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lunes, 17 de septiembre de 2012

El posible regreso de los SuperSonics

La desaparición de los Seattle SuperSonics en el año 2008 fue una triste noticia para los seguidores del deporte de la ‘pelota gorda’, mucho más cuando se conocieron algunos de los tejemanejes que hubo tras ese operación empresarial. Sin embargo, apenas cuatro años después de que el balón dejara de botar sobre el parqué del Key Arena, los aficionados de la ciudad portuaria del estado de Washington podrían estar de enhorabuena. El ayuntamiento de Seattle ha llegado a un acuerdo con unos inversores privados para llevar a cabo la construcción de un nuevo pabellón para baloncesto y hockey sobre hielo en una zona cercana a los estadios de los equipos de fútbol americano y béisbol de la ciudad, los Seahawks y los Mariners.

La operación se estima en unos 490 millones de dólares, de los que las arcas públicas aportarán unos 200. Además de diversas condiciones de explotación y futura compraventa o adquisición total de la infraestructura por parte de los inversores, el acuerdo incluye un apartado de unos 40 millones para mejorar las comunicaciones si el nuevo pabellón supusiera prejuicios al tráfico de la zona. A pesar de que todo está en ciernes y que quedan varios años de construcción antes de que el baloncesto vuelva a la ciudad del ‘grunge’, los aficionados han recibido con agrado este acuerdo, que tiene más de negocio urbanístico que de amor por el deporte de la canasta, e incluso se rumorea ya con la adquisición de alguna franquicia, como los Sacramento Kings, en caso de que la NBA no cree nuevas plazas en la competición.

De este modo, los colores verde, blanco y dorado de los SuperSonics podrían volver a hacer su aparición en las canchas de la Liga después de que los aficionados de Seattle fueran desposeídos de su equipo tras cuarenta años de historia. De consumarse todas las operaciones en marcha, algo que todavía se dilatará algunos años más, el nuevo equipo conservaría su denominación de antaño y los dorsales retirados, acuerdo al que llegaron los actuales propietarios de la franquicia con las autoridades locales antes de su mudanza al Medio Oeste, y sería la NBA quien tendría que decidir si los títulos y el historial de récords del club corresponderían al nuevo equipo de Seattle o a los ‘usurpadores’ Oklahoma City Thunder.

Cuatro décadas de baloncesto
En diciembre de 1966, un grupo de empresarios de la ciudad de Seattle, encabezados por Sam Schulman, recibieron la noticia de que la ciudad contaría con un equipo en la NBA. Ya en la siguiente temporada, la 1967/68, los Seattle SuperSonics, cuyo nombre se debe al proyecto de la compañía Boeing de fabricar el primer avión supersónico, debutaron en la Liga con un balance de 23 victorias y 59 derrotas liderados por Walt Hazzard. La estrella de este primer año de vida de los Sonics fue traspasada a Atlanta Hawks a cambio de una de las figuras capitales de esta franquicia tanto dentro de la cancha como en el banquillo, Lenny Wilkens, que añadió a sus responsabilidades de jugador de referencia la tarea de entrenador el año siguiente a su llegada.  

