico. A nivel internacional, ha habido algunas alegrías a nivel de clubes recientemente, aunque quizás el trabajo que más destaque en la última década. 20 años casi exactos, con apenas una diferencia de 17 días, separan los dos momentos más gloriosos para las aficionadas al deporte de la pelota gorda en España.

El primero tuvo lugar el 13 de junio de 1993 en la ciudad italiana de Perugia, cuando un grupo de mujeres fueron avanzando con buenas sensaciones y resultados más positivos de los esperados por los cinco partidos que entonces componían los Eurobaskets. El segundo momento sucedió la tarde del 30 de junio de 2013, cuando la última colaboración sobre la pista de las dos generaciones más talentosas de mujeres del baloncesto español tocaba a su fin en la ciudad francesa Orchies. Quiso el destino que, en ambos casos y para hacer el aniversario aún más redondo, el rival en la final fuera Francia en ambos casos. Aquí están sus historias…

Perugia’93
Con la organización de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, la Federación Española de Baloncesto estaba algo inquieta. Si bien la sección masculina tenía nombres de cierto prestigio en Europa y había vivido momentos de cierta gloria en un pasado reciente, el equipo femenino había ido coleccionando resultados más que mejorables y presencias intermitentes en los Eurobaskets desde mediados de los 70. Como ocurrió prácticamente en todas las disciplinas, el objetivo era que el papel de los atletas nacionales se viera fuertemente mejorado con respecto a citas anteriores, por lo que se multiplicaron las becas y ayudas a estos deportistas, incluyendo también a las baloncestistas, cuya competición aún estaba lejos de ser profesional.

Así, se decidió premiar a algunas de las jugadoras más prometedoras para que, durante varios años, pudieran entrenar en condiciones profesionales y comenzaran a jugar juntas. Finalmente, el grupo que acudió a los JJ.OO. estuvo formado por Patricia Hernández, Carolina Mújica, Blanca Ares, Piluca Alonso, Mónica Pulgar, Margarita Geuer, Almudena Vara, Ana Belén Alvaro, Mónica Messa, Marina Ferragut, Betty Cebrián y Carlota Castrejana, dirigidas desde el banquillo por Chema Buceta. A pesar de mostrar síntomas de mejoría en el juego y una gran competitividad en la cancha, estas jugadoras apenas consiguieron ganar un partido en la primera fase, ante Checoslovaquia, lo que las relegó al torneo por las cuatro últimas plazas. Sin embargo, con una victoria de relumbrón contra Italia e imponiéndose nuevamente ante Checoslovaquia, las españolas consiguieron una meritoria quinta plaza, la mejor clasificación histórica de la selección femenina en un torneo internacional hasta el momento.

El trabajo realizado había dado sus frutos, aunque nadie podía prever, salvo quizás las propias protagonistas, lo que iba a pasar apenas un año después. La convocatoria para el Eurobasket de Perugia de junio de 1993, esta vez con Manolo Coloma al frente, fue muy similar a la de la cita olímpica, manteniendo algunos de los principales mimbres e introduciendo con papeles más bien secundarios a Laura Grande, Mar Xantal, Pilar Valero y Paloma Sánchez, aunque éstas dos últimas sí sumaron algunas actuaciones meritorias a lo largo del torneo.

Los esquemas de juego estaban claros. La primera opción en ataque era Blanca Ares, la joven más talentosa de la generación, que promedió 19 puntos en el torneo europeo. La segunda opción le correspondía a las dos jovencísimas interiores destinadas a dominar las pinturas en el baloncesto  nacional en los siguientes años, Marina Ferragut (9) y Betty Cebrián (6,4), que pagaron esta falta de experiencia en forma de cierta irregularidad. Para poner la serenidad y la veteranía ya estaban Carolina Mújica (6,8), alero polivalente y capitana del equipo, y Margarita “Wonny” Geuer (7,8) que, aunque sus compañeras aún no lo sabían, afrontaba su última participación con la selección, mientras que la dirección del conjunto se dejaba en manos de Ana Belén Álvaro (6,6), que cuajó un campeonato bastante completo.

El torneo, mucho más modesto que los actuales con apenas ocho equipos en liza, no pudo comenzar con mejores sensaciones, anotando 92 puntos ante Polonia, con cierta solidez defensiva y con todas las piezas funcionando. Cuando la segunda victoria se consumó ante Bulgaria, un rival más exigente, la clasificación para las eliminatorias estaba asegurada, por lo que las jugadoras sintieron el descargo que suponía el objetivo más que cumplido. El partido de trámite ante Italia fue la única derrota del corto torneo.

En las eliminatorias, el primer escollo fue una Eslovaquia, un equipo algo mermado con respecto a la Checoslovaquia del año anterior en Barcelona y al que las españolas pronto comenzaron a sacar ventajas que se extendieron hasta los 18 puntos finales (73-55). La otra semifinal fue más batallada entre dos selecciones que sí entraban en los pronósticos para cazar medalla, Francia e Italia, con victoria final para las galas por apenas dos puntos.

Y así se plantaron en la final. El día más importante de la historia del baloncesto femenino nacional, que apenas había participado en seis Eurobaskets y en los JJ.OO. a los que fue invitada como anfitriona. El partido entre España y Francia no fue especialmente estético, aunque sí bastante disputado a lo largo de casi todo el encuentro. Las francesas trataban de imponer la fuerte defensa y el bajo tanteo que les había llevado hasta la final. Así consiguieron mantener el partido igualado en los primeros minutos, consiguiendo distancias de hasta cinco puntos gracias a la anotación de Odile Santaniello. Finalmente, el marcado al descanso daba 3 puntos de ventaja para la francesas, 30-27.

