lunes, 13 de mayo de 2013

La competitividad del campeón

La Final Four de la Euroliga demostró, una vez más, que lo ético está por encima de lo estético. Olympiacos ha vuelto a alzarse con el máximo título continental y lo ha hecho basando sus victorias en una concepción de equipo más allá de las estrellas y en un trabajo incansable en ambos lados de la cancha, sabiendo que lo más importante de este juego es el balón naranja. La competitividad y la solidaridad son las bases de un equipo que, no exento de talento baloncestístico, suplen la falta de brillo anotador con fundamentos y virtudes que también suman. De hecho, suman tanto que ya van dos cetros continentales consecutivos.

Para llevarse la tercera Euroliga de su historia, los del Pireo tuvieron que enfrentarse a dos partidos muy diferentes. En el primero de ellos, una reedición de la final del año anterior ante el CSKA de Moscú, principal favorito, el equipo salió con un plan de partido más que claro. El objetivo era maniatar el juego ofensivo de los estiletes de Ettore Messina y no permitir canastas fáciles, ya que la gran envergadura de la plantilla rusa no iba permitir grandes espacios que dejaran anotar a los griegos. Con una gran resistencia física para plantar cara a la diferencia de centímetros y una gran agresividad en busca del balón, Olympiacos consiguió dominar durante todo el partido, tomando ventaja desde el primer cuarto y haciéndola crecer en cada nuevo parcial. Ni un inoperante Milos Teodosic ni Nenad Krstic ni Victor Khryapa, que mejoró sus estadísticas al final, conseguían hacer su juego y solamente Sasha Kaun y Sonny Weems lucían un nivel similar al que se exige en una Final Four. En el bando griego, el trabajo impagable del ‘bajito’ Kyle Hines, que se hizo con 10 rebotes y luchó contra todos los interiores del cuadro ruso, la intensidad de Stratos Perperoglou, cierta efectividad de Pero Antic y algunos ramalazos de la única estrella ateniense, Vasilis Spanoulis. No hizo falta más para llevarse el partido y dejar a la plantilla más deslumbrante de Europa en unos sonrojantes 52 puntos.

El partido definitivo sería contra el Real Madrid, el segundo favorito de la competición, que venía de jugar un partido intenso y trabajado contra el FC Barcelona. El Barça comenzó muy serio, con un buen planteamiento defensivo, tomando una cierta ventaja en el marcador que se vieron contrarrestadas por un festival ofensivo de los madridistas en el segundo cuarto. Nueva alternativa en el marcador tras el descanso, con los blaugrana minimizando el poder ofensivo de los blancos. Sin embargo, no fue suficiente, de modo que el Real Madrid pudo recuperarse en los últimos minutos antes un Barcelona exhausto y con un mermado juego interior. Ante el deficiente estado físico de Nathan Jawai y C. J. Wallace, Ante Tomic tuvo que multiplicarse en ambos lados de la pista, mientras que Marcelino Huertas y, en ocasiones, Joe Ingles tuvieron que asumir el liderazgo en ataque ante la buena defensa blanca sobre Juan Carlos Navarro. Los madridistas, por su parte, sobrevivieron gracias a rachas de buen juego y efectividad anotadora, primero de Rudy Fernández y Sergio Llull, y finalmente del luchar Felipe Reyes y de Sergio Rodríguez, sin duda el líder del equipo y el jugador más creativo en sus minutos en cancha, uniendo a sus destellos de calidad individual y a su espectacular visión de juego, una mejorada capacidad defensiva.

La inercia positiva del Real Madrid le duró un cuarto en la final. Un primer parcial de ensueño en el que anotaron 27 puntos con muy pocos fallos en el tiro y sometieron a un Olympiacos reservón, que inició su participación en el partido ya en el segundo cuarto, con 17 puntos de desventaja. A partir de entonces, un partido a campo abierto en el que los griegos volvieron a recurrir a su receta de agresividad y solidaridad defensiva, con una gran intensidad en la búsqueda del balón, ya fuera en las líneas de pase o bajo los tableros. De este modo, el cuadro rojiblanco consiguió reconducir el resultado antes del descanso gracias a una buena circulación de balón, tiros cómodos y penetraciones de Acie Law, con Pero Antic, Perperoglou y Hines como principales beneficiarios del buen trabajo táctico del ataque de los pupilos de Giorgios Bartzokas. Y en el tercer cuarto llegó la esperada aparición de Spanoulis, desacertado en el primer tiempo, que anotó tres triples consecutivos para dar las primeras ventajas a los griegos. El periodo definitivo se saldó claramente a favor de los griegos, muy intensos en defensa, a pesar de lo cual el Real Madrid consiguió 27 puntos gracias a ataques rápidos y faltas forzadas que terminaron en la línea de tiros libres, y muy acertados de cara al aro, con una anotación total de 39 en esos diez minutos.