Con la paulatina mejora de los resultados, el equipo de Seattle fue haciéndose con nuevas piezas, como Spencer Haywood o Fred Brown, que entraron en la plantilla en la primera temporada ganadora del equipo, la 1971/72, que concluyó con un balance de 47-35. A pesar de ello, tendrían que esperar a la llegada de un nuevo entrenador, el mítico Bill Russell, para clasificarse para los Play-Offs por primera vez en el curso baloncestístico 1974/75. De este modo, la franquicia de expansión fue convirtiéndose en menos de una década en un habitual de la post-temporada, alcanzado su primero título de Conferencia y, por tanto las Finales de la NBA en 1978, temporada de regreso de Lenny Wilkens al banquillo después de un comienzo bastante irregular de los de Seattle. A pesar de alcanzar esta ansiada meta, la de reivindicarse como uno de los mejores equipos de la Liga, el esfuerzo no fue suficiente para doblegar a los Washington Bullets de Wes Unseld y “Big E” Elvin Hayes, a los que exprimieron hasta alargar la serie a siete partidos.
Sin embargo, el tiempo no tardaría en darles la oportunidad de vengarse de esa oportunidad perdida. En el curso 1978/79, los de Seattle mejoraron su balance de victorias (52-30) hasta alcanzar el primer puesto de su Conferencia, que entonces eximía de jugar la primera ronda eliminatoria. En los Play-Offs, los Sonics se deshicieron con suficiencia de Los Angeles Lakers (4-1) y con ciertos apuros de los Phoenix Suns (4-3) para alcanzar un nuevo banderín de la Conferencia Oeste y el pasaporte a las Finales, una vez más contra el equipo capitalino. En el primer partido en Washington, los Bullets salieron muy concentrados, llegando al último cuarto con 18 puntos de ventaja, si bien el empuje ‘supersónico’ empató el partido y fue un tiro de Larry Wright sobre la bocina el que dio la victoria a los locales. Los de Wilkens no querían que eso volviese a pasar, por lo que se aplicaron en controlar el ritmo del segundo encuentro, sobre todo en la segunda mitad, consiguiendo romper el factor cancha. Con la serie instalada en Seattle, los Sonics no dejaron escapar ninguno de los dos partidos, aunque unos Bullets con el agua al cuello se lo pusieron difícil en el cuarto encuentro, que se decidió por apenas dos puntos en la prórroga con un tapón de Dennis Johnson a cuatro segundos para el final. Finalmente, el Capital Centre de los Bullets fue el lugar en el que el equipo formado por el joven pívot Jack Sikma, el polivalente base-escolta Dennis Jonson (MVP de las Finales y posteriormente leyenda con los Boston Celtics), el Sonic de por vida Fred Brown y el anotador Gus Williams se alzaron con el único título de “World champions” que cuelga del Seattle Center Colisseum, posteriormente Key Arena.

A pesar del espaldarazo que el título nacional supuso para los de Lenny Wilkens, el éxito le sería esquivo a la franquicia de Seattle. En la siguiente temporada se mantuvo gran parte del núcleo duro del equipo y, aunque con un ligero empeoramiento de los resultados, los Sonics consiguieron meterse en la post-temporada y hacer su camino hasta la final de la Conferencia Oeste, donde los Lakers, a la postre campeones, les eliminaron en cinco partidos. Con esta derrota, el sueño llegaba a su fin, dando paso a una época en la que el cambio de propietarios, el abandono de piezas clave como Wilkens o Sikma y una cierta desorientación en la gestión deportiva hicieron caer a los Sonics en la mediocridad. Ya a finales de la década de los 80, los de Seattle verían un camino algo más luminoso, aunque aún lejano del éxito de 1979, gracias a un equipo dominado por el ‘power trio’ de Xavier McDaniel, Tom Chambers y Dale Ellis.

Sin embargo, para reverdecer laureles, hubo que renovar por completo la plantilla y la dirección técnica. De este modo, entre 1989 y 1992, los Sonics hicieron un esfuerzo por ir incorporando las piezas más importantes del que será, en 1996, su tercer asalto al título de la NBA. En 1989, el recién llegado será Shawn Kemp, ídolo de la afición de Seattle durante casi una década, mientras que un año después hará su aparición uno de los bases más imaginativos e intensos de las últimas décadas, Gary Payton. Para redondear una escuadra dispuesta a ser importante en las siguientes temporadas, George Karl, experimentado técnico a ambos lados del Atlántico, se sentó en el banquillo desde 1992. Con estos mimbres, los Sonics fueron alcanzando los mejores resultados de su historia durante la temporada regular, aunque con participaciones desiguales en Play-Offs (final de Conferencia en 1993 perdida ante los Suns y eliminaciones en primera ronda en 1994 y 1995).