Siete minutos tardaron las jugadoras españolas en ponerse otra vez por encima en el marcador, 32-34, gracias a una mayor contundencia en la defensa y, sobre todo, en el rebote. Esta intensidad se mantuvo durante gran parte del segundo tiempo, llegando con una distancia de 12 puntos a los cuatro minutos finales. Las francesas reaccionaron con algunas canastas fáciles y 7 puntos en apenas un minuto, aunque la sangría se quedó ahí y las españolas pudieron ir gestionando las diferencias y los tiempos para, a través de tiros libres y alguna jugada aislada, concluir el partido con el 53-63 final.

Esta victoria supuso la despedida de esta generación y el desmembramiento paulatino de un equipo que, en las siguientes citas internacionales, volvió a sus discretos papeles lejos de las medallas, si bien sí consiguió sembrar una semilla en un generación más joven y, sobre todo, asentar una infraestructura en la Federación y en la Liga que hizo que la selección española se convirtiera en un participante fijo en Mundobasket y Eurobasket.

Francia’13
El caldo de cultivo veinte años después era totalmente diferente. Las nuevas condiciones y, cómo no, el referente que marcaron Ares, Geuer, Cebrián y compañía en las niñas nacidas a mediados y finales de los 80 hizo que la popularidad del baloncesto creciera en todos los públicos y, sobre todo, en las jugadoras de cantera, lo que ha motivado que, con el paso del tiempo, deportistas como Amaya Valdemoro, Marta Fernández, Anna Montañana, Lucila Pascua, Elisa Aguilar, Rosi Sánchez, Nieves Anula, Laia Palau, Isa Sánchez o Nuria Martínez fueran llegando a los primeros equipos de las grandes potencias del baloncesto nacional y a la Selección. Ya no hacía falta ir buscando a los mejores proyectos para incluirlos el programas becados de entrenamiento específico, sino que los propios clubes habían ido profesionalizando sus métodos y ampliando sus categorías inferiores.

Este efecto empezó a eclosionar apenas ocho años después, en el Eurobasket de Francia de 2001, cuando España consiguió su segunda medalla internacional, esta vez de bronce. A partir de entonces, las jugadoras nacionales apenas se han bajado del podio, con una plata (2007) y tres bronces (2003, 2005, 2009) europeos y un tercer puesto mundial (2010), siempre capitaneadas por algunos de los mejores entrenadores nacionales especializados en deporte femenino, como Evaristo Pérez, José Ignacio Hernández o Domingo Díaz.

En 2013, esta exitosa generación había ido perdiendo a algunos de sus referentes, aunque una nueva cantera de talentosas jóvenes ya se acercaba con ganas y experiencia suficiente para ir ganando importancia en los esquemas del equipo nacional. Así, el Eurobasket de Francia se revelaba crucial ya que podía ser el del definitivo cambio de ciclo, el último en el que la vieja guardia se vistiera de corto y el primero en el que la nueva hornada estaba lo suficientemente preparada para aparecer de forma protagonista sobre la cancha.

Así, por parte de las veteranas con varias medallas al cuello, Valdemoro y Aguilar se enfrentaban a sus últimos partidos con la Selección, mientras que Palau y Cindy Lima también tenían galones de sobra para estar en la convocatoria. Por parte de las ‘nuevas’, algunas jóvenes que ya habían dado sobradas muestras de carácter, calidad y liderazgo en sus equipos y en competiciones anteriores defendiendo a España, como Alba Torrens, Laura Nicholls, Cristina Ouviña, Marta Xargay y una más experimentada Silvia Domínguez (Anna Cruz se lesionó del tobillo apenas unos días antes de la concentración del equipo). Completaban el equipo, dirigido desde la banda por Lucas Mondelo, dos debutantes con buenos partidos a sus espaldas en categorías inferiores del la Selección y en los últimos años en sus equipos, Queralt Casas y Laura Gil, y, sobre todo, la presencia titánica en la pintura de la caribeña de formación estadounidense, Sancho Lyttle, nacionalizada en el año 2010 para terminar de dar el salto de calidad al equipo.

Con Lyttle recién incorporada a la concentración, España llegó a Francia para abrir el torneo ante uno de los rivales más temibles de la primera fase. Torrens y Valdemoro tuvieron que tomar las riendas para conseguir la primera victoria del campeonato, la más disputada hasta la final, ante Rusia por cinco puntos. Y es que, en el resto de la primera fase fue de triunfos relativamente cómodos, 12 puntos ante Italia y 24 ante Suecia. Por el momento, las sensaciones no podían ser mejores, con un juego efectivo, cierta facilidad anotadora y una defensa bastante férrea, algo que había que certificar en la segunda fase. En esta ocasión, tampoco hubo grandes agobios, con una victoria inicial de 26 puntos ante Eslovaquia, y dos triunfos algo más reñidos, no tanto por el resultado final sino por encontrar mayor dificultad en la anotación y una creciente intensidad defensiva de las rivales, ante Montenegro por 16 y ante Turquía por 13.

A pesar de que pudiera haber algunas dudas por la menor fluidez del ataque, los partidos se habían salvado con mucha solvencia, por lo que la confianza ante las eliminatorias directas era buena. Y así se demostró con el 75-58 ante la República Checa y el 88-69 ante Serbia, con Torrens (29 y 11 puntos, 16,2 de media en todo el torneo) y Lyttle (23+12 y 22+11) como principales arietes, a las que se habían ido uniendo puntualmente en distintos partidos jugadoras como Xargay (9,3 puntos de media), Ouviña (19 puntos en las semifinales), Valdemoro (11 puntos en cuartos de final) o Palau (3,4 asistencias en el torneo).

Y así España se plantaba en la final contra las anfitrionas. Francia, que venía de quedar segunda en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, estaba haciendo un torneo bastante sólido en ambos lados de la cancha, aunque menos espectacular en ataque que el de España. Su juego se basaba en la potencia física de sus jugadores, principalmente en el poste bajo, donde Isabelle Yacoubou (11,1 puntos) y Sandrine Gruda (12) se encargaban de finalizar, mientras que la dirección del equipo recaía en manos de la eléctrica e imaginativa Celine Dumerc, capitana y líder absoluta del grupo. De este modo, se preveía un partido intenso, con dificultad para conseguir canastas y muchas alternancias en el marcador. Y así fue incluso desde antes de lanzar el balón al aire, cuando el público francés cantó “La Marsellesa” a capella para motivar a sus jugadoras.