El legado de Ivkovic
Con esta impresionante victoria, remontando una desventaja de 17 puntos y llegando al centenar al final del partido, Olympiakos presenta su candidatura a equipo de leyenda en el panorama europeo. Y lo hace gracias a un carácter ganador y una competitividad que su anterior entrenador, el ‘viejo zorro’ Dusan Ivkovic, imprimió en su plantilla y que Bartzokas ha sabido mantener. Y es que el cuadro griego, fuertemente aquejado por los problemas económicos que vive su país, confeccionó la pasada temporada un equipo de retales, manteniendo a Spanoulis como estrella y rodeándolo de jugadores de la casa, como los jóvenes Evangelos Mantzaris, Kostas Sloukas y Kostas Papanikolau; algunas viejas adquisiciones que vieron revitalizado su peso en el equipo, como Marko Keselj, y la incorporación de jugadores sin contrato y rebotados de otros equipos como Joey Dorsey, Pero Antic, Giorgios Printezis o Lazaros Papadopoulos. El carácter motivador de Ivkovic hizo que el equipo fuera quemando etapas y creyendo en sus posibilidades hasta plantarse como la sorpresa de la Final Four de 2012, donde doblegó a dos de los favoritos, Barça y CSKA de Moscú, gracias a la intensidad y la agresividad de su defensa.

La receta se ha vuelto a repetir este año, nuevamente obligado por las circunstancias económicas, incorporando a Giorgi Shermadini, que salió rebotado del Maccabi de Tel Aviv mediada la temporada, el joven Dimitris Katsivelis y, como refuerzo de lujo robado al eterno rival de la capital helena, Perperoglou. Si la estrategia ha sido la misma, el resultado también, aunque ahora sea menos sorprendente por conocido.

Tpdas las estadísticas, vídeos y fotografías de la Final Four en http://www.euroleague.net/

martes, 23 de abril de 2013

El ‘otro’ Petrovic

Muchos son los casos en el mundo del deporte en general, y del baloncesto en particular, en los que las altas cotas de excelencia alcanzadas por una figura indiscutible ensombrece el trabajo callado de familiares y amigos que iniciaron su andadura de forma simultánea o, incluso, antes. Esa es la historia de Aleksandar Petrovic, el otro Petrovic, el que pasará a la historia como el hermano del Mozart del baloncesto, del genio de Sibenik, del inolvidable Drazen.

Cinco años mayor que el astro que vino a revolucionar el juego en Europa, Aleksandar era también un apasionado del baloncesto y era habitual verle con el balón naranja entre las manos. Prácticamente diarios eran sus entrenamientos en la calle Predarovic de Sibenik, frente al hogar familiar, donde el pequeño Drazen daba también sus primeros pasos baloncestísticos en una eterna y desigualada competición con su hermano mayor, un playground callejero que el mayor de los Petrovic cambió a los 13 años por el pabellón del Sibenka, donde culminaría su etapa de formación e iría quemando etapas hasta llegar al primer equipo. Poco a poco, la fama de Aleksandar fue creciendo, sobre todo cuando el Sibenka fue ascendiendo a categorías superiores de la mano de un base-escolta con un gran conocimiento del juego y un deseo irrefrenable por la victoria.

Estos buenos argumentos, así como el sorprendente ascenso del modesto club de Sibenik a la primera división yugoslava en apenas seis años de existencia, le valieron su fichaje por la Cibona de Zagreb, un equipo siempre metido en la lucha por los primeros puestos de la clasificación pero que no terminaba de concretar su competitividad en forma de títulos. Este traspaso, que también sirvió para ir abriendo las puertas del primer equipo al pequeño de los Petrovic, fue muy provechoso para Aleksandar, ya conocido por el sobrenbombre de ‘Aza’ o ‘Aco’. Convertido en el base con más minutos en cancha y en la mano derecha de Mirko Novosel sobre el parqué, la Cibona ganó hasta en cuatro ocasiones consecutivas la Copa de Yugoslavia entre 1980 y 1983, a lo que unió una Supercopa de Europa en la temporada 1980/81 y la Liga en los cursos 1981/82 y 1983/84. Y todo antes de que llegara Drazen a terminar de perfilar el equipo de leyenda de la capital croata.

Entonces llegó el temido momento en el que el pequeño de la familia, que llevaba varios años deslumbrando a propios y extraños con una capacidad anotadora incansable y un liderazgo en ocasiones excesivamene entusiasta, llegara también al equipo de la capital croata después de llevar al Sibenka a cotas inimaginables para un equipo de tan corta andadura. ‘Aco’ ya había sufrido lo mejor y lo peor de su hermano menor, en intensos partidos en los que se demostraba que, en la cancha, no hay amigos ni hermanos. El enfrentamiento más intenso se produjo en la temporada 1982/83, cuando Drazen se destapó en el partido de ida en Sibenik con 27 puntos e innumerables gestos de celebración ante el banquillo rival y su propio hermano, al que consiguió eliminar por faltas. En el partido de vuelta en Zagreb, el mayor de los Petrovic se tomó cumplida revancha anotando 20 puntos y sometiendo a su hermano a un defensa impenetrable, con algunos momentos de tensión en los que tampoco faltaron algunos gestos desafiantes del victorioso Aleksandar.

A pesar de esta pasada rivalidad, y de que la llegada del Mozart del baloncesto europeo fuera a trastocar radicalmente los planes de juego de Mirko Novosel restando protagonismo a todos sus baluartes a favor del recién llegado, la trayectoria de ‘Aza’ se hará indisoluble de la de su hermano. Aquella primera temporada con Drazen y Aleksandar al comando de las operaciones, la Cibona se alzó con un triplete histórico: la Copa de Yugoslavia, la Liga nacional y, para poner la guinda al pastel, la Copa de Europa, iniciando con us victoria en la final ante el Real Madrid una de las rivalidades más encarnizadas del baloncesto de los 80. La siguiente temporada, el éxito no fue del todo completo, y mucho menos para ‘Aco’, que se perdió parte de la temporada a causa del servicio militar. A pesar de ello, los Lobos de Tuskanac, llamados así por el barrio de Zagreb en el que se fundó el club, se alzaron con la Copa nacional y con el principal cetro europeo, en esta ocasión ante un Zalguiris Kaunas cuya principal estrella, Arvydas Sabonis, acabó desquiciado con la actuación del pequeño de los Petrovic.

