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martes, 3 de septiembre de 2013

Los ‘segundones’, a sacar brillo a la Corona de Europa

El EuroBasket de Eslovenia decidirá, como ocurre cada dos años, cual es la cantera europea de jugadores de baloncesto más en forma del momento. Sin embargo, las lesiones, la veteranía y los contratos NBA, entre otros motivos, han hecho que esta sea una de las ediciones del campeonato de selecciones con mayor número de bajas de renombre. De este modo, muchos de los equipos han tenido que rehacer sus esquemas, replantear sus expectativas y dar una vuelta de tuerca a su libro de jugadas, ya que, en muchos casos, serán los ‘segundones’, jugadores que otrora ocuparan un rol menos protagonista o jóvenes talentos en busca de su confirmación, quienes tendrán que tomar las riendas de sus equipos y reivindicar el brillo de la Corona de Europa, empañado sobre el papel por la cantidad y la entidad de las ausencias anunciadas.

Antes de que se lance el balón al aire, y a pesar de que las selecciones más potentes son las que más bajas de renombre presentan, apenas un pequeño grupo de equipos parece lo suficientemente fuerte, ya sea por juego, plantilla o dinámica en los últimos campeonatos, como para luchar por las medallas. España, como defensora del título y a pesar de que los MVP de los pasados EuroBasket, Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, no sean de la partida, y Francia, uno de los equipos más físicos y finalista hace dos años, son los que parten con más posibilidades, aunque la habitual competitividad de las escuadras griega y lituana puede acercar el oro a estos lugares. Además, Eslovenia puede intentar estrenarse en el medallero de la competición aprovechando su condición de anfitrión, mientras que Croacia parece estar lista para poner fin a su continua reconstrucción y a la sequía de perseas que dura ya desde 1995. La siempre competitiva Grecia también llega dispuesta a plantar batalla con un equipo que incluye a varios de los dominadores de las dos últimas ediciones de la Euroliga y una plantilla de jugadores batalladores y con oficio.

Los equipos. Grupo A
Francia se presenta en esta ocasión con un equipo algo mermado en lo que a su juego interior se refiere, aunque no parece que las piezas de recambio vayan a reducir mucho la capacidad atlética y las posibilidades de juego rápido y con alternativas en el ataque. Sin Joakim Noah, Kevin Seraphin, Ali Traoré, Ronnie Turiaf y Ian Mahinmi, la pintura será organizada por el capitán, Boris Diaw, que será el encargado de moldear a los ‘nuevos’ (Alex Ajinça, Joffrey Lauvergne y Johan Petro) para que puedan desempeñar las funciones de los que ahora faltan. Los líderes sobre la pista estarán, sin embargo, fuera de la línea de tres puntos, con Tony Parker como catalizador principal del juego, Mickael Gelabale y Nicolas Batum aprovechando su superioridad física en ambos lados de la cancha y Nando de Colo como referencia indiscutible de una segunda unidad francesa, que contará con la dirección de Thomas Heurtel y el músculo de Florent Pietrus y de Charles Kahudi.

El caso de las bajas se ceba especialmente con el equipo de Gran Bretaña, ya que gran parte de sus posibilidades de mejorar en algo su anterior participación pasaban por la presencia de Luol Deng y de un juego interior nada desdeñable con jugadores como Joel Freeland, Pops Mensah-Bonsu y, en menor medida, el retirado Robert Archibald y el lesionado Daniel Clark. Devon Van Oostrum y Kieron Achara tratarán de echarse a la espalda un equipo que, a priori, no cuenta con los mimbres necesarios para competir en condiciones.

