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martes, 19 de mayo de 2015

La (im)productividad de la inversión

El refranero español tienen muchos dichos aplicables a aquel que llega precedido por su fama y, posteriormente, decepciona con su rendimiento. La historia clásica de la guerra está llena, asimismo, de ejemplos de estos perros ladradores y poco mordedores, y la expresión moderna de esta épica, el deporte, no le podía ser menos. En el caso que nos ocupa, el baloncesto, hay un ejército temible capitaneado por algunos de los más reputados generales del mundo que, a fuerza de acumular derrotas en las batallas importantes, corre el riesgo de convertirse en uno de esos proyectos fallidos, de esos castillos de naipes que, en apariencia majestuosos, son constatados una y otra vez por sus rivales y no hacen sino caer indefectiblemente. Una temporada más, el siempre deslumbrante proyecto del CSKA de Moscú ha fracasado en su intento de hacerse con la corona europea, la que debiera ser la séptima en su palmarés, y lo ha hecho tropezando en la misma piedra.

En la Final Four de Madrid, el CSKA volvía a presentarse con una hoja de servicios prácticamente inmaculada, como líder de su grupo en ambas rondas y una plantilla de muchos quilates. Dirigidos por Dimitris Itoudis, el equipo parecía un poco más engrasado que en anteriores ediciones. Y es que, tras las incorporaciones de Nando de Colo y Manuchar Markoishvili, Milos Teodosic no se veía en la necesidad de obligarse tanto en ataque, por lo que podía dedicarse a hacer jugar a sus compañeros, mientras que Sonny Weems y Vitaly Fridzon ya tenían bien aprendido cuál era su papel. Además, Victor Khryapa y Shasha Kaun ponían centímetros y experiencia en la pintura, y Andrei Kirilenko apareció, como el eterno hijo pródigo, en la recta final de la temporada para hacer aún más brillante esta plantilla.

Por contra, el resultado ha sido el mismo. Un equipo que, sobre el papel, estaba a años luz del nivel que puede desarrollar el CSKA, en concreto ha vuelto a ser el Olympiakos griego, les ha ganado gracias a todo eso que, normalmente llamado 'intangibles', no se puede comprar con dinero: ganas, capacidad de sufrimiento, concentración, intensidad, respeto al rival... Y un triple lejano de Vasilis Spanoulis en la última jugada.


El origen de la mala suerte
La maldición del CSKA empezó tras la exitosa era de Ettore Messina y Theodoros Papaloukas. Fue con estos dos principales líderes, junto con algunos ejecutores de lujo tales como Trajan Langdon, J. R. Holden, Matjaz Smodis o David Andersen, entre otros, de un proyecto que se alzó con el título de la Euroliga en 2006 y 2008 y vivió apasionantes duelos con el Maccabi de Pini Gershon y el Panathinaikos de Zeljko Obradovic por la supremacía continental.

Con la marcha de estos dos baluartes en 2008 y 2009 y el desmembramiento progresivo del equipo, el CSKA cayó en una pequeña crisis. Si bien en 2009, el equipo del Ejército Rojo alcanzó nuevamente la final continental, sucumbiendo nuevamente frente al equipo griego el trébol, y en 2010, con el experimento de Evgenyi Pashutin en el banquillo, el Barça, a la postre campeón, quien detuvo el camino ruso en el primer partido de la Final Four, la temporada 2010-2011 fue terriblemente aciaga para los rusos. A pesar de que la plantilla no había cambiado demasiado con respecto al año anterior, y con Dusko Vujosevic, entrenador revelación de los últimos años tras un interesante trabajo en Partizán de Belgrado durante casi una década, en el banquillo, el CSKA no logró siquiera superar la primera fase para encaramarse al Top 16, registrando su peor resultado en la Euroliga en todas sus participaciones.