La competitividad de la Liga yugoslava iba en aumento, incorporando jugadores que, apenas unos años después, iban a marcar una época en el baloncesto internacional. Así, después de varios años dominando alguno de los torneos nacionales, la Cibona concluyó el curso 1986/87 sin levantar ningún título dentro de sus fronteras, aunque pudo salvar la temporada gracias a la Recopa de Europa. Después de un torneo resuelto con relativa solvencia por parte de los croatas, la final no podía dejarse escapar y Scavolini Pesaro no fue un escollo para el equipo de los hermanos Petrovic en un partido que marcó el futuro del mayor de la familia.

Estas buenas temporadas le llevaron a ganarse un hueco prácticamente fijo en la selección nacional yugoslava en una época en la que los plavi estaban en plena reconstrucción entre sus dos décadas doradas. A pesar de ello, los balcánicos se las arreglaron para presentar equipos batalladores y no exentos de calidad, asegurándose la medalla de bronce en cuatro campeonatos durante los 80, los Mundobasket de 1982 y 1986, los Juegos Olímpicos de 1984 y el Eurobasket de 1987, torneos en los ‘Aco’ tuvo una importante presencia en la pista, aunque quizás no tanto en las estadísticas. La llegada de una generación de jugadores talentosos y físicamente superiores hizo que el mayor de los Petrovic tuviera que dejar su hueco en la selección a talentos de la talla de Zarko Paspalj, Toni Kukoc, Aleksandar Djordjevic o Jure Zdovc, entre otros.

De viaje por Europa
El buen papel jugado la final de la Recopa de Europa le valió un contrato con Scavolini Pesaro, club transalpino derrotado apenas unos meses antes en Novi Sad. Además, la oferta de la Lega venía con una cláusula difícil de rechazar, ya que, después de varios años a la sombra de Drazen, el mayor de los Petrovic volvería a tener galones para dirigir el equipo a su gusto. Y así lo hizo. ‘Aco’ volvió a sentirse estrella en Pesaro, promediando más de 20,2 puntos por partido (y una presencia en pista esencial para el juego de los italianos) y alzándose con el título de la Lega. Sin embargo, las piernas ya no daban para mucho más y el mayor de los Petrovic buscaba ir allanándose el camino hacia los banquillos, para lo que volvió nuevamente a la Cibona para una última temporada como jugador, tras lo que vagó por varios equipos como KK Zagreb, Racing de Luxemburgo o KD Postojna para ganar experiencia y conocer nuevos sistemas organizativos y de juego.

El salto a de la cancha a los banquillos fue tremendamente exitoso para el precursor de la familia Petrovic. Así, contratado por la Cibona desde el año 1991, ‘Aza’ encadenó cuatro títulos seguidos en la recién nacida liga croata, resultante de un proceso de desmembramiento de la antigua Yugoslavia que también acabó con la potente competición nacional, además de formar parte del cuerpo técnico que, capitaneado pro Petar Skansi, ayudó a la selección de Kukoc, Radja y Drazen a alcanzar la plata en los Juegos Olímpicos de 1992, solamente por detrás del todopoderoso Dream Team. De hecho, el equipo nacional ha sido refugio de Petrovic en varias ocasiones en su andadura como entrenador, consiguiendo la medalla de bronce en el Eurobasket de 1995, cuando los croatas abandonaron el podio cuando la Yugoslavia serbia acudió a recibir su medalla de oro, y un séptimo puesto en 2001.

La escasa emoción competitiva de la nueva liga del país adriático hizo que ‘Aco’ hiciera las maletas buscando nuevas experiencias, recalando en el Caja San Fernando de Sevilla, equipo que, de la mano de Warren Kidd y Richard Scott, se coló en las Finales de la ACB en 1996. Nuevo paso existoso por la Cibona, con los campeonatos de 97 y 98 como recompensa y de vuelta a España para firmar una decepcionante temporada con el Lleida. Desde entonces, prácticamente no ha salido de los Balcanes, con un paso por el KK Zadar, al que hizo campeón de Copa en 2007, la selección de Bosnia Herzegovina y el Cedevita de Zagreb, cuyo buen papel en la Eurocup de la temporada 2010/11 le valió el galardón de mejor entrenador de la competición. En esta última campaña, el mayor de los Petrovic no ha tenido demasiada suerte y ha sufrido un par de marchas tempranas, una forzada del Unics Kazan y otra voluntaria del Cedevita, club al que llegó para sustituir a un mito de los banquillos, Bozidar Maljkovic.

lunes, 1 de abril de 2013

Doctorado 'cum laude'

La Semana Santa ha servido para terminar de definir uno de los torneos baloncestísticos más frenéticos y emocionantes del mundo. Después de varias semanas de torneos de conferencia y campeonatos regionales, la NCAA (National Collegiate Athletic Asociation) ya ha definido quiénes serán los protagonistas de su cita cumbre, la Final Four, que se celebrará este fin de semana en el Georgia Dome de Atlanta. Los últimos partidos, que han servido para reconocer a los conjuntos universitarios que mejor han llegado al tramo final de la temporada, dejando algunas sorpresas, resultados más abultados de lo previsto, la certificación del buen trabajo de algunos jugadores y entrenadores y una ‘Cinderella’ que se ha colado tras derrotar a los dos mejores equipos de su región.