Tal y como ocurre en el caso británico, las exiguas posibilidades de llegar a algo de una selección de Alemania cada vez más mermada pasaban por la participación de sus jugadores NBA. Pero sin Dirk Nowitzki ni Chris Kaman y una plantilla cada vez más renovada debido a la retirada de algunos viejos rockeros que protagonizaron los buenos resultados de la década anterior, los germanos no han de hacerse muchas ilusiones. Se trata de un equipo joven y muy voluntarioso, pero al que le falta algo de velocidad a la hora de ejecutar los sistemas y algunas de esas pillerías que te dan los años. Heiko Schaffartzik, seguramente desplazado a la posición de escolta para aprovechar su capacidad anotadora, y Tibor Pleiss en la pintura serán las dos referencias de un equipo que puede dar alguna alegría a su país en los próximos años (y una muy grande si la cantera teutona alumbrara un nuevo Nowitzki).

Tanto Ucrania como Bélgica pueden conformarse con el premio de estar incluidas en el torneo final del Eurobasket, aunque el nivel de clase media-baja del grupo puede hacer que se cuelen en la segunda ronda. Los bálticos se presentan con la intención de correr o, al menos, jugar lo más rápido posible. Para ello, cuenta con el nacionalizado Pooh Jeter, que dirigirá el juego de los ucranianos, y el tirador impenitente Sergii Gladyr, máximo anotador del equipo, aunque adolece de bajas en un juego interior que, ya de por sí, no era demasiado impresionante. Los belgas, por su parte, dejarán el juego en manos de Axel Hervelle, Maxime De Zeeuw y Sam Van Rossom, aportando pocas alternativas más, aunque puede que suficiente para asustar a alguno de los equipos del grupo.

Israel es la principal incógnita del grupo. Por nombres, esta plantilla no debería tener ningún problema para pasar la primera ronda y, una vez en el segundo grupo, empezar a soñar con meterse en las eliminatorias. Sin embargo, la endeblez de su juego, una cierta improvisación en sus formas y un juego interior bastante corto pueden hacer florecer las dudas, sobre todo si aparece alguna derrota inesperada. Omar Casspi está llamado a ser la referencia en un equipo en el que Yogev Ohayon dirige, el nacionalizado Alex Tyus guarda la pintura, Guy Pnini tira y Lior Eliyahu se reserva los momentos de inspiración.

Grupo B
Lituania y Serbia son las dos selecciones que deberían dominar este grupo, si bien cada una de ellas se encuentra en un momento distinto. Los bálticos presentan a sus estrellas con cartel NBA y generosas en centímetros, Linas Kleiza, Donatas Montejunas y Jonas Valanciunas, como principales baluartes, junto a un equipo en el que hay unas cuantas caras nuevas, algunas piezas talentosas con experiencia y peso en la selección, como Mantas Kalnietis y Martynas Pocius, y un frontcourt curtido en mil batallas, con los hermanos Lavrinovic y Robertas Javtokas. Puede echarse de menos ese liderazgo, más ‘mediterráneo’ que báltico, de Sarunas Jasikevicius, sobre todo en momentos de cierto atasco, así como la veteranía de otros habituales, aunque nadie puede dudar de la competitividad y la tradición baloncestística de Lituania, siempre seria y aspirante a todo.

El caso de los balcánicos es distinto. El seleccionador Dusan Ivkovic ha iniciado el enésimo relevo generacional de Serbia. Nenad Krstic es el jugador con más galones y gran parte del juego orbitará a su alrededor, mientras que Stefan Markovic y Nemanja Bjelica tendrán que dar un paso al frente dentro de la comandancia de la selección. Y es que, con una convocatoria de jugadores de entre 19 y 22 años, las bajas repentinas de Vladimir Lucic y Milos Teodosic parecen un poco más graves. A pesar de que el potencial de la selección parece reducirse si se compara con las plantillas de otros campeonatos, que contaban con piezas muy versátiles como Marko Keselj, Novica Velickovic o Dusko Savanovic, no hay que dudar de la capacidad de motivación y dirección de Ivkovic, de la experiencia de los tres ‘viejos’ de esta selección y del inagotable talento y los extraordinarios resultados del método de trabajo de la cantera balcánica. Ya en 2009, con un equipo formado por jugadores casi imberbes, se plantaron en la final y derrotaron a la futura campeona, España, en el primer partido.