Fue entonces cuando los dólares, siempre presentes en el equipo ruso más importante de todos los deportes desde los tiempos de la planificación totalitaria de todos los ámbitos de la vida en la URSS, hicieron su aparición de forma más evidente que hasta el momento. Se eligió un entrenador con cierta reputación pero sin ínfulas de estrella, Jonas Kazlauskas, y recuperó a Nenad Krstic y Andrei Kirilenko de la NBA aprovechando el 'lockout' patronal y se gastó 10 millones de euros en Milos Teodosic, que se unían a una ya temible familia que incluía a Victor Khryapa, Jamont Gordon, Alexei Shved y Ramunas Siskauskas. El equipo fue tan efectivo como temible hasta el final de la temporada 2011-2012, pero nuevamente adolecieron de una cierta falta de carácter, de un marcado exceso de confianza que hizo que el Olympiakos, bastante mermado con respecto a las plantillas de los años anteriores precisamente por falta de liquidez, les remontara 19 puntos en algo más de diez minutos de juego en la final de la Euroliga, dando además importancia a sus jugadores más jóvenes, como Papanikolau, Mantzaris, Sloukas o Keselj. El semigancho de Printezis en el último segundo queda ya para la historia.

Un paso más atrás
Desde aquella final prácticamente ganada en el minuto 30 de juego y finalmente perdida, el CSKA no ha vuelto a pisar el partido definitivo de la competición continental, aunque sí ha estado presente en las tres Final Four jugadas desde entonces. En la temporada 2012-2013, los rusos quisieron reverdecer laureles a base de hacer retornar a los otrora héroes de sus gestas, pero ni Papaloukas, cansado y casi ejerciendo más de segundo entrenador y consejero de Teodosic que de jugador desequilibrante y brillante en la dirección de juego, ni Ettore Messina, junto con los que también llegaron Vladimir Micov, Zoran Erceg, Aaron Jackson y Sonny Weems, más talento, velocidad y centímetros a un vestuario presuntamente sobrado de todo ello, pudieron con el mismo verdugo un año después.

Para el curso 2013-2014, las novedades fueron Kyle Hines, ala-pívot de corta estatura pero que les había complicado la vida sobremanera a base de colocación e intensidad en los últimos (y dolorosos) duelos con el Olympiakos, y un tirador fiable como Fridzon. Tampoco eran estas las piezas que faltaban para dominar un arte excesivamente delicado, el de ganar los partidos comprometidos, los que determinan si uno toca la gloria o queda para siempre en el montón de los segundones. En esta ocasión fue el Maccabi de Tel Aviv, a posteriori campeón continental, quien apeó a los rusos de la competición un partido antes de lo deseado, y por un punto, con fallo de los rojos a pocos segundos del final incluido.

Idas y venidas
La maldición del CSKA ha sido tal que muchos jugadores se han cansado de esperar el prometido éxito que no termina de llegar, además de todos aquellos jugadores, protagonistas o segundones, que han ido despidiéndose de Moscú por capricho de los entrenadores o por falta de adaptación al juego o a la disciplina del equipo. Así, Krstic prefirió escuchar los cantos de sirena del Anadolu Efes, otro proyecto, este con el sello Obradovic, que aún no se ha visto recompensado con éxitos continentales; Alexei Shved se dejó tentar por la NBA, donde ha protagonizado tres temporadas más bien irregulares como moneda de cambio en diversos equipos, Jeremy Pargo ha optado por vestir el amarillo del Maccabi, aunque la suerte de los israelíes no ha sido la mejor este año, y Kirilenko no terminar de decidirse sobre su estancia en Moscú, donde no terminar de tocar la gloria, o su vuelta a la NBA, donde los salarios son más abultados.

jueves, 16 de enero de 2014

Un hombre, una jugada

Muchos son los jugadores que, después de muchos años de carrera, son recordados por sus buenos números en una única temporada, su actuación decisiva en un partido o, en más casos de los que uno pudiera pensar, por una única jugada, un movimiento acertado en el momento más álgido de la temporada. El semigancho de Printezis en la Final Four de 2012 o el triple de John Paxson en el sexto partido de la Finales de 1993 son buenos ejemplos de cómo un jugador sin la aureola de estrella toma el protagonismo en los momentos más calientes y queda inscrito para siempre en la historia del baloncesto o de un determinado equipo.

Una de las cunas más importantes del deporte de la pelota gorda en España, el Joventut de Badalona, ha tenido decenas de héroes a lo largo de sus 80 años de vida. Sin embargo, el extranjero que más ha calado en la hinchada verdinegra se ganó su ascenso a los cielos de la Penya precisamente por estar acertado en el momento indicado. Cornelius Allen “Corny” Thompson siempre fue un gran profesional y un tipo integrado en la vida del Joventut, pero hizo falta un lance definitivo del juego para que el club llegara al máximo clímax de su historia deportiva y el orondo ala-pívot se convirtiera para los restos en el único en quedar inscrito en los páginas más gloriosas del club y de su siempre mitómana afición. Y eso ocurrió hace 20 años.