El partido comenzó con ambos equipos tanteándose y poniendo en práctica el scouting previo al partido. De hecho, la primera canasta llegó pasados más de dos minutos y tras varios ataques imprecisos. Sin embargo, el juego fue bastante más fluido a partido de entonces, con un intercambio de canastas durante los siguientes dos minutos hasta que, finalmente, los contraataques tras buenas defensas hicieron que España tomara una distancia de nueve puntos, 21-12 tras el primer acto. En el segundo, el parcial siguió creciendo hasta los 12 de diferencia, momento en el que Francia tomó el relevo y con 13 puntos seguidos dio un golpe sobre la mesa. Nueva alternativa en el marcador, con 7 puntos para España a apenas dos minutos del final, una ventaja que la intensidad de las francesas atrás y una serie de buenos ataque dejaron en apenas un punto al descanso, 36-35.

El tercer cuarto parecía responder al planteamiento previo del equipo anfitrión, logrando sujetar las embestidas españolas y mantener el marcador equilibros, siempre con ligeras ventajas de dos o tres puntos para las azules. Sin embargo, la pizarra de Mondelo volvió a funcionar en los primeros minutos del periodo definitivo, con un parcial de 8-0 en los primeros dos minutos que dio a España el mando del partido hasta los últimos segundos. Sin embargo, la cosa no era cómoda, ya que las diferencias eran de entre 1 y 3 puntos. De hecho, con 68-67 a las de 46 segundos, la cosa no estaba nada decidida. Tras un fallo en la zona de las francesas, Palau y Xargay se las ingeniaron para mantener la posesión hasta que, tras una frenética penetración, Lyttle recibió el balón para meter la canasta definitiva. 7,5 segundos y tres puntos de ventaja, una buena defensa, un triple a la desesperada y un rebote para maquilar el resultado. 70-69.

El gesto de que la organización dejara recibir la copa a Aguilar, ante su último partido internacional, junto a Valdemoro, capitana por derecho del equipo, y la música de “Star Wars” o el MVP de Sancho Lyttle (18,4 puntos y 11,1 rebotes) son las imágenes que quedan para el recuerdo después del que, por ahora, y a falta de que esta nueva hornada certifique su capacidad de sufrimiento y liderazgo en la Copa del Mundo de Turquía de este otoño, es el último momento dorado de la historia del baloncesto femenino español.

De aquellos polvos, estos lodos
Si el camino andado por la exitosa generación que se coronó en 2013 había sido empedrado por las pioneras que veinte años antes asaltaron Perugia, las primeras sendas fueron abiertas, aún con más esfuerzo y menos reconocimiento, por otras mujeres que no tuvieron la suerte de contar con becas, patrocinadores, seguimiento mediático o entrenamientos regularizados, solamente amor por el deporte de la pelota gorda. El juego sí tenía su cierto púdicamente entre el público femenino, sobre todo en Cataluña y, en menor medida, Andalucía y Madrid, por lo que no fue difícil encontrar mujeres que jugaran, eso sí, con un nivel de competición totalmente amateur.

El primer partido de la Selección española femenina de baloncesto fue un amistoso disputado en la localidad catalana de Malgrat de Mar ante Suiza. El marcador era lo menos importante, al menos para María Isabel Díez de la Lastra, Luisa Puentes, Mabel Martínez Ortíz, Monserrat Bobee, Mª Luz Rosales, Mª Josefa Senante, Ángeles Gómez Mínguez, Teresa Pérez, Antonia Gimeno, Teresa Tamayo y Teresa Vela, dirigidas por Cholo Méndez, las verdaderas pioneras que dieron el golpe en la mesa para demostrar que las mujeres también se manajeban en un mundo tradicionalmente reservado a los hombres. Después de ellas, y antes de que la generación de los JJ.OO. de Barcelona lograra la relevancia nacional con su oro un año después, otras figuras como las de Ana Junyer, Rocío Jiménez, Conchi Navío, Ana María Eizaguirre o Rosa Castillo se encargaron de mantener viva la llama del baloncesto entre las aficionadas y deportistas.

Material adicional
Programa “Conexión vintage” de TDP: “Históricas del baloncesto femenino” (incluye un amplio resumen de la Final de Perugia’93)

viernes, 13 de septiembre de 2013

Sorpresa en la conquista de América

Como suele ser habitual, el campeonato FIBA Américas de 2013 se presentaba algo descafeinado por la renuncia de muchas de las grandes estrellas del continente a participar en esta cita, que servía como torneo clasificatorio para el MundoBasket de 2014 en España. Sin embargo, una vez que se echó el balón al aire, los análisis sobre el papel no sirvieron para nada y la pasión y las ganas de algunas de las selecciones participantes pusieron cierto picante a una cita dominada por las sorpresas, tanto agradables como negativas.

Sin duda, el gran protagonista del torneo ha sido el equipo de México. Después de no clasificarse para el FIBA Américas de 2011 y tener actuaciones más bien discretas en sus anteriores participaciones, la selección centroamericana se presentaba en el torneo sin ningún tipo de presión y como invitada por la organización. Sobre la cancha, las cosas serían diferentes a lo previsto, con tres victorias en los primeros partidos, todas ellas con bastante solvencia, y un único tropiezo contra Argentina. Ya en estos primeros compases del campeonato, la figura de Gustavo Ayón se erigió como pieza central del juego mexicano, con muchos minutos de presencia en pista y una importancia capital en el juego en ambos lados de la cancha. La segunda fase comenzó un poco peor, encadenando una derrota ante Canadá, aunque se pudo solventar el paso a las semifinales con victorias en los tres partidos restantes, lo que suponía la clasificación de los mexicanos para el Mundial de 2014, dando además una buena imagen. La selección dirigida por el español Sergio Valdeolmillos tenía dos partidos para seguir soñando con la tranquilidad de tener el trabajo bien hecho y haber superado con creces las expectativas. Con esta tranquilidad, México supo vengarse de su único verdugo en primera ronda, Argentina, y clasificarse de esta manera para su primera final de este torneo. Puerto Rico sería la última víctima en un partido con multitud de alternancias en el marcador y que se decidió por apenas dos puntos. El éxito de los mexicanos se debe a un juego que, a excepción del liderazgo absoluto de Ayón y de un destacado papel secundario de Orlando Méndez por fuera y Héctor Hernández Gallego por dentro, es muy coral tanto en ataque como en defensa, con una implicación total de los jugadores, incluyendo aquellos que han tenido una presencia testimonial.