Louisville había sido uno de los equipos más sólidos a lo largo de la temporada, con casi un 87 por ciento de victorias a lo largo del curso. De hecho, a lo largo del torneo de la NCAA había ido deshaciéndose de rivales con bastante solvencia, con diferencias de 31 y 26 puntos, salvo contra la contestona Universidad de Oregon, que apenas permitió ocho puntos de distancia. Sin embargo, durante el partido que daba paso a la Final Four a través del torneo del Midwest contra la potente Duke, la tremenda lesión del escolta Kevin Ware, con una fractura múltiple en su pierna, era un obstáculo difícil para los jóvenes jugadores, así como para su experimentado técnico, Rick Pitino, que no pudo reprimir las lágrimas al ver la maltrecha pierna de su pupilo y al escuchar su discurso ante sus compañeros, ya en la camilla y antes de que se reanudara el partido. “Estoy bien. Ganad el partido”. Hasta el descanso, todo igualado, aunque Louisville salió del vestuarios como un ciclón, consiguiendo una renta final de 22 puntos, dejando sin opciones a los de Mike Krzyzewski a varios minutos del final, cuando el partido se convirtió en un intercambio de canastas.

Este fue el episodio épico de unas finales regionales que, por lo general, han sido menos excitantes de lo previsto. Así, después de derrotar al principal favorito del torneo East, Indiana, por 11 puntos, Syracuse también fue capaz de deshacerse de Marquette, que le adelantaba en un puesto en las clasificaciones, por un diferencia de 16 puntos, con Michael Carter-Williams como principal protagonista. Con semejante facilidad consiguió clasificarse Michigan, derrotando por 20 puntos a Florida después de haber derrotado a Kansas, el mejor equipo del South, por 2 puntos y mostrarse bastante regulares en todo el torneo.

La principal sorpresa de la Final Four de Atlanta será Wichita State. Los Shockers partían en el noveno puesto del torneo de la región West, lo que hacía que, para llegar a una hipotética final, tuviera que medirse, si todo iba como estaba previsto, con los dos mejores equipos de la temporada en la zona, lo que le convrtía en una de esas ‘Cinderellas’ que se abren paso a lo largo de la March Madness a pesar de tener que derribar las torres más altas. Con la defensa como principal baluarte y el juego repartido en diferentes estiletes ofensivos, Wichita State ganó por seis puntos a la favorita Gonzaga y, en la final de este fin de semana, a Ohio State, el segundo en discordia, en un emocionante partido, aunque algo decepcionante en cuanto al nivel esperado de sus protagonistas.

En la cita de Atlanta, Louisville parte como favorito gracias al enorme dominio que ha tenido este equipo sobre los partidos durante toda la temporada. Para ello, los Cardinals cuentan con una defensa bastante efectiva y con infinidad de variantes, obra del experimenado Pitino, y con la inspiración anotadora del base Russ Smith, al que se unen el pívot senegalés Grogui Dieng y el eléctrico base Peyton Siva como segundas opciones. Su rival será Wichita State, que presenta un promedio anotador algo limitado para intentar revertir el muro defensivo de los de Pitino. En ataque, a pesar de lo corto de su rotación y lo repartido de su anotación, los principales referentes serán los poderosos aleros Carl Hall y Cleanthony Early.

La otra semifinal viene marcada por al efeméride que pretenden rememorar los Orange Men de Syracuse. Los de Jim Boeheim llegaron hace diez años a la Final Four y, por fin, alzaron el título nacional de la NCAA, en aquella ocasión liderados por Carmelo Anthony como estrella y con Hakim Warrick como segundo espada y héroe en la final. El dominio este año no ha sido tan apabullante como en aquella ocasión, aunque presentan un juego con multitud de variantes y cuatro puntales que se reparten el trabajo ofensivo: los aleros C. J. Fair y James Southerland y los escoltas Brandon Triche y Michael Carter-Williams. Enfrente tendrán a los Wolverines de Michigan, que también reparten de forma bastante democrática su juego ofensivo. La principal estrella es el base Trey Burke, aunque el escolta Tim Hardaway Jr. y el alero Glenn Robinson III, ambos hijos de jugadores NBA de cierto relumbrón en los gloriosos años de mediados de los 90, pueden tomar el testigo anotador y, sobre en el caso del segundo, aportar trabajo callado, sin olvidar al implacable tirador Nik Stauskas.

lunes, 18 de marzo de 2013

Un centenar de mujeres en busca de la corona de Europa

La Euroliga femenina será la primera de las grandes competiciones baloncestísticas internacionales en conocer a su campeón. Los ocho mejores equipos de Europa a lo largo de los primeros meses de la temporada se dan cita esta semana en la ciudad rusa de Ekaterimburgo para determinar quién se proclama como la mejor plantilla del continente. Como en todos los grandes torneos, hay algunos equipos que parten como favoritos, aunque los ocho conjuntos clasificados para la Final 8 tendrán delante de sí tres partidos para conseguir colarse en semifinales y, una vez ahí, competir a cara de perro para alzarse con el entorchado europeo.