Este periodo de ‘calentamiento’ hizo que el equipo ‘estallara’ en la temporada 1995/96. Después de los seis meses de competición, los Sonics acabaron un balance de 64-18, el mejor de su historia, solamente superado por el 72-10 de los Chicago Bulls de Michael Jordan. En la post-temporada, el dúo Payton-Kemp no tuvo problemas para deshacerse de Sacramento Kings (3-1) y Houston Rockets (4-0), a pesar de que defendían título NBA. Los problemas llegaron en la final de Conferencia, en la que los potentes Utah Jazz, que se colarían en las Finales de la NBA las dos temporadas siguientes, les obligaron a llegar hasta el séptimo partido para hacerse con el tercer banderín de campeones de la Conferencia Oeste y para acceder a la ronda definitiva. En las Finales, los Sonics no pudieron derrotar a los triunfantes Bulls en estado de gracia, aunque hicieron un papel más que digno ganando dos de sus partidos en casa por diferencias de 21 y 11 puntos. Dirigidos desde la banda por Karl y liderados por Payton y Kemp, aquella plantilla incluía algunos de los grandes de la historia de la franquicia de Seattle, como el polivalente alero alemán Detlef Schrempf, el veterano pívot Sam Perkins, el trabajador base-escolta Nate McMillan y el eficiente escolta Hersey Hawkins, entre otros.

Como ocurrió después del título de 1979, el equipo fue sufriendo un lento ocaso hacia una nueva era de mediocridad. A pesar de firmar dos buenas temporadas alrededor de las 60 victorias en liga regular, los Sonics ya no eran el equipo de moda y se veían castigados por encuadrarse en una Conferencia Oeste que contaba con demasiadas plantillas potentes (Utah Jazz, Houston Rockets, Los Angeles Lakers), sufriendo derrotas ante ellos en los Play-Offs. Además, en los siguientes años, la franquicia ve cómo sus principales pilares abandonan el barco entre 1998 y 1999 con la retirada de McMillan, el traspaso de Kemp a los Cleveland Cavaliers o la renuncia de George Karl, un proceso que se culminó en 2003 con la marcha de Gary Payton.

La travesía por el desierto que ha supuesto la NBA para los Sonics desde finales de los noventa hasta su conversión en Thunder y su traslado a Oklahoma en 2008 se ha visto jalonada por campañas desiguales en los resultados, instalándose en una clase media de la Liga que no siempre aseguraba la clasificación para las eliminatorias de post-temporada. A pesar de ello, los de Seattle han firmado algunas temporadas exitosas, consiguiendo 52 victorias en 2004/2005, además de asegurarse la llegada de algunos buenos jugadores que han hecho disfrutar a los seguidores del Key Arena, como Ray Allen, Rashard Lewis, Brent Barry, Vin Baker o Kevin Durant. El punto y seguido a la historia de más de cuatro décadas de los SuperSonics fue la temporada con peor balance de su historia, un 20-62 que obedecía más a los intereses de sus propietarios de trasladar la franquicia que al tradicional espíritu de crecimiento y superación que ha caracterizado al equipo de Seattle.

La polémica mudanza
El traslado de la franquicia de Seattle a Oklahoma City supuso un gran revuelo entre los aficionados al baloncesto, principalmente en el estado de Washington, pero también en todo el mundo. La operación se inició en octubre de 2006, cuando un grupo de inversores encabezado por Clayton Bennett se hizo con la franquicia, lo que generó gran cantidad de rumores dado que los nuevos propietarios no estaban instalados en la zona, sino que eran naturales de Oklahoma. A pesar de ello, los nuevos gestores tranquilizaron a los seguidores asegurando que el equipo permanecería en la ciudad y comprometiéndose con el ayuntamiento de Seattle al uso del Key Arena durante los siguientes años.