De este modo, Puerto Rico se quedó a las puertas del que parecía que iba a ser su torneo. Invicto en la primera fase, el equipo boricua buscaba imponerse gracias a un juego ágil y rápido, con muchas posesiones y una gran cantidad de posibilidades en ataque. Renaldo Walkman ejercía de líder en la anotación, mientras que el ritmo del juego lo marcaban dos jugadores imaginativos y resolutivos, J. J. Barea y Carlos Arroyo. Un juego atractivo pero que, tras un inicio deslumbrante, sufrió tres derrotas, dos en la segunda fase y una en el partido definitivo, un encuentro en el que los portorriqueños lucharon con todas sus fuerzas para remontar las ventajas de México, aunque finalmente sucumbieron en un último cuarto de mucho acierto.

Con ese mismo sabor de boca agridulce vuelven los jugadores de Argentina. A pesar de que la Generación Dorada estaba únicamente representada por Luis Scola, los albicelestes confiaban en que fuera suficiente la presencia de jugadores que ya habían entrado en al dinámica del equipo en anteriores campeonatos, la dirección experta de Julio César Lamas y la costumbre reciente de que Argentina es un equipo victorioso. Sin embargo, desde muy pronto el juego argentino dio síntomas de cierta endeblez, teniendo que echar mano del oficio y las ganas para sacar adelante muchos partidos, a pesar de lo cual se llevan el bronce colgado al cuello. Scola ha rayado a buen nível, Juan Gutiérrez ha hecho su trabajo sin rechistar y Facundo Campazzo se ha erigido en líder y conductor del juego demostrando que, con algo menos de talento que sus predecesores (Pepe Sánchez, Pablo Prigioni o Alejandro Montecchia), sí tiene carácter y desparpajo de sobra para guiar el juego albiceleste en el futuro. Sin embargo, el relevo generacional que se esperaba de otros jugadores no se ha producido aún y, salvo Selem Safar y algunos momentos de Marcos Mata, el futuro sigue siendo una incógnita para los argentinos.

El cuarto clasificado para el MundoBasket de España es la República Dominicana, que alcanzó las semifinales con cierta solidez. Al igual que Puerto Rico, los dominicanos basaron su juego en las transiciones rápidas y, por tanto, la multiplicación de posesiones y opciones de ataque, jugándose la mayor parte de los tiros al acierto del tirador Francisco García, las penetraciones de james Feldeine y el trabajo interior de Eulis Báez.

Aparte de las selecciones que han conseguido la medalla o la clasificación para el Mundial, hay otros equipos que pueden poner buena nota a su participación en este FIBA Américas de Caracas. La selección anfitriona, Venezuela, ha conseguido dar más de una sorpresa a equipos a priori más fuertes gracias a una gran motivación y a pesar de no contar con Greivis Vásquez, su jugador más talentoso. Así, los vinotinto estuvieron a punto de colarse en las semifinales gracias a un juego muy coral y a los arrebatos anotadores y de calidad del nacionalizado Donta Smith. Por su parte, Uruguay también ha conseguido sacar algunos buenos resultados gracias a un plantel bastante experimentado y con las jerarquías claras. Esteban Batista era el principal referente en ataque, mientras que Leandro García tenía licencia para acaparar balón y tiros en sistemas dirigidos por el joven Fitipaldo y el veterano Mazzarino.

Jamaica y Canadá se han encargado de dar algo de emoción a la segunda fase con alguna victoria inesperada y un buen trabajo sobre la cancha, sobre todo en el caso de los canadienses, que contaban con varios jugadores con experiencia en NBA y en Europa, como Cory Joseph, Joel Anthony, Andy Rautins, Levon Kendall o Tristan Thompson, para armar un equipo rocoso y conjuntado. Por su parte, Paraguay fue el convidado de piedra en este torneo, con el equipo más débil del campeonato, compuesto por jugadores que no han salido de su país.


Sin embargo, la gran decepción del FIBA Américas ha sido Brasil. Acostumbrado a estar presente en la lucha pro las medallas y sin problemas para clasificarse para MundoBaskets y Juegos Olímpicos, los cariocas han jugado el peor torneo de su historia, contando todos sus partidos por derrotas. Es cierto que el potencial de su plantilla se encontraba bastante mermado con respecto a otras citas internacionales, si bien esta selección suele contar con bajas para el torneo continental y nunca ha protagonizado un papel tan discreto. Marcelino Huertas era el nombre más brillante en un plantel compuesto principalmente por jugadores que compiten en Brasil y que presentaba un juego interior muy mermado con respecto al potencial que habitualmente tiene. Sin Splitter, Varejao y Nené, ni siquiera Vitor Faverani ha acudido a la llamada de la selección, que se ha jugado la clasificación para el Mundial con la eterna promesa de Caio Torres y Rafael Hettsheimer, inutilizado durante toda la temporada en el Real Madrid. Imprecisiones, nervios y falta de fe han lastrado al equipo de Rubén Magnazo, que tendrá que esperar las buenas intenciones de la FIBA para recibir una invitación para la ciudad internacional de 2014.