Buscando un lugar
Mucho antes de que historia verdinegra se viera alterada para siempre por este orondo pívot de 202 centíemtros, Thompson era un prometedor jugador de instituto en la pequeña ciudad de Middletown, en Connecticut, que dominaba con cierta solvencia el campeonato local, lo que le valió una beca de estudios en la universidad local, la UConn, donde también fue el líder de los Huskies. A pesar de ello, y de unos movimientos bastante dignos en el poste bajo y un mano más que aceptable, su estatura no le hizo del todo apetecible para las franquicias NBA, por lo que tuvo que esperar hasta la tercera ronda del draft de 1982, el de James Worthy y Dominique Wilkins, para ser seleccionado por los Dallas Mavericks en el puesto 50.

Al haber recalado en un equipo de creciente creación y con dos temporadas poco menos que desastrosas, Corny pudo dar el salto al profesionalismo, si bien no contó con muchos minutos, por su escaso cartel y por su difícil adaptación a los puestos interiores, ya fuera por su escasa estatura o por su movilidad no excesivamente rápida. Así, su paso por el equipo texano se saldó con 44 partidos disputados con medias de cerca de 3 puntos y 3 rebotes en una decena de minutos de juego. Podría haber seguido deambulando por banquillos de todo Estados Unidos durante más de una década para vivir una carrera sin pena ni gloria, pero quiso la fortuna, mala en principio aunque gloriosa a la postre, que, antes de iniciar su segunda temporada en la NBA, Thompson sufriera una importante lesión de rodilla que hizo temer por la continuidad de su carrera. Aunque el pronóstico finalmente fue algo más favorable, los Mavericks le eliminaron de la plantilla para no esperar su recuperación y previendo una pérdida de potencia de sus capacidades físicas, ya de por si poco exuberantes. Más de medio año después, Corny volvió a las pistas, aunque en la ‘segunda división’ estadounidense, la CBA, donde cuajó buenas actuaciones en los Detroit Spirits, con más de 15 puntos y 10 rebotes de promedio.

Estrella en Europa
Con las puertas de la NBA prácticamente cerradas para siempre, sus buenas actuaciones en el obligado exilio en esta competición le abrieron las puertas de la mejor opción para los jugadores norteamericanos que no tenían cabida en la NBA, ya fuera por cuestiones físicas, técnicas o disciplinarias. Y así recaló en Europa, en uno de los baloncestos más competitivos y poderosos en lo económico de la década de los 80, la Lega italiana. El destino fue uno de los históricos del pallacanestro, el Varese, donde coincidió a lo largo de seis temporadas con otros interiores de cierto renombre internacional, como los propestos NBA Mark Acres y Larry Micheaux o el ídolo nacional Stefano Rusconi. Con actuaciones que frecuentemente superaban los 20 puntos y los 10 rebotes, Corny consiguió hacerse imprescindible en el equipo de Varese y aplacar las dudas sobre su rendimiento tras la lesión. Puede que, con 2,02 y un físico orondo, no pareciera un jugador determinante en la pintura, pero su bueno juego de pies y una muñeca que le permitía alejarse del aro propiciaron que se convirtiera en una estrella europea.

En este ínterin, el Joventut intentó entrar en la vida de Corny en varias ocasiones, si bien su elevado caché, el correspondiente a un interior estadounidense que promediaba esos números, y cierta indecisión por parte de la directiva verdinegra, tanto en lo que a la decisión de dar el paso definitivo como sobre las cuestiones económicas, no permiten culminar el fichaje, trayendo a Badalona a otros refuerzos de menor cartel como Joe Meruweather, Earl Jones o Mike Schultz. Mientras tanto, Thompson sigue en su línea, si bien no consigue llevar a su equipo a ningún título, sino solamente a varias finales de la Lega (1990), la Copa de Italia (1985 y 1988) y la Copa Korac (1985).