Sin embargo, Bennett pronto comenzaron a tensar las relaciones con las autoridades locales pidiendo inversiones públicas para la construcción de un nuevo pabellón, si bien la ciudad se había mostrado en varias ocasiones reacia de acometer ese tipo de obras con anterioridad a demanda de los anteriores propietarios. A pesar de que la negativa de implicación pública era conocida desde tiempo antes de la compraventa de la franquicia, los nuevos gestores se hicieron los sorprendidos por la decisión municipal y, gracias a una temporada mala en lo deportivo y, por tanto, en las audiencias televisivas y en la venta de entradas y ‘merchandising’, vieron razones suficientes para cumplir sus planes de trasladar la franquicia a su ciudad de origen, Oklahoma City, que casualmente estrenaba un pabellón financiado con fondos públicos y de las empresas del grupo inversor.

La escasa ligazón de Bennett y los suyos con el equipo de Seattle se muestra en que solamente se llevaron de esta ciudad la plaza en la competición, creando una nueva franquicia con distintos colores y una nueva denominación y dejando allí el nombre de SuperSonics, las banderolas de campeones de Conferencia y de la NBA, unos colores con más de cuatro décadas de tradición y seis números retirados, los de Gus Williams (1), Nate McMillan (10), Lenny Wilkens (19), Spencer Haywood (24), Fred Brown (32) y Jack Sikma (43).

viernes, 27 de julio de 2012

Los jugones no tienen vacaciones (1)

El torneo de baloncesto volverá a ser uno de los grandes atractivos de los Juegos Olímpicos de Londres, junto con las pruebas tradicionalmente asociados a esta competición, como la natación o el atletismo. La presencia de un ingente número de jugadores procedentes de la NBA en casi todos los equipos clasificados hace que la competitividad de este campeonato se realce y que el nivel de los partidos crezca en calidad y espectacularidad.

De las doce selecciones en el torneo, solamente tres conseguirán subirse al podio, mientras que uno de ellos se alzará con la gloria olímpica. Aunque antes de que se lance al aire la ‘pelota gorda’, todos parten con las mismas posibilidades, es cierto que algunos son favoritos sobre el papel y solamente un mal día o un cruce inesperado podrían truncar su camino hacia la consecución de una medalla.

En el grupo A, el favoritismo recae en Estados Unidos, que defiende la medalla de oro conseguida en Pekín en 2008. Su juego excesivamente físico, con defensas asfixiantes y contraataques continuos, parece invencible para cualquiera de las escuadras contendientes, aunque no se puede asegurar nada antes de que se jueguen los partidos. El liderazgo anotador será para Kevin Durant y LeBron James, con la capitanía y los galones del veterano Kobe Bryant, aunque todos participarán en el festival anotador que se prevé que sean sus partidos, máxime contando con talentos y físicos impresionantes de cara a la canasta, como Russell Westbrook, Chris Paul o Deron Williams.

El único punto flojo que se puede encontrar a esta selección es el juego interior, ya que Tyson Chandler no tiene grandes capacidades ofensivas y parece encontrar algunas complicaciones para defender a pívots habilidosos, lo que le acarrea problemas de faltas. Los otros dos jugadores interiores del equipo, Kevin Love y Anthony Davis, no han sido muy utilizados en la rotación durante los partidos de preparación, mientras que los otros jugadores candidatos a la rotación en la pintura, Carmelo Anthony y Andre Iguodala, podrían encontrar algunas dificultades en defensa, si bien parece que la faceta reboteadora está asegurada.

Otros candidatos a medalla en este grupo es Argentina, que mantiene gran parte del núcleo duro de sus éxitos internacionales anteriores, sobre todo el oro olímpico de 2004 en Atenas. Manu Ginobili y Luis Scola serán los encargados de cargar gran parte del ataque, siempre ayudados por el incansable trabajo en ambos lados de la cancha de Andrés Nocioni y la dirección de Pablo Prigioni. Otros jugadores habituales en la rotación serán Carlos Delfino, anotador incansable con buena muñeca, y Leo y Juan Gutiérrez, interiores sin miedo a fajarse abajo y con ciertas habilidades de cara a la canasta, ya sea cerca o lejos del aro. El problema de esta selección será la veteranía de sus jugadores, con más de la mitad del equipo por encima de los 32 años, y lo escaso de su rotación, lo que obligará a muchos minutos de sus titulares y hombres de confianza, a los que se unirán ‘Pancho’ Jasen, Federico Kammerichs y el menudo aunque ágil base Facundo Campazzo. A pesar de ello, no se espera que bajen la intensidad lo más mínimo en la mayor parte de los enfrentamientos.