Sin embargo, parece poco probable que la copa vaya a viajar grandes distancias, siendo Rusia o Turquía los destinos más realizables. Así, las anfitrionas del UMMC de Ekaterimburgo parten como principales favoritas para hacerse de una vez por todas con un título que se le resiste. Y es que su plantilla incluye a algunas de las mejores jugadores del mundo, como Candace Parker o Sue Bird, a las que este año se ha unido la alero Diana Taurasi y la base Silvia Domínguez, que ha puesto cierta cordura al juego del equipo ruso, que cuenta también con otros recambios de garantías como Deanna Nolan y Sandrine Gruda. Un equipo de muchos quilates confeccionado a golpe de talonario y que se enfrenta a su reválida definitiva tras revelarse como el máximo anotador de la competición.

En el grupo A, el equipo anfitrión tendrá que enfrentarse a otro de los favoritos. El Galatasaray ha cimentado su buena marcha a lo largo de la temporada en una defensa disciplinada y un gran poderío interior. Así, el peso anotador recae sobre todo en Sancho Lyttle, Silvia Fowles y Ann Wauters, aunque la recuperación de Alba Torrens y las incorporaciones de Shay Murphy y Lindsey Harding dan algo más de profundidad y variedad al juego de las turcas.


Los dos equipos que tratarán de arrebatar un puesto en las semifinales a estas dos grandes potencias son Good Angels Kosice y CCC Polkowice. El primero de ellos cuenta con tres referntes claros, la joven base Miljana Bojovic, la anotadora Alenxandria Quigley y Planette Pierson en el interior, aunque su rotación es algo corta. Por su parte, el conjunto polaco ha sido la revelación del campeonato, gracias en parte a la experiencia de Laia Palau, la máxima asistente de la Euroliga, y de Belinda Snell.

En el segundo grupo, el favoritismo se lo reparten también los clubes rusos y turcos. Así, el Fenerbahçe intentará imponerse gracias a la calidad de Angel McCoughtry y de Cappie Pondexter, dos jugadores que estarán flanquedas por otros baluartes como las interiores Ivana Matovic, máxima anotadora del conjunto otomano, y Anastasiya Meraveyenka, lo que ofrece al equipo diversas posibilidades en ataque.

Por su parte, el Spartak Vodnoje se ha colado una vez más en las Final 8 gracias a un equipo compacto y con diversas variantes, capitaneado desde el banquillo por Pokey Chatman. Sobre el papel, destaca la presencia de Seimone Augustus y Becky Hammon, aunque la fortaleza del conjunto ruso reside en la disponibilidad de diferentes armas para atacar el aro rival, como Candice Dupree y Sonja Petrovic, una buena dirección de juego a cargo de Nika Baric y Elisa Aguilar y el poderío interior de jugadores como Kuzina o Yacoubou.

Para intentar frenar a los dos equipos favoritos, Familia Schio aporta una gran fiabilidad en su juego exterior y la solidez de su plantilla, con algunas jugadoras de gran experienciam mientras de Bourges Basket tendrá que lidiar con la baja de Styliani Kaltsidou, por lo que el peso del juego recaerá en la base Celine Dumerc y las aportaciones de Ndongue y Niyem.

La ronda previa de esta Final 8 se disputará entre el lunes y el miércoles, tras la que los dos primeros clasificados de cada grupo accederán a las eliminatorias defintiivas. Las semifinales se celebrarán el viernes, tras las que la Euroliga dirimirá el domingo cuál ha sido el mejor conjunto de la temporada en la gran final. 

Sin defensa del título
Una de las peculiaridades de esta edición de la Final 8 de la Euroliga femenina será que el vigente campeón no tendrá la oportunidad de defender el título. Así, tras su victoria en la pasada campaña, el club valenciano Ciudad Ros Casares decidió prescindir de su equipo de élite y preservar su labor de cantera, desapareciendo de todas las competiciones. Por su parte, el equipo finalista en la pasada temporada, el Rivas Ecópolis, tampoco acude a la cita de Ekaterimburgo ya que sucumbió ante el Familia Schio en tres partidos en la ronda clasificatoria previa al torneo final.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Por fin naranja

El torneo de baloncesto universitario de la NCAA es un olimpo en el que más de trescientos de equipos universitarios compuestos por prometedores adolescentes y veinteañeros compiten por alzarse con el primer pedazo de gloria, en ocasiones el único, de sus carreras deportivas en un sistema de competición algo complejo para los ajenos en la materia. En sus setenta y cinco ediciones, apenas una décima parte de los equipos participantes ha logrado hacerse con el trofeo que les acredita como los mejores de la temporada, 35 universidades entre las que destacan UCLA con 11 títulos y Kentucky con 8.

Sin embargo, hay campeonatos que sirven como redención y reivindicación del trabajo realizado por un equipo en su larga andadura, aunque esas victorias queden apenas como una isla en medio del inmenso mar de la historia de éxitos de otros contendientes. Ése fue el sorprendente caso de los Syracuse Orange Men en la temporada 2002/2003. Y es que, a pesar de ser un equipo con cierta tradición y resultados más que aceptables en los últimos años, su entrenador, Jim Boeheim, por aquel entonces con más de 25 temporadas de experiencia en la misma universidad, comenzaba a pensar que había un cierto gafe, a pesar de haber disputado el partido definitvo de la Final Four en 1987 y 1996. Además, aquella campaña no se presentaba muy halagüeña con una plantilla compuesta por cuatro freshman debutantes en la competición y otros tres jugadores de segundo año.