Éxito verdinegro
En la temporada 1990/91, la cosa cambió. El Joventut de Badalona por fin había logrado un título, la Copa Korac, después de deambular por todo tipo de finales. El dinero del banco Banesto, a través del centro comercial Montigalà, llegó al club verdinegro, unido a la mala noticia de la bajada del rendimiento de Reggie Johnson, principal baluarte interior del club en los últimos años, por lo que tocaba rastrear el mercado en busca de un buen sustituto y rascarse el bolsillo para no bajar el nivel de la plantilla era obligatorio. Así llegaron al equipos dos de los extranjeros más recordados de su historia, el atlético alero Harold Pressley, campeón de la NCAA con Villanova y suplente consolidado en los Sacramento Kings de la NBA, y el deseado Corny. Junto con hombres de la casa como Jordi Villacampa, los hermanos Jofresa o Juanan Morales, la Penya de Lolo Sainz ya tenía equipo más que suficiente para competir con los futboleros.

A pesar de las buenas perspectivas que daban sus números y sus referencias en Italia, las primeras reacciones de la afición y la directiva del Joventut no fueron demasiado optimistas. Se criticaba su lentitud y su reducida movilidad, así como una tendencia preocupante a alejarse del aro, por detrás de la línea de 3, en muchos lances del partido. Sin embargo, su profesionalidad, su buen talante y unos movimientos inteligentes en el poste bajo hicieron pronto entrar en razón a la familia verdinegra. Además, con la presencia en el equipo de cañoneros como Villacampa y Pressley y jugadores perfectamente capaces de generar puntos, como Morales, Ferrán Martínez o los Jofresa, su peso en ataque no era tan grande como en la etapa italiana. Con estos mimbres, y con una aportación de 13,8 puntos y 7,6 rebotes por noche de Thompson, el Joventut firma un inicio arrollador con 13 victorias seguidas, si bien tiene un cierto bajón de forma a mitad de temporada que le apea de la Copa Korac en semifinales. El equipo se recuperó para el tramo final de temporada, llegando a los playoffs en buena forma. Quemando etapas, y con Corny ampliando sus prestaciones hasta 16 puntos y 9,8 rebotes, la Penya se planta en la final frente al Barça, otrora bestia negra, pero que esta vez sucumbe en cuatro partidos, dos ganados brillantemente por los verdinegros en casa, uno para los balugrana llevado hasta la emoción extrema del último segundo y el último culminado con un robo y un contraataque de Tomás Jofresa a escasos segundo del final.

Los demonios del Joventut se iban despejando gracias a la confección de una ilusionante plantilla, a la que se incorporaba otro querido foráneo verdinegro, Mike Smith. A pesar de ello, las sensaciones al principio de la siguiente temporada son contrapuestas: tres derrotas en liga, debut arrollador en la Liga Europea (anteriormente Copa de Europa, posteriormente Euroliga) con 8 victorias y competencia hasta el último segundo en el partido de exhibición ante Los Angeles Lakers subcampeones de la NBA en el Open McDonalds de París. La afición verdinegra estaba ilusionada con su equipo, aunque otro bajón mediada la temporada empezó a hacer temer por el resultado final curso. Thompson, ya conocido como “papi” o, incluso, “el abuelo” entre los seguidores, mantuvo su nivel con 13,6 puntos y 9,8 rebotes para llegar con opciones en todas las competiciones. De hecho, contra todo pronóstico, la Penya y el Estudiantes se cuelan en la Final Four de Estambul. Si los colegiales no fueron capaces de competir en tan deslumbrante escenario, la Penya sí se las ingenió para calarse en la final, si bien los irreductibles partisanos de Belgrado (y de Fuenlabrada) dirigidos por un neófito Zeljko Obradovic se llevaron un partido poco brillante decidido por una de esas jugadas que quedan para siempre en la retina, el triple en escorzo de Shasha Djordjevic. El sabor se tornó agridulce en la temporada gracias a un nuevo triunfo doméstico, esta vez contra el Real Madrid y tras cinco partidos extenuantes que dejan la rodilla de Thompson bastante maltrecha.

La racha se va frenando
Dos exitosos años para la Penya y para Corny. Sin embargo, tras pasarse los efectos de la locura olímpica generada en toda España, los patrocinadores se retiran y/o rebajan sus aportaciones. A pesar de ello, el Joventut consigue mantener gran parte de su estructura, algo que a Thompson le cuesta cada vez más, bajando su aportación a 9 puntos y 6,8 puntos. La Liga Europea se escapa bastante pronto y las competiciones domésticas cada vez se encaran con mayor dificultad, sobre todo teniendo en cuenta la incorporación al Real Madrid de Arvydas Sabonis. A pesar de ello, se repite la presencia en la final de la Liga, al igual que en la de la Copa del Rey, aunque ambos títulos van a parar a las vitrinas blancas.