Por su parte, Francia intentará aprovechar la tendencia positiva de su plata en el Eurobasket del año pasado y colarse en el grupo de selecciones con opciones de medalla. Para ello, cuenta con el talento ofensivo infinito de Tony Parker, a lo que hay que unir la presencia de otros cuatro NBA, Nico Batum, Kevin Seraphin, Ronnie Turiaf y el polivalente Boris Diaw. Su juego se basará en el físico y la defensa presionante para poder correr, con otros jugadores de hechuras portentosas como Diawara, Gelabale o Pietrus, si bien pueden tener problemas si el juego al contraataque no funciona y tienen que legarlo todo al talento y la improvisación de Parker y sus sustitutos, Nando de Colo y Fabien Causeur.

El último de los equipos con aspiraciones de medalla en el grupo A es Lituania, llegada a la competición tras clasificarse en el torneo preolímpico de Caracas hace apenas tres semanas. Poco nuevo se puede decir del equipo lituano, cuya plantilla se integra, como suele ser habitual, con jugadores con un gran conocimiento del juego, buenos fundamentos técnicos y un fiable lanzamiento de larga distancia. El peso en ataque lo llevará Linas Kleiza, que seguramente gaste más tiros de los que se corresponden, mientras que el balón será propiedad de Sarunas Jasikevicius en los momentos calientes. En la pintura, destacan un joven y un veterano, Valanciunas y Songaila, aunque los bálticos podrían notar la ausencia de los kilos de jugadores como Robertas Javtokas o los hermanos Lavrinovic. Por fuera, abundan los tiradores (Jasaitis, Seibutis), aunque con opciones de penetración (Kaukenas, Pocius).

Las cenicientas del grupo, aunque siempre dispuestas a dar una sorpresa, serán las dos selecciones africanas, que pueden darse por satisfechas con su participación en los Juegos Olímpicos. Nigeria, clasificado con gran sorpresa en el torneo previo de Caracas, intentará jugar sus bazas con un equipo potente en lo físico y dispuesto a correr, liderado por un jugador NBA, Al Farou Aminu, uno de los pocos que juegan fuera de su país, y el carismático Ike Diogu. En el caso de Túnez, clasificado como campeón del torneo africano el pasado año, su juego se basa en un ritmo bajo, con tanteadores no muy altos, aunque intentado encontrar buenas posiciones de lanzamiento. En defensa, pueden sufrir dada la baja estatura de casi todos sus jugadores, incluso la mayoría de sus interiores.

viernes, 22 de junio de 2012

La veteranía es un grado


Después de cinco partidos, las Finales de la NBA ha terminado mostrando la gran diferencia de ‘cocción’ entre un equipo y otro y, sobre todo, enseñando algunas de las grandezas y las miserias que esconde la autodenominada mejor liga del mundo. Y es que ni el juego en equipo de Oklahoma City Thunder era tan colectivo ni el éxito fácil de Miami Heat y sus superestrellas estaba exento de una cierta cantidad de trabajo. Al final, segundo anillo para los de Florida y un “sigue buscando” para los del Mid West.

El desarrollo de las Finales, así como de muchos de sus partidos, puede sintetizarse en que los Thunder salieron con muchas ganas pero Miami demostró más oficio, más efectividad y algo más de orden, lo que terminó reflejándose en el 1-4 con que se ha resuelto la serie. De este modo, el primer partido en Oklahoma se decantó del lado de los locales por una diferencia de 11 puntos. Sin embargo, en los siguientes encuentros cayeron en la dinámica de remar hasta quedarse sin fuerzas para terminar muriendo en la orilla. Y es que los Thunder han tenido importantes ventajas en todos los partidos, con máximas de hasta 18 puntos, que han dejado escapar presionados por un equipo mucho más ordenado en defensa y con ideas más claras en ataque. Finalmente, el quinto y definitivo partido no tuvo historia y los Heat se mostraron decididos a ganarlo desde el principio, acabando con la mayor diferencia de toda la serie, 15 puntos.