La tercera plaza del grupo se disputará principalmente entre las otras tres selecciones balcánicas del grupo. Así, Macedonia intentará volver a sorprender con el juego aguerrido y los arranques de talento de Bo McCalebb que le llevaron a las semifinales en 2011. La estructura del equipo sigue siendo la misma, con Pero Antic como segundo espada, y su carácter al saltar a la pista también, aunque puede que el factor sorpresa de hace dos años ya no les valga. Por su parte, Montenegro tendrá que hacer fuerte su juego interior, su principal baza a pesar de la baja de Nikola Pekovic, e intentar minimizar las carencias en el perímetro. Bosnia Herzegovina parece el rival más débil del grupo balcánico, aunque una buena racha de Mirza Teletovic, máximo anotador del equipo, o el esperado salto de calidad de Nihad Djedovic podrían dar alguna que otra sorpresa a sus contendientes, todo ello al ritmo que marque el base nacionalizado Zach Wright.

El último contendiente en este grupo es Letonia, que seguramente sea uno de los sacrificados en la primera fase. Sin Andris Biedrins, jugador en franca decadencia en su carrera NBA, el juego letón resulta un tanto previsible, siempre buscando a Kaspars Berzins en el interior o a Janis Blums en el exterior. La sorpresa puede llegar de la mano de Janis Strelnieks, un base joven que ganará protagonismo en la rotación y que puede intentar imprimir algo de frescura al juego de su selección.

Grupo C
Se prevé que España sea el dominador de este grupo. Sin Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, líderes sobre la pista de este equipo, le toca a sus sustitutos naturales dar un paso adelante. Marc Gasol ya lo está haciendo, a pesar de que su juego no es tan efectivo en ataque como el de su hermano, aunque sí más dado a la ayuda a los compañeros en ambos lados de la pista. Rudy Fernández, por su parte, no termina de ser el jugador total al que se lleva esperando casi un lustro, aunque sin duda cumple con buena actitud defensiva y rachas irregulares de acierto anotador, quizás el mayor de los problemas que puede presentar la selección. Y es que, salvo por la sobriedad de José Manuel Calderón, el ordenado caos de Sergio Rodríguez, en ocasiones malinterpretado por sus compañeros, y las aportaciones ocasionales de Álex Mumbrú y Fernando San Emeterio, el juego de España en ocasiones parece abocado a las ráfagas de inspiración de los jugadores. Ricky Rubio puede parecer el mejor base del mundo o un aprendiz con apenas unos segundos de diferencia, Sergi Llull rema muy bien a favor de corriente pero le falta cierto carácter para echarse el equipo a las espaldas en momentos malos, Germán Gabriel necesita más minutos de los que va a disponer para ofrecer lo mejor de su juego y Víctor Claver sigue haciendo esperar su mejor versión, esa que se deduce de sus inmejorables condiciones para este deporte pero que, quizás por falta de sangre competitiva, nunca se ha llegado a ver.

Croacia y Eslovenia se encuentran en un punto de inflexión importante. Por un lado, los dálmatas parecen presentar un equipo sin demasiadas fisuras por primera vez desde los tiempos gloriosos de Petrovic, Kukoc y Radja, aunque evidentemente este nivel es difícil de alcanzar. En esta ocasión, el referente interior es Ante Tomic, muy mejorado después de su primera temporada en Barcelona, mientras que la amenaza exterior pasa por Roko Leni Ukic, todo ello con la inestimable ayuda de Bojan Bogdanovic, que puede ejercer como jugador total desde la posición de alero. Además, la rotación no se antoja precisamente corta, por lo que jugadores como Luka Zoric, Luksa Andric y Damir Markota en la pintura y Dontaye Draper y Krunoslav Simon en el perímetro van a ser de gran ayuda en el conjunto de Jasmin Repesa.