Las apreturas económicas, la pujanza de los futboleros y el envejecimiento de la plantilla no eran buenas circunstancias para iniciar una nueva temporada. A pesar de ello, el Joventut hizo una maniobra de prestigio en el mercado y contrató a Zeljko Obradovic, joven entrenador pero con el suficiente carisma y éxito como para intentar guiar la nave verdinegra. Harold Pressley ya había salido del equipo y Corny se mantuvo en el plantel ya que le restaban dos años de contrato y el club no quería afrontar los gastos que suponía su despido, a pesar de que el rendimiento había bajado. La conexión con la granda no fue muy buena, debido a que Obradovic ralentizó el juego verdingro, buscando minimizar sus errores y sacar partido de jugadores experimentados, pero las victorias iban llegando. Sin el brillo ni la superioridad del pasado, pero llegaban. Así, sin hacer ruido, el Joventut se cuela en los cuartos de final de la Liga Europea, aunque toda parece indicar que el Real Madrid de Sabonis y Joe Arlaukas, el equipo más en forma de la competición continental y nacional, podrá deshacerse con facilidad de los verdinegros. Sin embargo, la Penya aprovecha sus bazas y consigue llevar la serie al tercer partido, en el que Corny, consciente de lo que supone, saca su mejor versión y olvida sus problemas de rodilla para dar una lección de juego al poste bajo a un jugador más joven y con un físico y una técnica a priori superiores. Victoria inesperada sobre el papel y viaje a Tel Aviv asegurado.

Un premio inesperado a una temporada bastante medriocre, sobre todo analizando los años anteriores. Quizás por ello, el Joventut podía permitirse viajar hasta Israel sin tantas presiones como el Barça de Aíto García Reneses o los dos aspirantes griegos, Olympiakos y Panathinaikos. En las semifinales, los verdinegros jugaron con gran fluidez, sobre todo en el segundo tiempo, gracias al acierto en el tiro exterior que se impuso a la defensa blaugrana con 14 puntos de diferencia final. El partido entre los vecinos atenienses se lo llevaron los rojos en un ‘combate a los puntos’.

Una cita con la historia
El día había llegado. 21 de abril de 1994. La Mano de Elías de Tel Aviv. El partido es lento, porque Obradovic así lo quiere, y el entrenador rival, Iannis Ioannidis, tampoco le quitaba la razón. A pesar de ello, se llega al descanso con empate a 39 gracias a la buena mano de los interiores verdinegros, que se salían de la zona para no tener que vérselas con el poderío físico de Roy Tarpley, Panagiotis Fassoulas, Giorgios Sigalas y Zarko Paspalj. El segundo tiempo, mucho más lento y, además, con mucho menos acierto. A falta de 7 minutos, la ventaja para los griegos era de 5 puntos. Cuatro minutos después, el marcador apenas se había movido: +4 para el Olympiakos. Con 57-53, Paspalj falla dos tiros libres, aunque el Joventut no consigue anotar en un enrevesado ataque de más de 25 segundos. De nuevo en la otra canasta, la defensa asfixiante sobre las líneas de pase hace que Tarpley no pueda coger un pase. Posesión para la Penya, que vuelve a mover y mover el balón hasta que, por fin, llega a Villacampa, que anota un triple que aprieta aún más el marcador. En el ataque griego, la pelota es amasada por Milan Tomic hasta que consigue conectar con Fassoulas, que no es capaz de imponer su superioridad en altura y falla a escasos centímetros de la canasta.

Nuevamente, el Joventut no tiene muy claro que hacer con la bola, que viaja de mano en mano con Mike Smith como único jugador que busca la canasta. Casi se acaba la posesión, pero Ferrán consigue lanzar un triple. Fallo, pero rebote de Villacampa. Otra circulación sin ideas de balón, que acaba nuevamente en manos del pívot, esta vez en la zona, que vuelve a fallar, aunque Mike Smith coge el rebote. 35 segundos y la zona parece tapiada y la canasta tiene una tapa puesta. El balón vuelve a volar entre las manos de los verdinegros, aunque Smith decide coger el toro por los cuernos.

