miércoles, 10 de junio de 2015

Poco que ganar, mucho que perder

El deporte tiene siempre la obligación de desafiar, aunque no siempre exitosamente, los pronósticos de los observadores y estudiosos de los números que su práctica general. Así, a falta de que se disputen los setenta partidos programados hasta el 28 de junio, el Eurobasket femenino que da comienzo esta semana parece ser uno de los más previsibles de la reciente historia de esta competición. Así, por trayectoria, plantilla y resultados, España, Francia y Turquía son los llamados a repartirse los metales, pero, con la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro del próximo año en juego (el campeón obtiene la clasificación directa; los cuatro siguientes juegan el torneo previo el verano que viene), cualquier mal movimiento puede tener un precio excesivamente alto, mayor al que uno podría suponer por la entidad del rival y del momento del torneo, que en esta edición incluye cuatro nuevos equipos y se disputa con dos fases de liguilla y torneo eliminatorio desde cuartos de final.

De este modo, Turquía se encuentra ante una de las pocas reválidas restantes para coronar a una de las generaciones de jugadoras más talentosas de este país. Después de la plata de 2011, el bronce del último Eurobasket y el cuarto puesto en el Mundial del pasado año, el equipo tiene ganas de dar el último paso hasta el cajón más alto. El equipo tiene mimbres para ello, con un juego interior potente y talentoso, formado por Nevriye Yilmaz y Latoya Sanders; una de las mejores bases del continente, Isil Alben, algo lejos de su mejor juego, y exteriores con experiencia y conocimiento del juego, como Saziye Ivegin o Birsel Vardarli, quinteto que estará apoyado por jóvenes incorporaciones que van ganando peso en la rotación.

Las otomanas no deberían tener problema en imponerse en un grupo en el que todos los equipos adolecen de algo para terminar de apuntalar sus equipos. Así, Grecia cuenta con jugadoras con talento y capacidad ofensiva, como Zoi Dimitrakou, Artemis Spanou o Stella Kaltsidou, pero pueden sufrir mucho ante rivales con un juego interior potente, ya que Pelagia Papamichail será un isla en la zona griega. Por su parte, Italia y Polonia deberán confiar en marcadores cortos ante una alarmante falta de anotación. En el bando transalpino, serán la base Giorgia Sottana y Kathrin Ross, lejos de su mejor momento, quienes sustenten el ataque, confiando en las aportaciones de Chiara Consolini y Martina Crippa para subir las estadísticas, mientras que las centroeupeas tiene a Ewelina Kobryn como principal referente, con la incógnita de si la base nacionalizada Julie McBride conseguirá hacerse con el mando del equipo. En un posición algo mejor para intentar clasificarse para las rondas definitivas se encuentra Bielorrusia, que cuenta con la incorporación de Lindsey Harding, número 1 del draft de la WNBA en 2007, y la recuperación de la interior Anastasiya Verameyenka, aunque deberá dar más protagonismo a jugadoras como Likhtarovich y Snytsina.

El camino de Turquía se juntará pronto con el de Francia, gran favorita por la contundencia de su juego interior, con Gruda y Yacoubou como principales armas y Miyem como reserva de lujo, la clarividencia de su directora de juego, Celine Dumerc, y una línea exterior con facilidad para anotar desde lejos. En la primera fase, en el grupo B, las galas tendrán que cumplir el trámite de enfrentarse a la anfitriona Rumanía, que tiene a la alero Gabriela Marginean como principal estrella y a veteranas como Pascalau y Parau para secundarla, y a Ucrania, equipo en el que destacan los 2,02 metros de Khomenchuk y el talento de Alina Iagupova. Algo más de batalla presentará la República Checa, lejos de sus momentos más temibles, pero aún con jugadoras competitivas como Jana Vesela y jóvenes prometedoras como Katerina Elhotova y Alena Hanusova, y Montenegro, que deberá confiar en el juego coral sus posibilidades en el torneo. El juego cerca del aro parece bien provisto, con Iva Perovanovic, Angelica Robinson y Jelena Dubljevic, de modo que las dudas están en el perímetro, donde Jelena Skerovic no parece pasar por su mejor momento y Jovana Pasic es aún una incógnita.

El grupo C, por su parte, parece configurado para reverdecer los laureles de Rusia y llamar la atención sobre el baloncesto balcánico, más reconocido en su faceta masculina que la femenina. Las rusas cuentan con una plantilla con muchos centímetros, además de la experiencia de 'viejas conocidas' como Osipova, Kuzina o Sapova, a las que se une la escolta nacionalizada Epiphany Prince, sustituta de otra rusa norteamericana, Becky Hammon. Serbia, por su parte, quiere confirmar las buenas sensaciones de los últimos torneos internacionales, como el cuarto puesto en el Eurobasket de hace dos años, y para ello cuenta con el armazón de aquel equipo, dirigido en la pista por Tamara Radocaj y asentado en el potente juego interior de Sonja Petrovic y, sobre todo, Jelena Milovanovic, al que se une la nacionalizada Danielle Page, más talento para la pintura. 

A pesar de haber visto fuertemente truncados sus planes, la escasa entidad de los otros dos rivales, Gran Bretaña, que se prepara para un interesante futuro con algunas jovenes jugadoras con cierta proyección, y Letonia, que tiene a Anete Jekabsone como jugadora más en forma, Croacia tiene muchas posibilidades de llegar a la segunda fase. La nacionalización de Shavonte Zellous no ha podido consumarse, a lo que se unen las sensibles bajas por lesión de la luchadora Ana Lelas, la polivalente Antonija Musura y Marija Rezan, que había cuajado una de sus mejores temporadas en la Euroliga. La responsabilidad recaerá en las espaldas de la escolta Jelena Ivezic, que tendrá el apoyo interior de Iva Sliskovic y Luca Ivankovic.   

La vigente campeona, la selección española, está encuadrada en el último grupo. Con un currículum inmaculado en los partidos preparatorios, los rivales no parecen poner en demasiado peligro su clasificación, tampoco en la futurible segunda fase de liguilla junto al grupo C. Después del éxito europeo y mundial de los últimos campeonatos, España introduce algunas caras nuevas y jóvenes, como Leticia Romero o Astou Ndour, en sustitución de la nacionalizada Sancho Lyttle, y recupera a jugadoras con las que ya había contado en alguna ocasión, como Laura Herrera o Nuria Martínez, que se unen al grupo cuajado y bien engrasado de las Xargay, Nicholls, Palau, Pascua y Torrens, sobre todo Torrens, principal termómetro del momento de forma y de las posibles aspiraciones del equipo.

En este grupo, la anfitriona Hungría, con un trío relativamente solvente (Honti-Vajda-Horti) y la incorporación de Alexandra Quigley, pero poco más que ofrecer, y Eslovaquia, con el único atractivo de la nacionalizada Kristi Toliver, parecen los claros descartes, sobre todo teniendo en cuenta la dinámica más o menos positiva en los partidos de preparación de los otros dos contendientes: la Suecia de las espectacular anotadoras exteriores Frida Eldebrink y Ashley Key y una Lituania bastante bien construida, a pesar de sus discretos resultados en las citas internacionales recientes.

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