Ambos equipos han denotado una gran dependencia de sus jugadores titulares, con rotaciones de apenas ocho jugadores con minutos de relevancia en la pista. Prácticamente jugando los partidos completos, LeBron James ha demostrado su paso adelante como jugador, mucho más maduro y trabajador que en anteriores temporadas, firmando medias de 28,6 puntos, 10,2 rebotes y más de 7 asistencias por partido, números más que de MVP, ganando por la mano a un Kevin Durant más fino de cara a canasta (30,6 puntos) pero con menos incidencia en el resto de facetas del juego. El resto del “Big Three” ha rayado a un buen nivel, y tanto Dwayne Wade (22,6 puntos, 6 rebotes y 5,2 asistencias) y Chris Bosh (14,6 puntos y 9,4 rebotes) han contribuido a la victoria de los Heat.

Por su parte, los Thunder han echado en falta algo más de rendimiento de algunos de sus jugadores importantes. Así, al margen de Durant, ninguno ha sabido llevar a cabo el sobreesfuerzo que se espera de uno en unas Finales. Cierto es que Russell Westbrook ha firmado unas medias aceptables, con 27 puntos y 6,6 asistencias, y el record anotador de la serie con 43 puntos en el cuarto encuentro, pero ha necesitado gastar demasiados tiros (más de treinta en algunos partidos) y minutos con el balón en las manos para conseguirlo, algo que no le viene bien al juego eléctrico y electrizante de Oklahoma. Por su parte Serge Ibaka ha mantenido sus discretos números de toda la temporada, aunque tampoco ha faltado a su cita con el trabajo sucio bajo el aro, mientras que James Harden solamente ha podido dar muestras de su clase en el segundo y en el último partido, con 21 y 19 puntos respectivamente, aunque no se ha olvidado de otras facetas menos visibles como la dirección del equipo, la defensa o el rebote.

En este escenario de superestrellas en acción, Miami Heat ha conseguido sacar un mayor rendimiento a sus secundarios, que en todos los partidos han cumplido con su trabajo y, cada uno en el que le ha tocado, ha aportado un porquito más. Así, Udonis Haslem salió de titular en el primer encuentro, a la espera de que Bosh se recuperara del todo, consiguiendo once rebotes en un partido en el que Shane Battier llegó a los 17 puntos, cifra que repetiría en la segunda cita en Oklahoma. Más adelante en la serie, fueron Mario Chalmers, con 25 puntos en el cuatro enfrentamiento, y Mike Miller, con 23 en el definitivo, los que se sumaron a la fiesta. En el caso de Oklahoma City Thunder, la aportación de los secundarios ha sido mínima, a excepción del trabajo defensivo y callado de Thabo Sefolosha, al que le tocó bailar con las más feas de la Liga. El veterano Derek Fisher intentó sin suerte poner algo de orden en un equipo acostumbrado a correr sin mirar atrás, mientras que Kendrick Perkins y Nick Collison tuvieron que lidiar con la irregularidad de minutos y balones durante toda la serie, lo que ha afectado a sus registros finales.

Así, a pesar de las ganas, de la presunta superioridad de su juego interior y de una cierta mejora en defensa, Oklahoma City Thunder, los finalistas por sorpresa dada la juventud de su plantilla y, sobre todo, de sus estrellas, han sucumbido ante un equipo más cuajado, con más experiencia en este tipo de partidos y que, a pesar de la falta de algunas piezas para poder completar la rotación, sobre todo interior, ha sabido sacar buen partido a lo que tenía.

martes, 12 de junio de 2012

Una final "sin historia"




