Todos los resultados y estadísticas en la web oficial del torneo.

martes, 3 de septiembre de 2013

Los ‘segundones’, a sacar brillo a la Corona de Europa

El EuroBasket de Eslovenia decidirá, como ocurre cada dos años, cual es la cantera europea de jugadores de baloncesto más en forma del momento. Sin embargo, las lesiones, la veteranía y los contratos NBA, entre otros motivos, han hecho que esta sea una de las ediciones del campeonato de selecciones con mayor número de bajas de renombre. De este modo, muchos de los equipos han tenido que rehacer sus esquemas, replantear sus expectativas y dar una vuelta de tuerca a su libro de jugadas, ya que, en muchos casos, serán los ‘segundones’, jugadores que otrora ocuparan un rol menos protagonista o jóvenes talentos en busca de su confirmación, quienes tendrán que tomar las riendas de sus equipos y reivindicar el brillo de la Corona de Europa, empañado sobre el papel por la cantidad y la entidad de las ausencias anunciadas.

Antes de que se lance el balón al aire, y a pesar de que las selecciones más potentes son las que más bajas de renombre presentan, apenas un pequeño grupo de equipos parece lo suficientemente fuerte, ya sea por juego, plantilla o dinámica en los últimos campeonatos, como para luchar por las medallas. España, como defensora del título y a pesar de que los MVP de los pasados EuroBasket, Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, no sean de la partida, y Francia, uno de los equipos más físicos y finalista hace dos años, son los que parten con más posibilidades, aunque la habitual competitividad de las escuadras griega y lituana puede acercar el oro a estos lugares. Además, Eslovenia puede intentar estrenarse en el medallero de la competición aprovechando su condición de anfitrión, mientras que Croacia parece estar lista para poner fin a su continua reconstrucción y a la sequía de perseas que dura ya desde 1995. La siempre competitiva Grecia también llega dispuesta a plantar batalla con un equipo que incluye a varios de los dominadores de las dos últimas ediciones de la Euroliga y una plantilla de jugadores batalladores y con oficio.

Los equipos. Grupo A
Francia se presenta en esta ocasión con un equipo algo mermado en lo que a su juego interior se refiere, aunque no parece que las piezas de recambio vayan a reducir mucho la capacidad atlética y las posibilidades de juego rápido y con alternativas en el ataque. Sin Joakim Noah, Kevin Seraphin, Ali Traoré, Ronnie Turiaf y Ian Mahinmi, la pintura será organizada por el capitán, Boris Diaw, que será el encargado de moldear a los ‘nuevos’ (Alex Ajinça, Joffrey Lauvergne y Johan Petro) para que puedan desempeñar las funciones de los que ahora faltan. Los líderes sobre la pista estarán, sin embargo, fuera de la línea de tres puntos, con Tony Parker como catalizador principal del juego, Mickael Gelabale y Nicolas Batum aprovechando su superioridad física en ambos lados de la cancha y Nando de Colo como referencia indiscutible de una segunda unidad francesa, que contará con la dirección de Thomas Heurtel y el músculo de Florent Pietrus y de Charles Kahudi.

El caso de las bajas se ceba especialmente con el equipo de Gran Bretaña, ya que gran parte de sus posibilidades de mejorar en algo su anterior participación pasaban por la presencia de Luol Deng y de un juego interior nada desdeñable con jugadores como Joel Freeland, Pops Mensah-Bonsu y, en menor medida, el retirado Robert Archibald y el lesionado Daniel Clark. Devon Van Oostrum y Kieron Achara tratarán de echarse a la espalda un equipo que, a priori, no cuenta con los mimbres necesarios para competir en condiciones.

Tal y como ocurre en el caso británico, las exiguas posibilidades de llegar a algo de una selección de Alemania cada vez más mermada pasaban por la participación de sus jugadores NBA. Pero sin Dirk Nowitzki ni Chris Kaman y una plantilla cada vez más renovada debido a la retirada de algunos viejos rockeros que protagonizaron los buenos resultados de la década anterior, los germanos no han de hacerse muchas ilusiones. Se trata de un equipo joven y muy voluntarioso, pero al que le falta algo de velocidad a la hora de ejecutar los sistemas y algunas de esas pillerías que te dan los años. Heiko Schaffartzik, seguramente desplazado a la posición de escolta para aprovechar su capacidad anotadora, y Tibor Pleiss en la pintura serán las dos referencias de un equipo que puede dar alguna alegría a su país en los próximos años (y una muy grande si la cantera teutona alumbrara un nuevo Nowitzki).

Tanto Ucrania como Bélgica pueden conformarse con el premio de estar incluidas en el torneo final del Eurobasket, aunque el nivel de clase media-baja del grupo puede hacer que se cuelen en la segunda ronda. Los bálticos se presentan con la intención de correr o, al menos, jugar lo más rápido posible. Para ello, cuenta con el nacionalizado Pooh Jeter, que dirigirá el juego de los ucranianos, y el tirador impenitente Sergii Gladyr, máximo anotador del equipo, aunque adolece de bajas en un juego interior que, ya de por sí, no era demasiado impresionante. Los belgas, por su parte, dejarán el juego en manos de Axel Hervelle, Maxime De Zeeuw y Sam Van Rossom, aportando pocas alternativas más, aunque puede que suficiente para asustar a alguno de los equipos del grupo.

Israel es la principal incógnita del grupo. Por nombres, esta plantilla no debería tener ningún problema para pasar la primera ronda y, una vez en el segundo grupo, empezar a soñar con meterse en las eliminatorias. Sin embargo, la endeblez de su juego, una cierta improvisación en sus formas y un juego interior bastante corto pueden hacer florecer las dudas, sobre todo si aparece alguna derrota inesperada. Omar Casspi está llamado a ser la referencia en un equipo en el que Yogev Ohayon dirige, el nacionalizado Alex Tyus guarda la pintura, Guy Pnini tira y Lior Eliyahu se reserva los momentos de inspiración.