Eslovenia, por su parte, está viendo como una de sus generaciones de más calidad va envejeciendo. Beno Udrih renuncia a la selección, como suele ser habitual, pero Maljkovic no podía contar a priori con la baja de Erazem Lorbek, una de las referencias dentro del vestuario y encima del parqué. De este modo, Goran Dragic marcará el estado de salud del juego esloveno, siempre apoyado por jugadores con oficio, como Jaka Lakovic y Uros Slokar, y el genio y la polivalencia de Bostjan Nachbar. En la pintura, un importante termómetro de hasta donde puede llegar Eslovenia en las eliminatorias está en las actuaciones de Mirza Begic, que debe demostrar que está a la altura del contrato que acaba de firmar.

El grupo se completa con una República Checa aún inmersa en un relevo generacional entre los veteranos Jiri Welsch y Lubos Barton, que han mutado su papel en el equipo con el paso de los años, y los jóvenes Tomas Satoransky y Jan Vesely, la estrela absoluta de este combinado; una Polonia que intentará imponer los centímetros y la fuerza de jugadores como Maciej Lampe, Marcin Gortat y Michal Ignerski y saber usar con moderación los arrebatos anotadores del nacionalizado Thomas Kelati, y una Georgia que cuenta con jugadores desequilibrantes, como Manuchar Markoishvili y Ricky Hickman, y con oficio, como Victor Sanikidze y Giorgi Shermadini.

Grupo D
El último grupo es el de las incógnitas. Quitando a las dos selecciones nórdicas, Finlandia y Suecia, los otros cuatro equipos tienen posibilidades de hacerse un hueco en la segunda ronda e, incluso, en las eliminatorias, aunque deberán sobreponerse a diferentes problemas, desde las bajas que afectan a la gran mayoría de selecciones a periodios históricos difíciles en sus federaciones.

Parece que Grecia parte con cierta ventaja en este grupo. Hace ya varios campeonatos que no pueden contar con dos de las joyas más brillantes de su última generación dorada, Theo Papaloukas y Dimitris Diamantidis, por lo que se han habituado sobradamente a jugar sin ellos. El mariscal de campo es, sin duda, Vassilis Spanoulis, que se verá rodeado de un buen grupo de jugadores cumplidores y experimentados. Ioannis Boroussis será el referente en la pintura, donde también se darán cita Kaimakoglou, Mavrokefalidis, Printezis y Fotsis, mientras que por fuera estarán Michael Bramos como tirador especialista y Kostas Papanikolau y Stratos Perperoglou poniendo intensidad a ambos lados de la pista. Su principal defecto puede ser una cierta improvisación en algunos momentos del partido, mientras que uno de sus puntos fuertes será su competitividad sin límites, que hace que nunca dejen de agarrarse a la pista.

Turquía y Rusia parecen claros candidatos a pasar a la segunda ronda, aunque afrontan situaciones comprometidas. En el casi de los otomanos, el segundo puesto en el MundoBasket de 2010 queda ya lejano y, a pesar de poder contar con sus principales estrellas, no parece un equipo tan temible como en anteriores ocasiones, sobre todo al haber perdido algunas piezas de cierto valor en los puestos de base y escolta. Ersan Ilyasova deberá dar un paso al frente, ya que Hedo Turkoglu ya no está para liderar el ataque durante todo el partido. Su sucesor natural, Emir Preldzic, también deberá dar un golpe sobre la mesa. Por dentro, centímetros y mala lecha hay de sobra, con jugadores como Omer Asik, Semih Erden, Oguz Savas y Kerem Gonlum.