La NBA inicia en unas horas una Final peculiar. Al margen de curiosidades como la temática climatológica de los equipos o el nombre en singular de ambos, ‘rara avis’ en el deporte norteamericano, Heat y Thunder protagonizarán una serie de franquicias de corta trayectoria en la Liga (ver Postdata), si bien bastante exitosa. Y es que ninguno de estos dos equipos existían cuando Larry Bird y Magic Jonson dieron relevancia mundial al campeonato baloncestístico estadounidense, ni mucho menos se enfrentaron a jugadores como “Dr. J” Erving, “Iceman” Gervin o el gigante Wilt Chamberlain, por citar algunos nombres, y solamente uno de ellos conoció la gran dominación que ejerció Michael Jordan en la Liga durante los años 90. De hecho, y dada su circunscripción en diferentes Conferencias, será el primer enfrentamiento en Play-Offs de estas franquicias, que no han jugado juntas ni en una veintena de ocasiones.

En cualquier caso, se trata de dos escuadras que, desde su irrupción en la Liga, han buscado su pronta incorporación al olimpo de los mejores equipos. Así, Miami Heat nació en la expansión de la Liga de la temporada 1988-89, deudora de la gran fama adquirida por el deporte de la ‘pelota gorda’ con el ‘showtime’ de los 80. Después de tres temporadas mejorando sus registros, los Heat consiguieron meterse en los Play-Offs en su cuarto año, si bien se vieron perjudicados por una Conferencia Este de lo más competitiva durante los 90, con equipos como Chicago Bulls, New York Knicks o Indiana Pacers. De ahí se forjó un carácter competitivo y una búsqueda de jugadores válidos que, después de veinte años de vida, ha concluido con la conformación del llamado “Big Three” de Wade, LeBron James y Chris Bosh.


Su historial en las eliminatorias de post-temporada ha sido irregular, si bien han conseguido llegar a las mismas en 16 ocasiones en sus 23 años de vida. Se ha visto en un total de cinco Finales de Conferencia, ganado tres de ellas, que le han valido sus tres presencias, incluida la de este año, en las Finales de la NBA. El balance por el momento es de 1-1, con un campeonato ganado y otro perdido, en ambos casos ante el mismos equipo, Dallas Mavericks, y por el mismo resultado, 4-2.

El caso de Oklahoma es aún más espectacular. Después de la desbandada de Seattle, el nuevo equipo se ha desprendido prácticamente de todas sus piezas en sus cuatro años de vida para hacerse con un ‘roster’ joven y de gran futuro, una plantilla que ha explotado incluso antes de lo que los propios gestores esperaban. Se trata de la cuarta temporada de vida de los Thunder y será su tercera presencia en las eliminatorias por el título. En su primera experiencia, fallaron en la primera ronda, mientras que el pasado año se mostraron más combativos y consiguieron llegar a la Final de Conferencia, aunque sin cruzarse con los mejores equipos. Finalmente, este han consumado la revolución de los ‘novatos’ y se han alzado a las Finales de la NBA demostrando una gran capacidad física aunque un cierto problema con la disciplina que supone el trabajo defensivo.

En lo balonestístico, los Heat deberán demostrar su mayor experiencia en este tipo de partidos y el carácter dominante de sus jugadores frente a una plantilla que se antoja más amplia, más joven y con un juego interior más potente y profundo. Por su parte, los Thunder deberán apretar un poco más en defensa ya que el “run and gun” no será suficiente frente a algunos de los mejores anotadores de la Liga y unos secundarios con gran efectividad en su trabajo, como Mario Chalmers o Udonis Haslem.

Postdata: Este artículo se basa en mi concepción de Oklahoma City Thunder como un equipo totalmente nuevo y no una continuación de Seattle SuperSonics, franquicia de largo recorrido, con un Anillo y tres Finales en su haber, e importante implantación social en esta ciudad que le fue robada a sus seguidores por cuestiones mercantiles y no deportivas. Creo que, con la mudanza a miles de kilómetros y el cambio de nombre, escudo y color, los nuevos propietarios de los antiguos Sonics dejaron clara su intención de romper con el pasado, a pesar de conservar a algunos de los jugadores de la escuadra de Seattle.