Grupo B
Lituania y Serbia son las dos selecciones que deberían dominar este grupo, si bien cada una de ellas se encuentra en un momento distinto. Los bálticos presentan a sus estrellas con cartel NBA y generosas en centímetros, Linas Kleiza, Donatas Montejunas y Jonas Valanciunas, como principales baluartes, junto a un equipo en el que hay unas cuantas caras nuevas, algunas piezas talentosas con experiencia y peso en la selección, como Mantas Kalnietis y Martynas Pocius, y un frontcourt curtido en mil batallas, con los hermanos Lavrinovic y Robertas Javtokas. Puede echarse de menos ese liderazgo, más ‘mediterráneo’ que báltico, de Sarunas Jasikevicius, sobre todo en momentos de cierto atasco, así como la veteranía de otros habituales, aunque nadie puede dudar de la competitividad y la tradición baloncestística de Lituania, siempre seria y aspirante a todo.

El caso de los balcánicos es distinto. El seleccionador Dusan Ivkovic ha iniciado el enésimo relevo generacional de Serbia. Nenad Krstic es el jugador con más galones y gran parte del juego orbitará a su alrededor, mientras que Stefan Markovic y Nemanja Bjelica tendrán que dar un paso al frente dentro de la comandancia de la selección. Y es que, con una convocatoria de jugadores de entre 19 y 22 años, las bajas repentinas de Vladimir Lucic y Milos Teodosic parecen un poco más graves. A pesar de que el potencial de la selección parece reducirse si se compara con las plantillas de otros campeonatos, que contaban con piezas muy versátiles como Marko Keselj, Novica Velickovic o Dusko Savanovic, no hay que dudar de la capacidad de motivación y dirección de Ivkovic, de la experiencia de los tres ‘viejos’ de esta selección y del inagotable talento y los extraordinarios resultados del método de trabajo de la cantera balcánica. Ya en 2009, con un equipo formado por jugadores casi imberbes, se plantaron en la final y derrotaron a la futura campeona, España, en el primer partido.

La tercera plaza del grupo se disputará principalmente entre las otras tres selecciones balcánicas del grupo. Así, Macedonia intentará volver a sorprender con el juego aguerrido y los arranques de talento de Bo McCalebb que le llevaron a las semifinales en 2011. La estructura del equipo sigue siendo la misma, con Pero Antic como segundo espada, y su carácter al saltar a la pista también, aunque puede que el factor sorpresa de hace dos años ya no les valga. Por su parte, Montenegro tendrá que hacer fuerte su juego interior, su principal baza a pesar de la baja de Nikola Pekovic, e intentar minimizar las carencias en el perímetro. Bosnia Herzegovina parece el rival más débil del grupo balcánico, aunque una buena racha de Mirza Teletovic, máximo anotador del equipo, o el esperado salto de calidad de Nihad Djedovic podrían dar alguna que otra sorpresa a sus contendientes, todo ello al ritmo que marque el base nacionalizado Zach Wright.

El último contendiente en este grupo es Letonia, que seguramente sea uno de los sacrificados en la primera fase. Sin Andris Biedrins, jugador en franca decadencia en su carrera NBA, el juego letón resulta un tanto previsible, siempre buscando a Kaspars Berzins en el interior o a Janis Blums en el exterior. La sorpresa puede llegar de la mano de Janis Strelnieks, un base joven que ganará protagonismo en la rotación y que puede intentar imprimir algo de frescura al juego de su selección.

Grupo C
Se prevé que España sea el dominador de este grupo. Sin Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, líderes sobre la pista de este equipo, le toca a sus sustitutos naturales dar un paso adelante. Marc Gasol ya lo está haciendo, a pesar de que su juego no es tan efectivo en ataque como el de su hermano, aunque sí más dado a la ayuda a los compañeros en ambos lados de la pista. Rudy Fernández, por su parte, no termina de ser el jugador total al que se lleva esperando casi un lustro, aunque sin duda cumple con buena actitud defensiva y rachas irregulares de acierto anotador, quizás el mayor de los problemas que puede presentar la selección. Y es que, salvo por la sobriedad de José Manuel Calderón, el ordenado caos de Sergio Rodríguez, en ocasiones malinterpretado por sus compañeros, y las aportaciones ocasionales de Álex Mumbrú y Fernando San Emeterio, el juego de España en ocasiones parece abocado a las ráfagas de inspiración de los jugadores. Ricky Rubio puede parecer el mejor base del mundo o un aprendiz con apenas unos segundos de diferencia, Sergi Llull rema muy bien a favor de corriente pero le falta cierto carácter para echarse el equipo a las espaldas en momentos malos, Germán Gabriel necesita más minutos de los que va a disponer para ofrecer lo mejor de su juego y Víctor Claver sigue haciendo esperar su mejor versión, esa que se deduce de sus inmejorables condiciones para este deporte pero que, quizás por falta de sangre competitiva, nunca se ha llegado a ver.

Croacia y Eslovenia se encuentran en un punto de inflexión importante. Por un lado, los dálmatas parecen presentar un equipo sin demasiadas fisuras por primera vez desde los tiempos gloriosos de Petrovic, Kukoc y Radja, aunque evidentemente este nivel es difícil de alcanzar. En esta ocasión, el referente interior es Ante Tomic, muy mejorado después de su primera temporada en Barcelona, mientras que la amenaza exterior pasa por Roko Leni Ukic, todo ello con la inestimable ayuda de Bojan Bogdanovic, que puede ejercer como jugador total desde la posición de alero. Además, la rotación no se antoja precisamente corta, por lo que jugadores como Luka Zoric, Luksa Andric y Damir Markota en la pintura y Dontaye Draper y Krunoslav Simon en el perímetro van a ser de gran ayuda en el conjunto de Jasmin Repesa.