La situación de Rusia parece aún mas complicada por la dimensión de sus bajas, sobre todo en la pintura (Kirilenko, Khryapa, Mozgof, Kaun), y por el rocambolesco caso vivido pro su federación y su cuerpo técnico, con la dimisión prácticamente obligada de Fotis Katsikaris a apenas unos días de la concentración. Sea como fuera, el equipo cuenta con algunos de los jugadores que fueron importantes para la consecución de la medalla de bronce en los JJ.OO. de Londres, tales como el talentoso base Alexey Shved, el tirador impenitente Vitali Fridzon o la polivalente figura de Sergey Monya. Las ausencias hacen un poco más complicada la alineación interior, para la que se ha recuperado a un viejo rockero, Alexey Savrasenko.

De este río revuelto puede beneficiarse Italia. Su momento no es el mejor, con dos de sus principales estrellas, Andrea Bargnani y Danilo Gallinari, en el dique seco por lesión y a la espera de la llegada de la prometedora generación de Amadeo Della Valle, campeona del Europeo Sub20 de este mismo año. De este modo, Marco Bellinelli queda como único capitán del barco, y no lo tendrá fácil en un equipo que también acusará algunas bajas no NBA. Para ayudarle, el base nacionalizado Travis Diener, el alero Luigi Datome y, por dentro, Marco Cusin.

Completan el grupo las dos selecciones nórdicas, que pocas opciones tienen de pasar a la siguiente ronda, salvo que consigan dar alguna sorpresa a estos equipos en dificultades. Suecia parte con Jonas Jerebko como estrella indiscutible, aunque tendrá que dejar algo de brillo para el joven alero Jeffery Taylor. Finlandia, por su parte, confiará en la creatividad en ataque de Peteri Koponen, que estará bien secundado en la dirección por Teemu Rannikko. Por dentro, gran parte de los minutos y de los balones serán para el nacionalizado Gerld Lee, que tendrá la ayuda del veteranísimo Hanno Möttölä.

Enlaces de interés:
Toda la información oficial del torneo, en la página www.eurobasket2013.org

miércoles, 29 de agosto de 2012

Ascenso y caída de la ‘kosarka'

La noche del 27 de junio de 1991, Jure Zdovc abandonaba el hotel de Roma en el que la selección yugoslava de baloncesto se concentraba durante el Eurobasket de la ciudad eterna. Lo hacía antes de tiempo, sin entender muy bien las razones y rumbo a su Eslovenia natal, declarada estado independiente apenas unos días antes. Esta importante baja, tanto por el peso del jugador dentro de la cancha como por su papel como parte del grupo, no fue óbice para que la representazija se impusiese a Francia y a Italia para volver con la medalla de oro al cuello, pero significó el preludio de una ‘muerte anunciada’, la de una impresionante generación baloncestística que, a partir de entonces, no volvería a competir bajo la misma bandera.

Tres años de oro
En aquel equipo que se subió a lo alto del podio en Roma se encuentran algunos de los jugadores que dominaron el panorama continental durante la siguiente década, algunas de las más rutilantes estrellas europeas de la NBA y algunos ídolos de los últimos años de los ochenta. Nombres como Toni Kukoc, Dino Radja, Drazen Petrovic, Vlade Divac, Sasha Djorjevic, Pedrag Danilovic o Zarko Paspalj habían ido configurando una escuadra de ensueño, protagonista de un juego espectacular con multitud de posibilidades y capaz de adaptarse a cualquier circunstancia de partido, un elenco de artistas que se mostraban superiores a cualquier rival tanto por talento como por físico. Un baloncesto destinado a renovar las anquilosadas estructuras de las selecciones europeas, dominadas por el juego físico y previsible de la URSS durante demasiados años, si bien apenas pudieron verse los primeros compases de esta sinfonía debido a las tensiones nacionalistas y a los posteriores procesos bélicos que dividieron Yugoslavia en cinco repúblicas independientes en el primer lustro de los años 90.