Las cosas que suceden en la cancha pocas veces tienen que ver con la lógica simplista y sí con el trabajo y las sensaciones que se crean sobre el parqué. Además, el hecho de que uno de los novatos del equipo fuera un tipo llamado Carmelo Anthony, que se metió al equipo y a su afición en el bolsillo desde el primer salto inicial, también facilita la labor del entrenador de la universidad neoyorkina.

De este modo, los de Boeheim pudieron mejorar los registros de los años anteriores, también positivos, incluso de las temporadas en las que el equipo se había metido en la Final Four al final del curso, con 13 victorias en el Big East y un total de 30 al completar la temporada. A ello ayudó una cierta disciplina defensiva inculcada por el entrenador y unos buenos porcentajes de cara a canasta, con más de 80 puntos de promedio anotador. Y es que, además de Carmelo, que promedió 22,2 puntos y 10 rebotes en todo el campeonato, los ‘hombres naranjas’ de Syracuse contaban con una eléctrico base freshman sin miedo a afrontar tiros importantes, Gerry McNamara (13,3 puntos y 4 asistencias), y un prometedor ala-pívot de segundo año que fue el encargado de liderar la escuadra hasta el despunte de Anthony, Hakim Warrick (11,8 puntos y 8 rebotes), además de la experiencia del más antiguo del equipo, el alero Kueth Duany (11 puntos).

A pesar de las buenas sensaciones de la primera parte de la temporada, Syracuse no pudo completar su temporada casi perfecta ganando los Play-Offs de su conferencia, aunque los resultados durante la primera fase, con solamente tres derrotas, suponía una clasificación directa para el torneo de la NCAA, en el que compiten las mejores 64 universidades de todo el país. A estas alturas de la partida, el equipo ya era consciente de sus posibilidades, por lo que las primeras eliminatorias no supusieron un gran problema, gracias a un nivel de concentración y trabajo fruto de la personalidad ed Boeheim. Manhattan, por 11 puntos, y Oklahoma State, por 12, fueron las dos primeras víctimas de los neoyorkinos, todo un logro para un equipo que el año interior ni siquiera había entrado en el March Madness de la National Collegiate Athletic Association. Sin embargo, no todo iba a ser una alfombra roja para el equipo capitaneado por Carmelo Anthony, que se topó en las semifinales del torneo regional con la universidad de Auburn, quien le puso las cosas algo más difíciles y terminó perdiendo únicamente por un punto. El partido que daba paso a la Final Four y otorgaba el campeonato regional del Este destacó por los nervios de ambos equipos, que no se mostraron muy acertados de cara a canasta, y, finalmente, por una mayor seriedad de Syracuse, que se deshizo de Oklahoma con una diferencia de 16 puntos.

La Final Four
El objetivo, aquel que parecía tan lejano a principio de temporada dada la inexperiencia de la plantilla y los resultados mediocres de los años anteriores, estaba cumplido y el viaje al SuperDome de Nueva Orleans era un hecho. Allí se medirían a tres de los equipos más potentes del país. Los grandes favoritos eran los Texas Long Horns, una plantilla de no mucho relumbrón en cuanto a nombres pero con un juego bastante sólido, y los Kansas Jayhawks, que explotaba el dominio interior de Nick Collison y la buena mano de Kira Hinrich. El tercer equipo en la lucha por la gloria nacional universitaria eran los Goleen Eagles de Marquette, liderados por Dwayne Wade y con Steve Novak saliendo desde el banquillo.

La primera de las semifinales se decidió bastante pronto, con los de Kansas maniatando a Wade y consiguiendo una ventaja de 29 puntos al descanso y 33 al final del partido contra Marquette. El segundo partido clasificatorio fue más disputado y destacó por las frecuentes rachas de ambos equipos, que fueron distanciándose y acercándose en el marcador durante todo el partido. Los neoyorkinos ganabn de 3 al descanso, y llegaron a disponer de rentas de más de 10 puntos durante el segundo tiempo, aunque los texanos se reivindicaron como favoritos y se pusieron a 4 a pocos minutos para el final. Sin embargo, dos triples consecutivos de McNamara, que acabó con 19 puntos, fijó la diferencia final en 11 puntos, conviertiendo al joven base en la estrella del partido junto a Carmelo Anthony, que anotó 33 puntos.

La final también empezó bastante igualada, pero el deseo de Carmelo y los suyos, a los que se unió como protagonista inesperado el pívot Craig Forth, consiguieron llegar al descanso con 11 puntos de ventaja. Sin embargo, el empuje de Collison, que acabó expulsado en el último minuto con 19 puntos y 21 rebotes, y un mayor acierto de Keith Langford y, sobre todo, Hinrich, consiguieron poner el partido en un puño, a 3 puntos a falta de apenas unos segundos. Además, todo se encaminaba hacia un final tranquilo con una falta sobre Warrick. Sin embargo, el que había sido sostén del equipo durante buena parte de la temporada falló el primero… y el segundo. Y los Jayhawks se echaron al ataque, moviendo el balón de forma apresurada pero, finalmente efectiva, encontrando en la esquina a Michael Lee.