Eslovenia, por su parte, está viendo como una de sus generaciones de más calidad va envejeciendo. Beno Udrih renuncia a la selección, como suele ser habitual, pero Maljkovic no podía contar a priori con la baja de Erazem Lorbek, una de las referencias dentro del vestuario y encima del parqué. De este modo, Goran Dragic marcará el estado de salud del juego esloveno, siempre apoyado por jugadores con oficio, como Jaka Lakovic y Uros Slokar, y el genio y la polivalencia de Bostjan Nachbar. En la pintura, un importante termómetro de hasta donde puede llegar Eslovenia en las eliminatorias está en las actuaciones de Mirza Begic, que debe demostrar que está a la altura del contrato que acaba de firmar.

El grupo se completa con una República Checa aún inmersa en un relevo generacional entre los veteranos Jiri Welsch y Lubos Barton, que han mutado su papel en el equipo con el paso de los años, y los jóvenes Tomas Satoransky y Jan Vesely, la estrela absoluta de este combinado; una Polonia que intentará imponer los centímetros y la fuerza de jugadores como Maciej Lampe, Marcin Gortat y Michal Ignerski y saber usar con moderación los arrebatos anotadores del nacionalizado Thomas Kelati, y una Georgia que cuenta con jugadores desequilibrantes, como Manuchar Markoishvili y Ricky Hickman, y con oficio, como Victor Sanikidze y Giorgi Shermadini.

Grupo D
El último grupo es el de las incógnitas. Quitando a las dos selecciones nórdicas, Finlandia y Suecia, los otros cuatro equipos tienen posibilidades de hacerse un hueco en la segunda ronda e, incluso, en las eliminatorias, aunque deberán sobreponerse a diferentes problemas, desde las bajas que afectan a la gran mayoría de selecciones a periodios históricos difíciles en sus federaciones.

Parece que Grecia parte con cierta ventaja en este grupo. Hace ya varios campeonatos que no pueden contar con dos de las joyas más brillantes de su última generación dorada, Theo Papaloukas y Dimitris Diamantidis, por lo que se han habituado sobradamente a jugar sin ellos. El mariscal de campo es, sin duda, Vassilis Spanoulis, que se verá rodeado de un buen grupo de jugadores cumplidores y experimentados. Ioannis Boroussis será el referente en la pintura, donde también se darán cita Kaimakoglou, Mavrokefalidis, Printezis y Fotsis, mientras que por fuera estarán Michael Bramos como tirador especialista y Kostas Papanikolau y Stratos Perperoglou poniendo intensidad a ambos lados de la pista. Su principal defecto puede ser una cierta improvisación en algunos momentos del partido, mientras que uno de sus puntos fuertes será su competitividad sin límites, que hace que nunca dejen de agarrarse a la pista.

Turquía y Rusia parecen claros candidatos a pasar a la segunda ronda, aunque afrontan situaciones comprometidas. En el casi de los otomanos, el segundo puesto en el MundoBasket de 2010 queda ya lejano y, a pesar de poder contar con sus principales estrellas, no parece un equipo tan temible como en anteriores ocasiones, sobre todo al haber perdido algunas piezas de cierto valor en los puestos de base y escolta. Ersan Ilyasova deberá dar un paso al frente, ya que Hedo Turkoglu ya no está para liderar el ataque durante todo el partido. Su sucesor natural, Emir Preldzic, también deberá dar un golpe sobre la mesa. Por dentro, centímetros y mala lecha hay de sobra, con jugadores como Omer Asik, Semih Erden, Oguz Savas y Kerem Gonlum.

La situación de Rusia parece aún mas complicada por la dimensión de sus bajas, sobre todo en la pintura (Kirilenko, Khryapa, Mozgof, Kaun), y por el rocambolesco caso vivido pro su federación y su cuerpo técnico, con la dimisión prácticamente obligada de Fotis Katsikaris a apenas unos días de la concentración. Sea como fuera, el equipo cuenta con algunos de los jugadores que fueron importantes para la consecución de la medalla de bronce en los JJ.OO. de Londres, tales como el talentoso base Alexey Shved, el tirador impenitente Vitali Fridzon o la polivalente figura de Sergey Monya. Las ausencias hacen un poco más complicada la alineación interior, para la que se ha recuperado a un viejo rockero, Alexey Savrasenko.

De este río revuelto puede beneficiarse Italia. Su momento no es el mejor, con dos de sus principales estrellas, Andrea Bargnani y Danilo Gallinari, en el dique seco por lesión y a la espera de la llegada de la prometedora generación de Amadeo Della Valle, campeona del Europeo Sub20 de este mismo año. De este modo, Marco Bellinelli queda como único capitán del barco, y no lo tendrá fácil en un equipo que también acusará algunas bajas no NBA. Para ayudarle, el base nacionalizado Travis Diener, el alero Luigi Datome y, por dentro, Marco Cusin.

Completan el grupo las dos selecciones nórdicas, que pocas opciones tienen de pasar a la siguiente ronda, salvo que consigan dar alguna sorpresa a estos equipos en dificultades. Suecia parte con Jonas Jerebko como estrella indiscutible, aunque tendrá que dejar algo de brillo para el joven alero Jeffery Taylor. Finlandia, por su parte, confiará en la creatividad en ataque de Peteri Koponen, que estará bien secundado en la dirección por Teemu Rannikko. Por dentro, gran parte de los minutos y de los balones serán para el nacionalizado Gerld Lee, que tendrá la ayuda del veteranísimo Hanno Möttölä.

Enlaces de interés:
Toda la información oficial del torneo, en la página www.eurobasket2013.org

lunes, 19 de noviembre de 2012

La corona de Europa, en juego

La suerte está echada para el próximo Eurobasket, que se celebrará en Eslovenia en el mes de septiembre de 2013, para el que ya se han designado los grupos de la primera fase de la competición. Son muchos los equipos que acuden a esta cita con el fin de alzarse como el mejor equipo nacional del continente, convirtiendo el torneo en uno de los más abiertos de los últimos tiempos. España, que seguramente bajará el nivel de su plantilla ante el cansancio de sus jugadores NBA y la segura clasificación para el Mundobasket de 2014 en condición de organizador, tratará de reeditar el título, aunque otras selecciones como Rusia, plagada de talento y centímetros; Serbia, ante la enésima reválida de la generación que deslumbró en 2009, y Eslovenia, que tratará de aprovechar el factor cancha, también se unen al grupo de favoritos, junto a otros equipos tradicionalmente competitivos como Lituania, Francia, Croacia o Turquía.