El éxito de Roma, conseguido con una superioridad casi aplastante (ganando todos los partidos, salvo el primero, por al menos 15 puntos), no era una casualidad, sino que la escuadra plavi había iniciado una deslumbrante racha de éxitos, primero en categorías de formación y, más tarde, en campeonatos absolutos gracias a la irrupción de una generación de jóvenes talentos destinados a completar el genio competitivo de Petrovic. De este modo, el Eurobasket de Zagreb de 1989 supuso un paseo militar para el equipo dirigido por Dusan Ivkovic, con un juego alegre y dado al contraataque y las posesiones cortas pero efectivas, apoyado en una defensa intensa e incansable. Un año después, la selección yugoslava también gana con contundencia el Mundial de Argentina, esta vez con un baloncesto algo más lento, pero igualmente efectivo, dada las bajas de jugadores como Djorjevic o Radja. Con anterioridad, y ya incluyendo algunos jugadores de la nueva generación aunque aún con Petrovic como líder y referencia indiscutible, Yugoslavia se había hecho con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl’88, además del bronce en el Europeo de Atenas en 1987 y en el Mundial de España de 1986, campeonatos con menor peso de los jóvenes talentos y dirigidos por Kresimir Cosic.

Sin embargo, gran parte de los jugadores venían pisando fuerte desde muchos años antes. Bajo las órdenes de Svetislav Pesic en categoría junior y en campeonatos anteriores en campeonatos juveniles, gran parte de esta plantilla, jugadores como Paspalj, Kukoc, Divac, Radja o Arijan Komazec tenían una larga colección de oros. Una larga consecución de éxitos que hacía prever que la década de los 90 tendría la bandera yugoslava en lo alto del podio en todos los torneos internacionales de baloncesto.

La marcha de Zdovc por orden ministerial en 1991 se unía a la polémica generada en la celebración del campeonato mundial de 1990, cuando Divac arrebató a un seguidor una bandera croata y la lanzó al suelo, como las claras muestras de que aquella generación dorada que se había ido gestando durante varios veranos de concentraciones y campeonatos en diferentes categorías, aquella que apenas había mostrado sus primeros destellos, iba a desaparecer por la desintegración política de Yugoslavia. Una medalla de oro al cuello servía de despedida para un sueño deportivo del que estos jugadores se habían despertado por cuestiones ajenas al juego de la ‘pelota gorda’.

Después de la explosión
La declaración de independencia de Eslovenia fue seguida inmediatamente por la de Croacia, iniciando un proceso de tensiones diplomáticas y de guerra entre las diferentes repúblicas tendentes a la escisión. Si políticamente la creación de los nuevos países era aceptada con mayores o menores reparos por la comunidad internacional, la gestión deportiva no iba a ser menos y las naciones recién independizadas pronto presentaron sus combinados a los torneos internacionales.

Yugoslavia, que entonces se correspondía con las repúblicas federales de Serbia y Montenegro y las provincias autónomas de Kosovo y Vojvodina, disputando además territorios de Croacia y Bosnia, que fue vetada de las competiciones deportivas internaciones entre 1992 y 1994 por mandato de la ONU como castigo por la represión armada de los procesos nacionalistas, si bien el resto de países sí presentaron sus equipos y deportistas a los torneos de los siguientes años, como los Juegos Olímpicos de Barcelona’92.