Y llega la jugada definitiva. El alero norteamericano ntenta zafarse de su par tras un bloqueo de Corny, pero los dos marcadores se van con él y tiene que sacar el balón a Rafa Jofresa. El base canterazo mira a su izquierda, donde ve al orondo pívot de Connecticut que no se había movido tras el bloqueo anterior. Recibe y, sin mover los pies, lanza, sin más oposición que la lejana llegada de Tarpley. (En mis recuerdos de niño, ruge Quedan 12 segundos. Dos puntos arriba.

El resto es historia. Una falta de Mike Smith intentando robar el balón a Paspalj a 4,8 segundos del final. El fallo, uno más, desde la línea del corpulento pero poco aplicado alero yugoslavo. El rocambolesco rebote en ataque. El reloj que no se pone en marcha. Un nuevo fallo a escasos metros de la canasta del Olympiakos. Y la cita con la gloria de uno de los clubes imprescindibles en la historia del baloncesto nacional.

Después de la gloria
La carrera de Corny Thompson ya había empezado un lento declive en la Penya, por lo que, a pesar del ser el héroe de aquella final, el Joventut prescidió de sus servicios y el pívot decidió exprimir el poco baloncesto que le quedaba sus rodillas un par de temporadas más en el Baloncesto León, equipo de la ACB que, por tanto, le permitió regresar a Badalona al menos una vez al año para recibir el cariño de aquellos que, un día de primavera, fueron un poco más felices gracias a un pequeño giro de muñeca, y del destino.

lunes, 13 de mayo de 2013

La competitividad del campeón

La Final Four de la Euroliga demostró, una vez más, que lo ético está por encima de lo estético. Olympiacos ha vuelto a alzarse con el máximo título continental y lo ha hecho basando sus victorias en una concepción de equipo más allá de las estrellas y en un trabajo incansable en ambos lados de la cancha, sabiendo que lo más importante de este juego es el balón naranja. La competitividad y la solidaridad son las bases de un equipo que, no exento de talento baloncestístico, suplen la falta de brillo anotador con fundamentos y virtudes que también suman. De hecho, suman tanto que ya van dos cetros continentales consecutivos.

Para llevarse la tercera Euroliga de su historia, los del Pireo tuvieron que enfrentarse a dos partidos muy diferentes. En el primero de ellos, una reedición de la final del año anterior ante el CSKA de Moscú, principal favorito, el equipo salió con un plan de partido más que claro. El objetivo era maniatar el juego ofensivo de los estiletes de Ettore Messina y no permitir canastas fáciles, ya que la gran envergadura de la plantilla rusa no iba permitir grandes espacios que dejaran anotar a los griegos. Con una gran resistencia física para plantar cara a la diferencia de centímetros y una gran agresividad en busca del balón, Olympiacos consiguió dominar durante todo el partido, tomando ventaja desde el primer cuarto y haciéndola crecer en cada nuevo parcial. Ni un inoperante Milos Teodosic ni Nenad Krstic ni Victor Khryapa, que mejoró sus estadísticas al final, conseguían hacer su juego y solamente Sasha Kaun y Sonny Weems lucían un nivel similar al que se exige en una Final Four. En el bando griego, el trabajo impagable del ‘bajito’ Kyle Hines, que se hizo con 10 rebotes y luchó contra todos los interiores del cuadro ruso, la intensidad de Stratos Perperoglou, cierta efectividad de Pero Antic y algunos ramalazos de la única estrella ateniense, Vasilis Spanoulis. No hizo falta más para llevarse el partido y dejar a la plantilla más deslumbrante de Europa en unos sonrojantes 52 puntos.

El partido definitivo sería contra el Real Madrid, el segundo favorito de la competición, que venía de jugar un partido intenso y trabajado contra el FC Barcelona. El Barça comenzó muy serio, con un buen planteamiento defensivo, tomando una cierta ventaja en el marcador que se vieron contrarrestadas por un festival ofensivo de los madridistas en el segundo cuarto. Nueva alternativa en el marcador tras el descanso, con los blaugrana minimizando el poder ofensivo de los blancos. Sin embargo, no fue suficiente, de modo que el Real Madrid pudo recuperarse en los últimos minutos antes un Barcelona exhausto y con un mermado juego interior. Ante el deficiente estado físico de Nathan Jawai y C. J. Wallace, Ante Tomic tuvo que multiplicarse en ambos lados de la pista, mientras que Marcelino Huertas y, en ocasiones, Joe Ingles tuvieron que asumir el liderazgo en ataque ante la buena defensa blanca sobre Juan Carlos Navarro. Los madridistas, por su parte, sobrevivieron gracias a rachas de buen juego y efectividad anotadora, primero de Rudy Fernández y Sergio Llull, y finalmente del luchar Felipe Reyes y de Sergio Rodríguez, sin duda el líder del equipo y el jugador más creativo en sus minutos en cancha, uniendo a sus destellos de calidad individual y a su espectacular visión de juego, una mejorada capacidad defensiva.