En el grupo A, Francia, con su elenco de jugadores NBA y su derroche de poderío físico, no deberá pasar demasiados problemas para alcanzar la segunda fase. Un equipo que, potencialmente, podrá contar con Parker, De Colo, Noah, Diaw, Turiaf, Pietrus, Gelabale, Batum y Seraphin, entre otros, se presenta como un hueso duro de roer en na liguilla en la que Ucrania, liderada por Sergey Gladyr y el nacionalizado Steven Burtt, y Bélgica, de Van Rossom, Tabu-Ebome y De Zeeuw, parecen las selecciones más débiles. La lucha por los otros dos puestos que dan paso a la siguiente ronda del torneo se decidirá en la competencia entre Alemania, que deberá iniciar un relevo generacional apoyada en el liderazgo de Dirk Nowitzki y Chris Kaman; Gran Bretaña, con Luol Deng y un potente juego interior como principales baluartes, e Israel, con ganas de demostrar lo que pueden dar de sí jugadores como Casspi, Ohayon, Halperin o Eliyahu.

El grupo B destaca por contener únicamente equipos balcánicos y bálticos, zonas de gran tradición baloncestística. Lituania deberá confeccionar un equipo que medie entre la veteranía de su brillante pasado reciente y las nuevas generaciones, aunque no le van faltar nombres como Martynas Pocius, Ssarunas Jasikevicius, Mantas Kalnietis, Jonas Valanciunas, Paulius Jankunas o Tomas Delininkaitis para conformar un equipo con ciertas garantías. Serbia, por su parte, está obligada a dar un paso adelante después de su errático paso por el torneo de clasificación con el fin de demostrar la valía de una generación que cuenta con jugadores de la talla de Nenad Krstic, Teodosic, Dusko Savanovic, Milenko Tepic, Novica Velickovic, Nemanja Bjelica o Marko Keselj. La competencia para los dos favoritos llegará del lado de Macedonia, que intentará repetir el buen campeonato de 2011 de la mano de Bo McCalleb y pero Antic, bien escoltados por los hermanos Stojanovski, el veterano Vlado Ilievski y el ‘gigante’ Samardziski; de Bosnia, que pretende meterse en el olimpo de los grandes equipos europeos, a la altura del resto de selecciones balcánicas, gracias a la progresión de jóvenes como Nihad Dedovic, estrellas como Mirza Teletovic y aportaciones extranjeras como Zachary Wright, y de Montenegro, que cuenta con jugadores batalladores como Vladimir Dasic, Milko Bjelica, Bojan Dubljevic y el base norteamericano Taylor Rochestie, y se encuentra a la espera de que Nicola Mirotic pudiera decidirse por vestir la camiseta de su país de nacimiento ante las dificultades de tener un hueco en la selección española. El sexto equipo en liza es Letonia, que contará con Kaspars Berzins y Dairis Bertrans como principales referencias.

En el grupo C, España tendrá que demostrar que es una de las favoritas para repetir la corona continental. Sin embargo, la clasificación ya conseguida para el Mundobasket de 2014 y la veteranía de gran parte de la plantilla seguramente haga que muchos de los principales baluartes del equipo, sobre todo los NBA Pau Gasol y José Manuel Calderón, y Juan Carlos Navarro por sus frecuentes problemas físicos, se queden en casa en esta cita. A falta de confirmar más bajas de otros jugadores NBA, serán Rudy Fernández y Marc Gasol los encargados de liderar la selección de Scariolo, obligando a dar un paso adelante a jugadores como Sergio Llull, Ricky Rubio o Victor Claver. La principal competencia de España será Eslovenia, que quiere aprovechar su condición de anfitrión para certificar su puesto en la clase alta del baloncesto europeo. Para ello, intentará contar con todas sus estrellas, como Goran Dragic, Jaka Lakovic, Erazem Lorbek y Uros Slokar, entre otros. Croacia también se presenta en este grupo con el fin de demostrar que su siempre productiva cantera sigue en forma, por lo que se prevé que el equipo cuente con efectivos de la talla de Luka Bogdanovic, Roko Leni Ukic, Krunoslav Simon, Lka Andric o Zoran Planinic. El grupo lo completan tres selecciones duispuesta a dar la sorpresa: una Polonia que tirará de centímetros y potencia física con Gortat, Ignerski y, posiblemente, Lampe; la veterana República Checa, que aún confía en jugadores como Jiri Welsch y Lubos Barton mientras introduce jóvenes talentos como Satoranski, Jelinek o Pumprla, y Georgia, que se presentará con un elenco de nombres como Pachulia, Makroishvili, Shermadini o Sanikidze.

El grupo`D destaca por la presencia de dos equipos nórdicos, Finlandia, con Koponen, Huff y Lee, y Suecia, con su estrella Jonas Jerebko. Sin embargo, no parece que estos dos equipos sean los que vayan a hacer temblar a Rusia, principal favorita de la liguilla gracias a la generación de los Kirilenko, Shved, Khryapa, Mozgov, Fridzon y Monya. Turquía intentará repetir el resultado del Mundobasket de 2010 con jugadores como Erden, Preldzic o Gonlum, si bien se verá obligado a una cierta renovación de los jugadores más veteranos de su plantilla, mientras que Grecia también intentará competir con una escuadra de garantías en la liguilla, reponiéndose a la ausencia de Diamantidis gracias a Spanoulis y otros jugadores más jóvenes como Papanikolau, Bramos, Zisis o Calathes. El grupo lo completa Italia, cuyos jugadores de experiencia NBA, Gallinari, Belinelli y Bargnani marcarán las posibilidades de una selección que ha ido perdiendo en competitividad desde su medalla de plata en los Juegos Olímpicos de 2004.