Jim Boeheim veía como se acercaban los fantasmas del pasado, el recuerdo de cómo en 1987, en aquel mismo estadio de la ciudad de Nueva Orleans, Keith Smart anotaba un triple prácticamente sobre la bocina para dar la victoria a los Indiana Hooshiers después de que los Orange Men fallaran dos tiros libres que podrían haber hecho inalcanzable la ventaja de los de Syracuse. Sin embargo, Warrick, el que podría haberse convertido en el villano del partido, volvió a reclamar los focos sobre sí al salir de la nada para taponar el tiro desde la esquina. Balón fuera. Apenas unas décimas de segundo. Mal tiro de Kansas. 81-78.

Este tapón cargado de emotividad es la imagen que queda en los aficionados de Syracuse de una noche en la que McNamara volvió a liderar y dirigir al equipo con maestría y Carmelo Anthony firmó una de sus mejores actuaciones, con 30 puntos, 10 rebotes y 7 asistencias, unos números que bien valen su designación como Most Outstanding Player de la competición. Recientemente, y coincidiendo con el décimo aniversario de este éxito deportivo, el actual alero estrella de los New York Knicks ha visto retirado el dorsal 15 que vestía durante su única exitosa temporada en esta universidad.

Diez años después
La racha gloriosa de los naranjas no se prolongó mucho más, consiguiendo algunas clasificaciones para el torneo de la NCAA en los siguientes años, aunque con un importante descenso en sus prestaciones con la marcha a la NBA de Anthony aquel mismo verano y Warrick dos años después., ley de vida en los equipos universtarios. El resto de compañeros fueron repartiéndose por las distintas ligas profesionales y semi-profesionales de los Estados Unidos, además de aventuras europeas que, a excepción del caso de McNamara en Grecia y de Matt Gorman en la poco competitiva liga británica.

Desde entonces, Boeheim no ha conseguido volver meter a su equipo en la Final Four, aunque los resultados han sido positivos y el baloncesto sigue siendo una de las tradiciones de la universidad de Syracuse. Este año, en el décimo aniversario de su mayor éxito, los de Syracuse tienen complicada su clasificación para el torneo de la NCAA, a no ser que ganen los Play-Offs de la conferencia Big East, que se celebrarán entre el 12 y el 16 de marzo en el Madison Square Garden de Nueva York. La plantilla, entrenada aún por Boeheim con McNamara como asistente, cuenta entre sus principales activos a los poderosos aleros C. J. Fair y James Southerland y el base Brandon Triche, todos ellos con promedios de alrededor de 14 puntos por partido.

Material adicional

miércoles, 6 de febrero de 2013

A la primera

Como antesala de la Copa del Rey de la Liga ACB, que se disputa a partir de este jueves en Vitoria-Gasteiz, las categorías inferiores del baloncesto nacional han celebrando sus propias competiciones de mitad de temporada, trofeos que sirven como aliciente y premio al trabajo realizado durante la primera vuelta. En el caso de la Copa del Príncipe, no hubo muchas sorpresas y Ford Burgos, eterno candidato al ascenso a la Liga ACB, se alzó en casa con el trofeo. Sin embargo, en la Copa Plata, se produjo un hecho insólito, no tanto por el devenir de la temporada como por la tradición del equipo campeón.

Y es que el Club Deportivo Escuela de Baloncesto Alcarreña dispone desde hace menos de seis meses de un proyecto para competir en categoría senior y en la tercera división del baloncesto nacional, el Guadalajara Ciudad de Congresos. Sin embargo, gracias a una plantilla confeccionada principalmente con prometedores jugadores jóvenes llegados de las canteras de clubes de ACB y con clara proyección de llegar a la élite. Con estos mimbres, los alcarreños lideran actualmente la clasificación de LEB Plata empatados con el Unión Financiera Asturiana Oviedo Baloncesto, el otro finalista de esta Copa.

El vetusto pero coqueto pabellón polideportivo San José de Guadalajara, testigo de muchos años de baloncesto, incluyendo un frustrado ascenso a ACB por causas económicas (otro caso más de cánones y avales abusivos para equipos pequeños), que sucumbieron a la crisis con la desaparición del Club Baloncesto Guadalajara en 2011, acogió el partido más importante de la corta historia del CEBA, fundado como club de baloncesto base tras la desaparición del equipo de élite. De este modo, los arriacenses no podían dejar pasar esta oportunidad.

Y así lo hicieron. Desde el principio del partido, los locales tomaron ventaja para no bajarse nunca de la nube de su primer título. Cuatro puntos de Sergio Llorente, capitán y uno de los líderes del equipos, junto a otros cuatro de Víctor Arteaga, uno de los interiores más talentosos del conjunto alcarreño, ponían las primeras ventajas. Con conatos de remontada e intercambios de canastas, las diferencias llegaron a 11 puntos mediado el segundo cuarto, gracias al dominio interior de Arteaga y Balmón, el más veterano del conjunto alcarreño. Finalmente, se llegó al descanso con un resultado de 36-28.

Pero los ovetenses no se daban por vencidos y, en un tercer cuarto de furor anotador para los dos contendientes, lograron ponerse por delante. Poco les duró la alegría a los visitantes, ya que Pablo Moreno, criado en la cantera guadalajareña, logró su única canasta del partido, un triple, para devolver la ventaja a los locales. A partir de entonces, el mando fue para los guadalajareños, sobre todo tras un impresionante parcial al inicio del último cuarto. La reacción de los ovetenses no se pudo confirmar y 78-71 fue el resultado en la bocina final.