La inercia positiva del Real Madrid le duró un cuarto en la final. Un primer parcial de ensueño en el que anotaron 27 puntos con muy pocos fallos en el tiro y sometieron a un Olympiacos reservón, que inició su participación en el partido ya en el segundo cuarto, con 17 puntos de desventaja. A partir de entonces, un partido a campo abierto en el que los griegos volvieron a recurrir a su receta de agresividad y solidaridad defensiva, con una gran intensidad en la búsqueda del balón, ya fuera en las líneas de pase o bajo los tableros. De este modo, el cuadro rojiblanco consiguió reconducir el resultado antes del descanso gracias a una buena circulación de balón, tiros cómodos y penetraciones de Acie Law, con Pero Antic, Perperoglou y Hines como principales beneficiarios del buen trabajo táctico del ataque de los pupilos de Giorgios Bartzokas. Y en el tercer cuarto llegó la esperada aparición de Spanoulis, desacertado en el primer tiempo, que anotó tres triples consecutivos para dar las primeras ventajas a los griegos. El periodo definitivo se saldó claramente a favor de los griegos, muy intensos en defensa, a pesar de lo cual el Real Madrid consiguió 27 puntos gracias a ataques rápidos y faltas forzadas que terminaron en la línea de tiros libres, y muy acertados de cara al aro, con una anotación total de 39 en esos diez minutos.

El legado de Ivkovic
Con esta impresionante victoria, remontando una desventaja de 17 puntos y llegando al centenar al final del partido, Olympiakos presenta su candidatura a equipo de leyenda en el panorama europeo. Y lo hace gracias a un carácter ganador y una competitividad que su anterior entrenador, el ‘viejo zorro’ Dusan Ivkovic, imprimió en su plantilla y que Bartzokas ha sabido mantener. Y es que el cuadro griego, fuertemente aquejado por los problemas económicos que vive su país, confeccionó la pasada temporada un equipo de retales, manteniendo a Spanoulis como estrella y rodeándolo de jugadores de la casa, como los jóvenes Evangelos Mantzaris, Kostas Sloukas y Kostas Papanikolau; algunas viejas adquisiciones que vieron revitalizado su peso en el equipo, como Marko Keselj, y la incorporación de jugadores sin contrato y rebotados de otros equipos como Joey Dorsey, Pero Antic, Giorgios Printezis o Lazaros Papadopoulos. El carácter motivador de Ivkovic hizo que el equipo fuera quemando etapas y creyendo en sus posibilidades hasta plantarse como la sorpresa de la Final Four de 2012, donde doblegó a dos de los favoritos, Barça y CSKA de Moscú, gracias a la intensidad y la agresividad de su defensa.

La receta se ha vuelto a repetir este año, nuevamente obligado por las circunstancias económicas, incorporando a Giorgi Shermadini, que salió rebotado del Maccabi de Tel Aviv mediada la temporada, el joven Dimitris Katsivelis y, como refuerzo de lujo robado al eterno rival de la capital helena, Perperoglou. Si la estrategia ha sido la misma, el resultado también, aunque ahora sea menos sorprendente por conocido.

Tpdas las estadísticas, vídeos y fotografías de la Final Four en http://www.euroleague.net/

viernes, 6 de julio de 2012

La suerte (europea) está echada

Mientras los equipos intentan confeccionar plantillas competitivas para el próximo curso y con los Juegos Olímpicos como gran escaparate para algunos jugadores, muchos clubes europeos han descubierto este viernes cuál será su futuro más inmediato. Y es que la suerte está echada para los 24 equipos que la próxima temporada competirán en el máximo torneo europeo de clubes, la Euroliga.