En este panorama, la primera de las nuevas selecciones en reverdecer los laureles de la ya extinta Yugoslavia unida fue Croacia, que consiguió una meritoria medalla de plata en los JJOO de 1992. Frente al Dream Team de Estados Unidos, el primer equipo con jugadores NBA que compitió en un torneo internacional, el brillo de jugadores como Kukoc, Petrovic, Komazec o Radja, la mitad de la generación dorada, no fue suficiente, si bien su segundo puesto fue logrado con una clara superioridad sobre la mayor parte de los rivales. Aún con la guerra en marcha, y a pesar del golpe que supuso la muerte de Petrovic, el equipo dálmata consiguió prolongar resultados razonablemente buenos en las siguientes citas internacionales, mientras duró la gran generación. De este modo, consiguió las medallas de bronce en los Eurobasket de 1993 y 1995, ganados por Alemania y la nueva Yugoslavia, y en el Mundial de 1994, con Estados Unidos como campeón. Desde entonces, y a pesar de que la cantera croata, al igual que la del resto de países balcánicos no ha dejado de generar buenos jugadores, los dálmatas no han repetido éxito, a pesar de no haberse perdido ninguna de las grandes citas continentales y haber competido en los JJOO de Pekín’08 y en el Mundial de 2010, ahora con jugadores como Marko Tomas, Zoran Planinic, Gordan Giricek, Damir Mulaomerovic o Nikola Vujcic.

Una vez cumplida la sanción de la ONU, la federación yugoslava, representada únicamente por los jugadores de Serbia y Montenegro, tuvo un retorno glorioso con siete medallas en ocho años, apurando los jóvenes talentos de los campeonatos de 1989, 1990 y 1991 e incorporando algunas nuevas perlas baloncestísticas con el paso de los años, como Dejan Bodiroga o Pedrag Stojakovic. Su primer torneo internacional, el Eurobasket de 1995, se saldó con una victoria liderada por Divac y Djorjevic y un reflejo de la tensa relación existente debido a la Guerra de los Balcanes, cuando los jugadores croatas abandonaron el podio cuando la selección yugoslava iba a recibir la medalla de oro. La racha victoriosa de los Paspalj, Danilovic, Tomasevic y demás estrellas plavi se prolongó con la plata en los JJOO de Atlanta’96, con una final perdida ante EEUU; nuevos oros en los Eurobasket de 1997 y 2001, el bronce en el campeonato continental de 1999 y las incontestables victorias en los Mundiales de 1998 y, sobre todo, de 2002 en Indianápolis, el último triunfo de los supervivientes de la generación dorada con incorporaciones como Marko Jaric o Igor Rakocevic. 

Tras esta secuencia de éxitos, que le colocan como el principal dominador del baloncesto internacional durante una década, la federación ha perdido su antigua denominación, compitiendo como Serbia y Montenegro hasta 2009 y como Serbia, tras la escisión de la pequeña república balcánica, desde entonces. El mejor resultado de la nueva generación, comandada por Milos Teodosic, Novica Velickovic y Nenad Krstic, entre otros, ha sido la plata conseguida frente a España en el Eurobasket de 2009 y el cuarto puesto en el Mundial de Turquía un año después, eliminando a su verdugo en el campeonato anterior en los cuartos de final.

Peor suerte han corrido el resto de selecciones surgidas de la desaparición de Yugoslavia. Eslovenia, con una mayor tradición baloncestística, sí que ha partiicpado en todos los Eurobasket celebrados desde entonces, así como en dos Mundiales. El nivel competitivo se ha elevado desde mediados de de la primera década del siglo XXI; gracias a jugadores como Goran Dragic, Bostjan Nachbar o Erazem Lorbek, si bien el mejor resultado ha sido el cuarto puesto en el Eurobasket de 2009.

Bosnia Herzegovina y Macedonia siempre han tenido un papel secundario en el baloncesto desde su separación de Yugoslavia. Los bosnios sí que han participado en siete de los diez Eurobasket celebrados desde su fundación, pero su mejor clasificación ha sido caer en cuartos de final, mientras que los macedonios, con apenas tres apariciones en los torneos continentales, sí se han colado en las semifinales para lograr un meritorio cuarto puesto en 2011, gracias en gran parte a la incorporación del norteamericano nacionalizado Bo McCalleb. Por su parte, Montenegro, la última federación en nacer al ser el país más ‘joven’ de los Balcanes, aún no ha tenido opción de defender su bandera en uno de los grandes campeonatos.

Material de interés:
"Sueños robados. El baloncesto yugoslavo", de Juanan Hinojo