El MVP del torneo fue el base Sergio Llorente, que recibió el trofeo de manos de su propio padre, Joe Llorente. Sus 22 puntos, con cuatro triples sin fallo, y sus 7 asistencias, 38 de valoración total, se unieron a los 16 puntos y 11 rebotes de Balmón y los 10 puntos, 10 rebotes y 5 tapones de Arteaga. Por parte de los asturianos, Víctor Pérez alcanzó los 24 puntos, siendo clave en la reacción visitante del tercer cuarto a base de triples.

Tradición baloncestística 
El título de la Copa Plata y su buena marcha durante la temporada de este nuevo equipo suponen un espaldarazo a una ciudad muy implicada con el baloncesto, una nueva vida para quienes, durante 39 años, pudieron identificarse con el color morado del Club Baloncesto Guadalajara, desgraciadamente extinto. A lo largo de estas casi cuatro décadas, el pabellón San José ha visto pasar equipos de todas las categorías, desde la Provincial de la temporada 1972/73 hasta el inacabado ascenso a ACB de la 1992/93. Asimismo, los alcarreños han disfrutado de grandes jugadores que, en diferentes momentos de su carrera, han pasado por la capital arriacense, nombres como Joe Alonso, Joaquín Arcega, Edu Ruiz, José Lasa, Ismael Santos, Caio Torres, Guillermo Hernangómez o, el más grande hito en la historia del club (en todos los sentidos), Vladimir Tkachenko.

Fotografías del torneo cedidas por Cinco Aes Comunicación 2.0 (@CincoAes)

lunes, 14 de enero de 2013

La Copa de las sorpresas

Después de media temporada para ir calibrando los nuevos fichajes y el juego propuesto por los entrenadores, la Liga ACB ya tiene sus clasificados para la Copa del Rey, uno de los torneos más emocionantes y apasionantes de Europa, una Final Eight disputada a mitad del curso deportivo por los equipos que mejor han sabido adaptarse al curso de los acontecimientos. El sorteo ha dejado el campo abierto a las sorpresas, ya que la mayoría de los equipos más poderosos sobre el papel se congregan en una mitad del cuadro. De este modo, cuatro de los equipos más modestos lucharán en las otras eliminatorias por colarse en el partido definitivo, después de una década en la que cuatro clubes, los más potentes económicamente, Real Madrid, Barça, Unicaja y Baskonia, han protagonizado todas las finales de este torneo.

A pesar de la concentración de talento y presupuesto en las primeras eliminatorias, el Real Madrid sigue siendo el principal favorito, ya que ha ganado todos sus partidos en la Liga ACB excepto uno. Y precisamente será el único equipo capaz de derrotar a los blancos, el Barça, el primer escollo en el camino de la reedición del campeonato. Este partido, repleto de cuentas pendientes, se decidirá dependiendo de la imagen que muestren los catalanes, irregulares en exceso en el campeonato doméstico, aunque con cierta solvencia en la Euroliga, donde han derrotado a algunos equipos potentes del continente. Los de Pablo Laso deberán demostrar su solidez y profundidad de banquillo, además de encontrar una solución a una de las armas más efectivas de los barcelonistas, Juan Carlos Navarro, que siempre cuaja sus mejores partidos cuando hay algo en juego.

El ganador de esta primera eliminatoria se enfrentará en semifinales al segundo favorito, el Caja Laboral. Los baskonistas juegan en casa, en el remozado Fernando Buesa Arena, y llevan una inercia positiva de catorce victorias tanto en Liga como en Euroliga desde la llegada de Zan Tabak al banquillo. Sin embargo, el rival será uno de los batalladores equipos de los 90 que, después de años de penurias, ascensos y demás avatares, vuelve con energías renovadas. El CAI Zaragoza ha ido conformando un proyecto medianamente sólido en los últimos años y, esta temporada, está viendo su eclosión. El precedente en Liga cayó del lado de los maños.

La otra parte del cuadro pondrá a prueba la buena marcha de Valencia Basket y Gran Canaria, los otros dos cabezas de serie gracias a su balance de 12 victorias y 5 derrotas. Los valencianos se enfrentarán a Estudiantes, configurando un duelo entre dos de los equipos más correosos, guerreros y alegres en su juego. Los ‘taronja’, que tienen grandes posibilidades de plantarse en la final según han quedado las cosas tras el sorteo, se presentan con una plantilla muy bien armada en todas sus líneas, con un protagonismo compartido, mientras que los colegiales confían en su juego animado e intenso y en el buen estado de forma de Carl English y Germán Gabriel, además de en el subidón anímico que supone la clasificación para la Copa en el último momento y, sobre todo, en el cambio de tendencia con respecto a la desastrosa temporada pasada. El precedente liguero, victoria de Estudiantes en Madrid.

La última de las eliminatorias es la más apretada en lo que al resultado de la primera vuelta se refiere. Gran Canaria ha firmado una buena mitad de temporada, aprovechando sus oportunidades, aunque con cierta irregularidad en los partidos perdidos, en los que las diferencias se han disparado a los dobles dígitos. Por su parte, Bilbao Basket ha registrado una victoria menos que los canarios, precisamente en el Centro Insular de Deportes, aunque con un juego más aguerrido y directo, el habitual del entrenador Fotis Katsikaris, y puntales como Kostas Vasileiadis, Álex Mumbrú y Axel Hervelle en un buen estado de forma.