Como se suele analizar, hay grupos de la muerte y otros con un desarrollo más predicable y apacible para las escuadras más potentes. Sin embargo, y salvo entrañables sorpresas como el Partizan de Belgrado de 2010, la Final Four de Londres volverá a estar reservada para el CSKA de Moscú, los dos grandes griegos o algunos de los otros equipos de la élite europea que se han repartido los títulos en los últimos quince años.

A priori, será el grupo C el que más quebraderos de cabeza traiga a quienes quieran clasificarse para el Top 16. El campeón Olympiakos intentará reeditar el título con más presiones que la temporada pasada, y lo hará ante un Caja Laboral Baskonia herido por la eliminación prematura el año pasado y con la incógnita de su reestructuración tras la marcha de Mirza Teletovic y otras posibles bajas, como Pau Ribas o Pablo Prigioni. Además, estos dos ‘cabezas de cartel’ se las tendrán que ver con las competitivas plantillas del Anadolu Efes, que el pasado año armó un juego interior bastante potente, y el Emporio Armani Milano, en el que Sergio Scariolo se ha atraído diversos jugadores de interés gracias a los dólares de la moda. Los otros dos equipos de la partida tampoco lo pondrán fácil, ya que Zalguiris Kaunas y Cedevita de Zagreb tendrán que demostrar que la ‘pelota gorda’ es el deporte rey en sus respectivos países.

Tampoco lo tendrán nada fácil en el grupo D. Aquí los grandes favoritos para encabezar la clasificación serán el Barça y el CSKA de Moscú. En el primer caso, los catalanes buscan una cierta renovación de su ‘roster’, sobre todo en el interior, mientras luchan por atar a uno de sus jugadores más determinantes, Erazem Lorbek. La incógnita en el caso de los moscovitas será si sus jugadores NBA, sobre todo Andrei Kirilenko, deciden darse un nuevo año sabático de la competición norteamericana en busca de la corona europea que se les escapó la temporada pasada. Acompañando a esta dupla, el Besiktas vuelve a la Euroliga después de ganar todas sus competiciones (Liga, Copa de Turquía y Eurochallange) el año pasado y con algunos ‘jugones’ de peso en su plantilla, mientras que Partizan de Belgrado y Lietuvos Rytas demostrarán que la cantera lituana y balcánica de jóvenes talentos es inagotable. Completa el grupo el que, presumiblemente, será únicamente ‘sparring’ de los otros cinco equipos, el Brose Basket alemán.

Algo más asequible será el grupo A, aunque puede haber más que palabras para hacerse con la cuarta plaza de entrada al Top 16. En este caso, el Real Madrid, con su propuesta de basket a campo abierto, y Panathinaikos, que deberá reponerse a la marcha de Zeljko Obradovic y su alargada sombra a base de talento y experiencia, parecen tener pasaporte asegurado, mientras que el reforzado Fernerbahçe Ulker tampoco debería pasar demasiados apuros. Los turcos tendrán que vérselas con el Khimki ruso, campeón de la Eurocup la pasada temporada, y el Union Olimpija de Ljubljana para ocupar la tercera y cuarta plaza, si bien puede que el sexto en discordia, el clasificado de la ronda previa, podrían también querer sumarse a la fiesta. Lo previsible es que, con permiso del resto de equipos (Ratiopharm ULM, Le Mans Sarthe Basket, BC Donetsk, CEZ Basketball Nymurg, Telenet Ostende, Pallacanestro Cantú y PBC Lukoil Academiz Sofia), Unics Kazan complete la nómina de equipos de Euroliga tras la eliminatoria, celebrada de forma directa a un partido en la ciudad italiana de Cantú.

Finalmente, el grupo que a priori está más decantado es el B. En la liguilla, parece claro que Maccabi de Tel Aviv y Mostepaschi de Siena se clasificarán en las dos primeras posiciones sin problemas, de modo que la organización ‘regalará’ otras dos plazas en el Top 16 a equipos de la ‘clase media’ europea. Unicaja, a falta de conocer la nueva plantilla que ponga en práctica el proyecto liderado por Jasmin Repesa, podría ser favorito para imponerse al Alba de Berlín, a un Aseko Procom polaco siempre con interensantes jugadores americanos, y el débil Elan Chalán francés. A pesar de todo, estas suposiciones pueden convertirse en papel mojado en cuando la pelota se lance al aire el próximo 11 de octubre.